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6 – Animación, venganza, directoras prolíficas y cosas buenas que aparecieron en Twitter

Publicado el 27 de febrero de 2020

Una nueva

La ¡nueva! ¡flamante! ¡recién llegada! de la semana es en realidad un estreno inglés del año pasado que no tuvo la suerte de llegar a nuestras salas y se puede ver desde la semana pasada en Netflix.

Se trata del nuevo (y octavo) largometraje de los estudios ingleses de animación Aardman, responsables de, por ejemplo, Pollitos en fuga (2000) y la genial Wallace y Gromit: la batalla de los vegetales (2005) y tiene por título Shaun el cordero: Granjarmagedón (2019)

No te vayas, pará. 

Está basada en la serie de televisión de Shaun el cordero (2011) y es la secuela de Shaun, el cordero: la película (2015), pero te diría que no es estrictamente necesario tener claro el “universo” para entrar.

Básicamente, una guerra silenciosa en una granja entre unos corderos muy revoltosos y un perro que quiere poner orden torpemente y… ¡bajan unos extraterrestres!

Humor físico, animación con plastilina de un nivel de factura imposible, homenajes a todas esas películas de ciencia ficción que vimos de chicos y no tan chicos y algunas de las risas más genuinas que tuve en los últimos meses.Y hay una cosa que capaz no sabés y tengo que confesar: no tolero mucho el cine de animación, pero me pasa algo con los productos de Aardman. No sé si es que siento que son sinceros, que no te quieren vender nada o que no te subestiman como espectador, pero me encontré riéndome con chistes que probablemente sean para espectadores 35 años más jóvenes que yo.

Si tenés bendis capaz que es una buena. Ni idea igual, porque no tengo bendís y medio que estoy tocando de oído, pero me suena a que puede ser. Cualquier cosa me puteás acá.

Una vieja

La vieja es un clásico del cine de culto que nadie debería dejar de ver (?)

Faster, Pussycat! Kill! Kill! (1965) (un título irresistible que se traduce libremente como Más rápido, gatita! Mata! Mata!) es quizás el film más famoso de Russ Meyer: el Armando Bo que le tocó por padrón a los yanquis.

Claro que Meyer, que venía de la fotografía en la guerra antes de ir a parar a Playboy capaz tenía mejores ideas de encuadres e historias para contar que Armando. Y esta es, probablemente, una de sus mejores películas.

Tres bailarinas de cabaret tienen secuestrada a una chica y, en medio de una búsqueda para esconderla en el desierto, se cruzan con una familia de tres hombres que creen que las van a engañar y terminan engañados.

Faster… es una película se muere de lo hermosa que es de fotografía y encuadres, pero es mucho más interesante por lo que terminó siendo sin siquiera intentarlo.

Porque Faster… es una película accidentalmente feminista.

Viniendo de un director que se ufanaba de encuadrar siempre de modo que se vieran los escotes y explicaba su obra con frases como “Lo que el público quiere es reírse y ver muchas tetas muy grandes. Por suerte, a mi me gustan las mismas cosas” difícilmente la podamos poner en el mismo estante con una de Agnes Varda, pero esperá. 

Faster… muestra mujeres fuertes, mujeres que no se doblegan ante los hombres, que los cagan a palos y los hacen perder todas las veces que pueden. Y en gran parte esto es gracias a su protagonista Tura Satana.

Capaz la tenés de la canción Babasónicos, capaz la googleaste, capaz no: va un resumen. Tura trabajó muchos años de stripper y tuvo una corta carrera de actriz. En entrevistas posteriores explicó que el odio que tiene Varla contra los hombres lo compuso usando su propia experiencia de abuso y violencia. Y fue esa actuación la que hizo que la película fuera lo que terminó siendo.

Es entonces que Faster, Pussycat! Kill! Kill! es una película feminista es gracias a ella, y gracias a lo que hizo en cámara, sin que Russ Meyer siquiera sospechara.

Un iniciador de conversación

Esta es una historia pintoresca de una directora que nunca tuvo el suficiente crédito. De una mujer que fue mucho más prolífica que otras de su generación, pero estuvo relegada a la oscuridad del cine de culto.

Su nombre era Doris Wishman y, tras la muerte de su esposo a mediados de los años cincuenta, decidió dar rienda suelta a un hobby que no tardó en transformarse en profesión: filmar películas sexploitation, porno y de género.

Sin una educación formal, Doris fue aprendiendo sobre la marcha y hasta se puede ver su evolución a lo largo (y cuando digo largo es largo: 31 películas) de su filmografía.

Empezó como empezaron gran parte de los sexploitators de la época: filmando películas de campos nudistas, de ahí se fue a las eróticas y al sexploitation y, cuando la legalización lo permitió, saltó al porno.

En su vasta filmografía hay películas sobre transplantes sexuales que salen mal (The Amazing Transplant de 1970), agentes secretos con pechos enormes (Double Agent 73 de 1974 con la por entonces marginalmente famosa “Chesty” Morgan), cambios de sexo (Let Me Die a Woman de 1977) y hasta una extraña película que ella creyó de terror y terminó siendo más experimental que Hiroshima Mon Amour (1959) de Alain Resnais (A Night to Dismember filmada en 1978 en el pináculo del slasher y terminada casi diez años después).

Para principios de los años ochenta, su carrera estaba terminada y Doris sobrevivía trabajando en un cine porno. El reconocimiento en el circuito de películas de medianoche y la reedición de varios títulos para el mercado de video le llegó justo a tiempo y pudo llegó a ser homenajeada en varios festivales con restrospectivas y premios a la trayectoria, además de filmar dos películas más: Dildo Heaven de 2002 y Each Time I Kill finalmente terminada en 2009, siete años después de su muerte a tierna edad de 90 años.

No te digo que corras a ver su filmografía, pero meditalo un poco. Probablemente te encuentres con algo que no viste ni vas a volver a ver jamás.

Te dejo con una frase que se pasaba repitiendo y la pinta de cuerpo entero: “Cuando me muera, seguiré haciendo películas en el infierno.”

Algunas cosas buenas de internet

La pasada fue, increíblemente, una semana donde Twitter tuvo algo para aportar, además del odio sin justificación y las cazas de brujas a las que nos tiene acostumbrados.

Hubo tres hilos bastante épicos que me devolvieron la fe en la humanidad por un rato:

Uno de Manuel Mamud sobre Ford Vs Ferrari, película que personalmente odio, pero a la que él logró encontrarle el mérito, que pueden leer acá.

Vaya esto también para decir: que alguien odie una película no convierte a esta en algo que no se pueda analizar ni discutir. Es simplemente una cuestión de gustos. Parece que todo se reduce a decir ese “no es para mí” que parece tan difícil para una enorme mayoría.

Otro de Gabriel Fasano sobre el montaje de El irlandés que es una belleza total y pueden encontrar acá.

Y uno que nadie pidió, pero fue bienvenido también sobre Un argentino en Nueva York a cargo de Nicolás Teté que pueden leer acá si son más valientes.

Es fantástico cuando esa Pelopincho de heces y gente resentida por dios sabe qué razón aporta algo a la discusión con argumentos y datos concretos que se desprenden del saber y no de una búsqueda rápida en Wikipedia.

Porque, por si todavía no se dieron cuenta, el dato en una época dónde todo el mundo tiene IMDb en el bolsillo no tiene ningún valor sin tener los conocimientos para contextualizarlo. Corregir a alguien que está diciendo de memoria el año de una película con internet es probablemente una de las cosas más tristes que se puedan ver, pero increíblemente pasa todos los días.

Y ya que estoy en el tema, te agrego dos podcasts descubiertos hace poco. Uno en inglés que tiene un tiempo y otro en castellano que es bastante flamante. 

El “en inglés”  es esa maravilla que se llama The Rialto Report, que no es más que una versión podcast del sitio de mismo nombre, que se ocupa de estudiar con detenimiento (y mucho amor) el porno de los años 60, 70 y 80 hablando con sus protagonistas y contando algunas de las anécdotas cinéfilas más salvajes que vayas a escuchar.

Y el “en castellano” es el incipiente Sucesos argentinos, de José Tripodero y Victoria Duclós Sibuet que han decidido cargarse la mochila del cine nacional al hombro y lo pretenden analizar de a una película por vez. Les recomiendo hacer el ejercicio de ver la película antes de escucharlo para que la cosa tenga un poco más de sentido. Y en un costado más Indiscreciones pregunto: ¿esto va a derivar en una batalla de los podcasts con Los jóvenes viejos?

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