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89 – ¿Te acordás de los noventa?

Publicado el 30 de septiembre de 2021

Puede que por edad no, puede que por esa misma razón sí.

Durante los años noventa, el cine tuvo un vuelco que fue, casi casi calcado de lo que había pasado con el New hollywood más o menos treinta años antes.

Los estudios estaban financiando películas carísimas que no iba a ver nadie, habían perdido la brújula y se daban cuenta que “los independientes” la estaban haciendo bien con una dieta bastante estricta de “baja inversión / alto rendimiento.”

Porque, sí: nos gusta pensar en “el arte” y esas cosas, pero la mayor parte de los grandes cambios en la historia del cine tuvieron que ver con guita y no con gente que quería probar tal o cual cosa.

Y ahí es cuando Tarantino, sobre todo con su ¿segunda? película Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) cambió un poco el juego para siempre.

¿Existían directores que venían jugando en “la independencia” de antes? Más vale que sí, desde hacía por lo menos tres décadas.

¿Tuvieron esos directores la influencia a nivel “mundo del cine” que tuvo Tarantino con su ¿segunda? película? Claro que no.

“Ah, ibas a hablar de Tiempos violentos.”

No. No será esta una entrega de alguien que fue a la trivia de IMdb y te cuenta sorprendido que “todos los relojes están a las 4:20” como si nadie no lo hubiera contado por lo menos un millón de veces antes.

Voy a hablar del legado de Tiempos violentos y, en honor a los trivieros, voy a hacer una lista, pero un poquito atravesada.

“Ah, esto promete.”

Cuándo no.

Bueno, volviendo a no hablar de Tiempos violentos, pero hablando un poco de ella, la película avivó a centenares de productores que se pusieron a hacer películas sobre mafiosos de poca monta que se metían en una serie de enredos medio inverosímiles y que hablaban más piola que los remiseros en las películas de Campanella.

El resultado fue una sobresaturación del mercado, donde se salvaban unas pocas buenas ideas. Muchas de ellas, perdidas entre una marea de cosplayers que se cruzaban de manera fortuita, se mataban con sanguinolencia y se apuntaban entre sí como si las películas de Ringo Lam o John Woo no hubieran existido antes, pero eso es para otro día.

“¿Pero eso no venía desde Perros de la calle?”

Es una estupenda pregunta que no tiene mucha respuesta. Sí, el “neo gangster yanqui” —por ponerle un nombre— se empieza a hacer popular con Perros de la calle, pero la consolidación de un estilo pasa sin dudas con Tiempo violentos.

Ah, y los saltos de tiempos y las cosas corriendo en paralelo. El daño que han hecho.

“Pero eso es para otro día.”

Gracias por adelantarte.

Lo cierto es que si ibas a un videoclub entre 1994 y 1999 —por ponerme caprichoso y fechar a ojo— la cantidad de cajitas de policiales “cancheros” por momentos le ganaba incluso a las cajas —más grandes, para los memoriosos— de películas porno. La Tarantino-manía estaba en pleno apogeo y, como aprendimos miles de veces por acá, tanta era la manía que al final se terminó dando una suerte de Tarantinosploitation.

Así fue como se me ocurrió, a modo de “cápsula del tiempo” de una época que no volverá, armar una lista que se podría llegar a llamar: “Diez películas que en el momento de la explosión de Tiempos violentos dábamos por sentadas, consideramos menores y que si las ves hoy decís ‘Ah, bueno, bueno’ —y no tanto—, en orden de estreno.”

¿Listx? Empecemos de una vez.

Killing Zoe (1993)

Primera película —en una filmografía algo fallida— de Roger Avary, coguionista de Tarantino en Tiempos violentos y —se rumorea— mismo puesto no acreditado en Escape salvaje (True Romance, 1993) de Tony Scott, además de tener bloqueado en Twitter al querido Nicolás Goldbart, director de Fase 7 (2010) sin haber mucha explicación para esto último.

Nacida como un “accidente de producción” durante el scouting de locaciones para Perros de la calle, donde encontraron un banco que finalmente se descartó para el rodaje de la de Tarantino.

“Pasa en París”, pero de Paris solo hay unos planos exteriores de unos autos yendo a un lugar y todo lo demás está filmado en Los Ángeles.

Tiene algo de “antes de Tiempos violentos“, pero sin la pericia visual que sí tiene su compañero de guión.

Me animaría a decir “más de importancia histórica que cinéfila”, pero mejor que seas vos quien lo juzgue.

Love and a .45 (1994)

Una de las pocas películas de C.M. Talkington, que tampoco tuvo mucha carrera ni antes ni después con una Reneé Zellweger recién bajada de The Return of the Texas Chainsaw Massacre (1994) y —si queremos ser buenos— de Rebeldes y confundidos (Dazed and Confused, 1993) de Richard Linklater.

También del período “pre Tiempos violentos” y casi que se podría definir como “post Escape salvaje“: una pareja huye a México y romance y balas y coso.

Si estuviste vivo en la época y eras de leer prensa cinéfila de afuera, una abonada a la contratapa de Film Threat durante varios meses.

Al igual que Killing Zoe, quizás “mas de importancia histórica”, pero de nuevo: quién es uno para juzgar.

Nadie vive demasiado (2 Days in the Valley, 1996)

La carrera de John Herzfeld —y esto está empezando a ser una constante en este envío— nunca levantó mucho después de esta, sobre todo si tenemos en cuenta ese tiro el el pie —con una Uzi— que es 15 Minutos (15 Minutes, 2001), un proyecto quizás pasado de ambición.

En este caso, una pieza claramente “post Tiempos violentos“, donde un montón de delincuentes de poca monta se cruzan en la ciudad de Los Ángeles. Todos con la de Tarantino ya vista suponiendo cómo terminan las cosas y, como extraño bonus, una Charlize Theron recién bajada del ¿avión?

Tengo el recuerdo de verla en VHS cuando salió y ese recuerdo es agradable. No la ví ni en DVD ni en ningún formato posterior, así que puedo estar hablando a boca de jarro.

“Pero quién es uno para juzgar.”

Tal cual. No lo podría haber dicho mejor que vos.

Tiro al blanco (Grosse Pointe Blank, 1997)

George Armitage es uno de esos casos raros. No volvió a filmar nada ni remotamente decente después de hacer esta película que, si me apretás un poco, está entre mis favoritas de la década.

Un hitman profesional tiene que ir a “hacer un trabajo” a su cuidad natal y su estadía coincide con una reunión de compañeros de la secundaria que decide no perderse.

Matador de los Cadillacs en la banda de sonido.

“Momento, ¿qué?”

Anécdota completamente offtopic, pero bueh: fuimos a ver esta película con el querido Axel Kuschevatzky en Nueva York. Hay en algunos cines de allá —no la vi replicada acá— la costumbre de pasar la banda sonora de la película antes de arrancar. Enorme fue nuestra sorpresa —y orgullo catastral— cuando en la sala empezó a sonar Matador de Los Fabulosos Cadillacs.

“Esperá… ¿qué?”

Hay un razón: el selector de la banda sonora no era ni más ni menos que Joe Strummer de The Clash. De ahí la conexión por aquel entonces con los Cadillacs y blah.

Bueno, me fui por las ramas. El punto es que es una enorme comedia negra que respeta un poco la idea del “asesino a sueldo” y el mundo delictivo, pero lo lleva a un costado casi romántico conforme va avanzando la trama.

Si estás buscando en esta lista por “buena” o “mala”, quizás esta sea de las que podés agarrar sin mucho conflicto.

Suicide Kings (1997)

¿A que no adivinás? Peter O’Fallon, su director, trabajó en televisión —cuando eso no era prestigioso hacerlo— dio el salto al cine con esta, y volvió con la cabeza gacha a la caja boba.

Una extraña comedia de enredos —bueno, muchos vieron a Tiempos violentos como eso, y la verdad que no estaban tan errados— donde unos secuestran a un mafioso para cobrar el rescate y pagar otro rescate.

El mafioso es Christopher Walken que, obvio, había estado en El rey de Nueva York (King of New York, 1990) de Abel Ferrara, pero después del monólogo del reloj en la da Tarantino medio que se amplió el quincho haciendo más o menos siempre lo mismo.

Una de las primeras víctimas de los test screenings, la película tuvo muchos finales y, si llegás a conseguir una edición en DVD, podés verlos todos.

Pero de nuevo, quién es uno para–

“Basta por favor.”

Te pido mil disculpas.

8 Heads in a Duffel Bag (1997)

Y empiezan las excepciones, porque Tom Schulman, director de esta película también dirigió La sociedad de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1990) —quizás la película que más daño hizo a los “profes piolas” de las secundarias— y la genial ¿Qué tal, Bob? (What About Bob?, 1991), una película de la que quizás me ocupe algún día.

En esta hay un asesino de la mafia (Joe Pesci recién bajado de Buenos muchachos (Goodfellas, 1990) y Casino (1995), ni más ni menos) que en un extraño cambio de valijas pierde una con ocho cabezas, pruebas de que había hecho su trabajo y recibe el equipaje de un joven que se fue de vacaciones a México.

Puede ser fallida, pero no tibia. Y eso, amigxs, en estos tiempos es un montón.

“¿Entonces en qué columna la pongo?”

En la que te dicten tus propias conclusiones, acá estamos para abrir puertas y que entres si querés o no.

Un romance peligroso (Out of Sight, 1998)

Sí, poner una de Soderbergh es medio hacer trampa, pero la película es tan un producto de su tiempo que es imposible no nombrarla.

Un ladrón de bancos que se enamora de la policía que tiene secuestrada, basada en una novela de Elmore Leonard y en un extraño tono de comedia negra y romántica.

Soderbergh, lo dije mil veces acá y en cuanto podcast haya hecho, es un director que o te hace una obra maestra o te hace una película inmirable.

Un romance peligroso es de las primeras, pero quizás, vista a ojos de hoy, demasiado víctima de su entorno.

¿Eso la hace menos disfrutable? Para nada.

Malos pensamientos (Very Bad Things, 1999)

Y seguimos con las comedias. Negras. Negrísimas. Un grupo de profesionales en plan despedida de soltero en Las Vegas termina enredado en una trama de traiciones y problemas tras un incidente accidental y fatal con una prostituta.

Sí, podríamos decir “infilmable hoy” y tendríamos razón. Sí, también podríamos agregar “Solo para los que no tienen límites para el humor” y hacer todos los warnings posibles.

Y todo el párrafo anterior sea, quizás, la razón por la que no vemos comedias que no sean amables en salas de cine hoy en día.

Película debut de Peter Berg, que tuvo un momento después con Friday Night Lights (2004) y después, bueno, Battleship: batalla naval (Battleship, 2012) entre otras gemas.

Viviendo sin límites (Go, 1999)

A diferencia de la mayoría de directores que se nombran en esta lista, la carrera de Doug Lyman, que antes de esta había hecho la genial —y quizás a ojos de hoy no muy deconstruida— Dos torpes galanes (Swingers, 1996) y siguió con la primera de la saga de Bourne para después, bueno, cosas, es bastante más digna que la de los que volvieron a la caja boba o no dirigieron más.

En este caso, con un guión de John August (el mismo ¡de El gran pez (Big Fish, 2003) de Tim Burton y co conductor del genial podcast de guionismo Scriptnotessi estás para esa), Lyman dirige una película de enredos criminales en una venta de droga con tres puntos de vista distintos.

Como si el personaje de Eric Stoltz en Tiempos violentos hubiera tenido su spinoff, pero escrito por alguien que había visto Rashomon (1950) de Kurosawa y escuchaba música electrónica.

¿Suena a ensalada? Probablemente lo sea.

Vengar la sangre (The Limey, 1999)

Poner una de Soderbergh es medio hacer trampa. Poner dos, ni hablar. Pero hay una razón, que me parece que es interesante.

Lo que tenía de juguetón Un romance peligroso es lo que no tiene Vengar la sangre, una película seca, dura, difícil de ver, como de un Tarantino al que le sacaron el sentido del humor.

Una película del fin de siglo, que en esa época dábamos por sentada como “una independiente buena más”. Ese género que, con el correr de los años, nos íbamos a dar cuenta que se iba a convertir en un bien escasísimo.

Se suele hablar mucho de Soderbergh, pero misteriosamente muy poco de esta, de la que bien podríamos decir que, si no es es su mejor película, le pega en el palo.

“¿Entonces es por acá?”

Es por donde vos quieras, pero esta te la firmo con sangre.

Bueno, ahí tenés las diez. En sus marcas, listos… ¡torrent!

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