| Existe un concepto casi tan viejo como Hollywood, que es el de las películas mellizas. Las películas, al igual que los autos con el número de serie limado, suceden por muchas más razones que la simple mala fe: signos de los tiempos, alineaciones cósmicas, casualidades, intereses del público en un determinado tema que llevan a productores a pensar lo mismo, etcétera. Lo cierto es que más veces que las que hubiésemos pensado aparecen, casi al mismo tiempo, dos películas sobre el mismo tema: Las horas más oscuras (The Darkest Hour, 2017) y Dunkerque (Dunkirk, 2017); Ataque a la casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013) y El ataque (White House Down, 2013); Hormiguitaz (Antz, 1998) y Bichos (A Bug’s Life, 1998) —acá se podría hablar de espionaje industrial y el comienzo del feud entre Dreamworks y Pixar, pero es para otra vez— Impacto profundo (Deep Impact, 1998) y Armageddon (1998) o, si te querés ir bien atrás La mujer avispa (The Wasp Woman, 1959) y La mosca (The Fly, 1958). La lista es interminable y en la mayoría de los casos, usando estas dos últimas de ejemplo “estaban de moda las películas de personas que por un experimento que sale mal blah” y a otra cosa. Pocos son los casos como el de las de animación de insectos donde efectivamente un estudio le fue a canibalizar el proyecto al otro, son mucho más comunes las casualidades de mercado. Pocas casualidades mayores que la de las películas de cambio de edad casi a fines de los ochenta, de la cual debería hablar más en profundidad en otro momento, pero: De tal padre tal hijo (Like Father Like Son, 1987) de Rod Daniel, Viceversa (Vice Versa, 1988) de Brian Gilbert y 18 otra vez (18 again, 1988) de Paul Flaherty se estrenaron con pocos meses de diferencia. Para cuando llegó el momento del estreno de Quisiera ser grande (Big, 1989) de Penny Marshall un poco después uno hubiera jurado que la gente ya iba a estar cansada, pero no: la misma historia pero mejor contada hizo el truco de convertirla en el clásico que es. Lo cual nos lleva a pensar en que una idea sola quizás no tenga tanto valor sino lo que se hace con ella, pero no estoy acá para filosofar sino para contarte una historia bastante entretenida. Bueno, habiéndonos sacado eso del medio, vayamos a la verdadera razón de este envío: Dial Code Santa Claus, también conocida según el mercado como Deadly Games, Game Over o Hide and Freak (3615 code Père Noël, 1989) de René Manzor. ![]() ¿No te suena de nada? Es probable. También es probable que te espere una sorpresa hermosa. Empecemos por Manzor, que ya vanía haciendo cosas antes de esta película. Quizás lo más conocido que haya dirigido antes era una película que se estrenó en nuestro país y que aquellxs qye estén en situación de peinar canas recuerden llamada El pasaje (Le passage, 1985), escrita y protagonizada por Alain Delon, que podría definirse como una El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957 de Ingmar Bergman, pero sin ajedrez y ochentosa. Tanto que la había editado en VHS acá All Video, el de los cassettes violetas, vaya este recuerdo de su campaña quizás no del todo deconstruída, rescatada por el querido RaroVHS. Pero volvamos— Sí, El pasaje no era una genialidad ni por asomo, pero anduvo dando vueltas por los cines porteños a mediados de los ochenta. Si ves el afiche seguro que te destraba algún algún recuerdo. Pero ese no es el caso. El caso es que Manzor tuvo otra idea a finales de la década y para 1989 tuvo lista una película que, si la comparamos con otra puede, como mínimo, sonar un poco sospechosa. Sospechosa para la otra, siendo estrictamente serios de fechas y coso. La otra película es Mi pobre angelito (Home Alone, 1992) de Chris Columbus. “Usted se tiene que arrepentir de lo que dijo” Para nada. Ya hablamos la navidad pasada, si no me falla la memoria. Ya dijimos lo que es: una obra maestra. Eso no está en discusión. Sí hay, se podría decir, una serie de casualidades que iremos viendo que, bueno, quizás te hagan levantar una ceja o dos. Y eso solo porque tenés dos cejas nomás. Empecemos. Manzor tuvo la idea de contar la historia de una chico obsesionado con Papá Noel. tanto, que se mete en una suerte de foro de internet (sí, en 1989: había cosas del estilo, pero estaban en el campo de la nerdada extrema) y reta al personaje que “viene todas las navidades” a que aparezca por su casa con el objetivo de grabarlo en video, después de que un amigo le dijo que no existía. El mensaje es recibido por un maníaco que, vestido de Papá Noel, se apersona en su casa —una suerte de mansión de familia acomodada— buscando matarlo. Ah, no te había dicho que después del primer acto Dial Code Santa Claus es una slasher. No te lo había dicho porque, bueno, es tantas cosas que vamos a tener que ir por partes. Y antes de que me digas— “Momento, eso que estás contando se parece más a *Sangriento Papá Noel* (SIlent Night, Deadly Night, 1984) que a Mi pobre angelito*“* — y tengas razón, dejame que te diga la diferencia fundamental entre la francesa y la del viejo pascuero (?) con un hacha y es que: el niño, al tanto de la situación en lugar de correr adentro de un bosque bosque o de la casa, comienza a armar una serie de trampas en las cuales hacer caer y lograr atrapar al asesino. Sí, el parecido se vuelve aterrador. Y, digamos todo, mucho pero mucho más sangriento. ¿Pero cómo fue posible esto? Bueno, hay varias razones, que quizás conecten con la teoría de las películas mellizas o quizás no tanto. “Se viene una nueva teoría falopa” Quién te dice. Todavía nadie vino a rebatir la de “John Carl Buechler, creador de Troll inventó a Monguito” así que puedo seguir con la frente en alto, pero no nos desviemos. Decía— La película se estrenó en unos pocos cines franceses y duró poco más de una semana. Los productores buscaban lo mismo que buscan los que mandan a morir una película al Gomón, lo que se llama “estreno técnico” que, en ese entonces, le permitía posicionar a la película como “estrenada en cines”, subiéndole el precio para su venta a la televisión. Se vio por televisión, pero tampoco tanto y pasó a dormir el sueño de los justos. La pasada por festivales de corte fantástico ayudó a la carrera de Manzor, que terminó mudándose por un tiempo a Hollywood y dirigió televisión, incluyendo en su CV algunos capítulos de El joven Indiana Jones. Lo cierto es que Dial Code Santa Claus no se vio hasta hace unos dos o tres años, gracias a una restauración motivada por los fanáticos que se pasaban copias de copias de copias en VHS y lograron que una edición en Bluray fuera posible. Esa restauración hizo que la película volviera al circuito de festivales fantásticos como el Fantastic Fest y Estados Unidos finalmente se diera cuenta de que existía “la otra Mi pobre angelito” Pero, hay algo más. Porque Estados Unidos supo siempre que existía la otra Mi pobre angelito. “Momento… Qué” Qué suerte que estás atentx. Porque vamos a tener que hablar de fechas. Dial Code Santa Claus se estrenó en Cannes en 1989. Cannes es siempre en mayo, o por lo menos en los últimas décadas. Las pasadas, que no buscaban ovaciones de pie sino distribuidores en el mercado, fueron bien, la gente se divertía y coso. Tanto fue esto así, que un productor yanqui se acercó a Manzor con el objetivo de comprar los derechos para hacer una remake en Estados Unidos. Las negociaciones avanzaron hasta que fueron suspendidas por la aparición de una película que era tan parecida que hubiera hecho que la reversión pareciera más un robo que otra cosa. Porque Dial Code Santa Claus se pasó en Cannes en mayo y Mi pobre angelito se empezó a filmar al mes siguiente. Sí, acá podemos inferir miles de cosas, pero jamás que John Hughes era un chorro de ideas. No él, por favor, que las había tenido todas. Con la película recién estrenándose al año siguiente y “el producto yanqui interesado que finalmente no llega a ningún lado” Manzor tenía varias razones para sospechar e inició acciones legales contra Fox que, como era de esperarse, no fueron a ningún lado. Porque si nos sentamos a analizarlo, quizás sea perfectamente lógico que así fuera: estábamos ante una película melliza, de esas que pasan porque hay una serie de alineaciones cósmicas que no tienen mucho sentido. O sí. Porque por más que nos gusten las historias de underachievers, la aparición de Dial Code Santa Claus es perfectamente lógica en la época que sucedió. Analicemos eso dos segundos. Las “grandes ideas” del mundo del cine muchas veces vienen de tratar de revivir un género que quizás tenga más olor a cajón que a fruta sumándole otro que también anda o anduvo dando vueltas por ahí. “Explicá eso mejor que no se entiende” Simple: la idea del vigilante, o incluso la del héroe forzado a actuar era muy común a finales de los ochenta. Como ejemplo basta otra película de navidad, quizás la definitiva: Duro de matar (Die Hard, 1989) de John McTiernan. “Cierto” Si a eso le sumamos otro género que también ya existía desde tiempos inmemoriales, como era el de “Papá Noeles asesinos” o como lo quieras llamar, bueno, Dial Code Santa Claus termina siendo un pastiche que salió bien, pero un pastiche al fin. De hecho, si analizamos más profundamente y sin el diario del lunes, vamos a encontrar más elementos originales en la “copia” que en la original, a pesar de que esta última hace varias cosas que, no eran nuevas, pero tampoco se estaban haciendo en el cine en ese momento: romper la cuarta pared, sin ir más lejos. Vista hoy, la francesa parece uno de esos ejercicios forzados de nostalgia sin serlo, como podría ser un episodio de Stranger Things o cualquiera de sus clones. Lo que quizás sea más importante de todo es que, independientemente de lo que haya pasado, Dial Code Santa Claus es disfrutable de principio a fin y que, gracias a esta edición de Bluray de la que te estaba hablando —y su consiguiente subida al sistema de streaming Shudder que vuelvo a pedir que aparezca por estas tierras— se puede conseguir en una calidad preciosa por ahí sin esfuerzo alguno. Dejá, no me debés nada. Es un placer. |

