Míralos MorVIP 24

Un director (vivo)
para seguir de cerca

Por Santiago Calori

La no sorpresa del boom del cine coreano y un «tapado» para seguir de cerca si todavía no lo estás haciendo

Quizás todxs hayamos llegado al cine coreano de la misma manera: como una derivación del fenómeno del J-Horror de los primeros 2000.

Si, ya sé que Japón y Corea y China no son lo mismo. Estoy englobando en «cine oriental» como se hacía en aquel entonces.

Si habías visto El círculo (Ringu, 1998) y te había gustado, era probable que te pusieras a buscar más cosas en ese estilo.

Así es como Ringu te dejaba en The Grudge (Ju-on, 2002), Dark Water (Honogurai mizu no soko kara, 2002) y hasta la deformadísima Audition (Ôdishon, 1999) si no te la habías topado antes y, si investigabas un poco más en la obra de Sion Sono y Kiyoshi Kurosawa.

Claro que el balde del cine japonés tenía un fondo muy visible y después de un rato las mujeres pálidas de pelo largo y el agua negra medio que ya estaba.

Para cuando llegaba esa fatiga, uno se ponía a investigar qué pasaba en los otros países de la zona: China, Tailandia, Filipinas, etcétera.

Parecía haber un boom del horror en general, con ejemplos muy característicos de cada zona: algunos eran más adeptos al body horror, otros al gore, otros a los fantasmas y así.

De todos los cines de latitudes había uno que destacaba del resto, que se lo notaba mucho más personal y concreto: el coreano.

(A los fines de acelerar un poco llamo «cine coreano» al cine de Corea del Sur. Del cine de Corea del Norte (mucho más escaso e incunable, por cierto) ya hablamos con Pulgasari en uno de los primeros envíos.)

Decir que no entramos al cine coreano actual por Oldboy (Oldeuboi, 20003) o alguna de ese mismo año sería faltar a la verdad. Eran épocas de leer mucho «lo que había por ahí» y buscarlo en los foros de Asiateam o similares y terminar esperando un link Emule de alguien que andá-a-saber-por-qué-apagó-justo-la-compu y otras delicias cibernéticas.

Oldboy, mamita. Qué cosa hermosa. Ese travelling de costado con los que se le vienen encima en el pasillo como si fuera un videojuego.

Y después de Oldboy vino Chan-wook Park y su filmografía anterior y posterior, además del cine de Kim Jee-woon, Jang Joon-hwan y hasta Hong Sang-soo.

El cine coreano cansaba menos que los de otras latitudes. Estaba más vivo, le corría sangre por las venas.

Si viste Oldboy en su momento y seguiste el derrotero del cine de Corea, los Oscar a Parasite (2019), me imagino, te habrán resultado una sorpresa nula.

Porque hay en esos Oscar un trabajo que finalmente dio sus frutos. Una inversión enorme por parte del estado y privados por hacer que ese cine, que hasta antes de que se lo pusieran como objetivo era una versión más berreta que el de Hong Kong o China, se vea en todo el mundo y sea genial.

Pero no estoy acá para hablarte de planes a largo plazo, solo para señalarlo cada vez que nos preguntamos por qué las películas van a morir al Gomón o son todas iguales o por qué no hay una Cinemateca que las guarde para que tengan futuro fuera del placard mal ventilado de sus realizadores.

Lo mismo que hicieron el el K-pop que, vamos: no es casualidad que esté en todos lados, hicieron con las películas y también funcionó.

(Obvio que un día nos vamos a tener que sentar a hablar seriamente del «cine del mundo» que vemos y nos llega y de si ese «cine del mundo» representa fielmente al cine de ese país. Viendo varias, podríamos decir que el cine coreano tiene una lógica de obra general, pero seguramente un coreano nos diga: «Estás viendo la de Campanella». Ojo, si su Campanella es así, me jode cero. Pero eso, como me gusta decir, otro día.)

¿A qué había venido esta semana? Ah, si: a recomendarte un coreano un poco corrido de los reflectores que es para atesorar y seguir, porque para colmo tiene solo tres películas en 12 años.

Se llama Hong-jin Na y quizás lo tengas de una película con la que gedí fuerte en podcasts y aledaños que se llama The Wailing (Gokseong, 2016), pero tiene dos películas más que, a mi juicio, están a altura de la tercera.

Y en una movida absolutamente caprichosa, voy a revisarle la filmo, pero de atrás para adelante. Empecemos.

The Wailing es la más volada de las tres, el tipo de película que ya hace alguien seguro de si mismo.

Llega un extraño japonés a un pueblo, y todos empiezan a pensar que se ha desatado una maldición. Un torpe policía intentará resolver las cosas a los tumbos.

Igual que en las anteriores, tenemos la torpeza de un personaje adulto que tiene que interactuar con un niño, una cosa pequeña que se transforma en algo fuera de escala y un permitido notable: el sentido del humor.

Lo que en las anteriores era apenas un teaser, en esta está totalmente desplegado.

Dan ganas de ver qué piensa hacer para la próxima, pero van cuatro años y ni noticias.

La película que filmó antes de The Wailing se llama The Yellow Sea (Hwanghae, 2010) y es la más «de denuncia social» del lote.

Casi como una versión en tiempo presente de Una bala en la cabeza (Dip huet gai tau, 1990) de John Woo, tenemos un personaje que nació en uan zona de exclusión rodeada por Norcorea, China y Rusia (se los llama despectivamente «joseonjok») que debe viajar a Seúl a matar a un profesor a pedido de un mafioso.

Claro que no se dedicó nunca a eso, es taxista pero también jugador compulsivo y necesita el dinero antes de morir en manos de unos prestamistas. Viaja, además, para entender qué pasó con su esposa (un tema del que se habla mucho en la primera) que fue a trabajar a la ciudad y nunca más supo de ella.

Claro que el «trabajo» va a desatar que nuestro personaje termine siendo objeto de la cacería humana más demente y sanguinaria de la que se tenga memoria en el cine reciente.

¿Te gustan las de «un tipo escapa, escapa y escapa»? Acabás de encontrar tu nueva película favorita.

Claro que estas dos son posibles porque Hong-jin Na hizo una película debut que parece la sexta de un director experimentado.

The Chaser (Chugyeokja, 2008) es la historia de un ex policía que se gana la vida regenteando prostitutas que un día descubre que varias chicas «no vuelven de trabajar.»

Movido por el miedo a que «le estén robando el staff» y no tanto por el bienestar de sus administradas, no tarda en descubrir que un número se repite y que una de sus mujeres puede estar en peligro.

Volviendo a su rol de investigador, decide darle cacería en lo que parece la noche más larga del mundo.

Nuevamente la relación en este caso con una niña que queda a su cuidado, el héroe falible y accidental y una cacería humana, en esta menos numerosa, que probablemente te hagan pensar: «¿Qué hice todo este tiempo sin saber de este señor?»

Si te gustan las de asesinos seriales, solo te diré: Pecados capitales (Se7en, 1995) casi casi fue la banda soporte.

PARÁ CALO CALMATE TE TENÉS QUE ARREPENTIR DE LO QUE DIJISTAndá a verla y me decís.

Si bien esto tuvo una estructura muy Pulp Fiction (?), te recomiendo que, si no viste ninguna de las tres, vayas en orden. De esa forma vas a poder descubrir coincidencias entre todas, además de entender cómo se queda con algunos conceptos y los va perfeccionando a medida que pasa el tiempo. De esta forma probablemente te encuentres solitx con eso que los franceses llamaban teoría de autor, pero sin tanto polisílabo.