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250 – Otro año de festejo pagano

Publicado el 31 de octubre de 2024

Viste que hoy justo cae Halloween. Y no, no creo que los chicos de los barrios privados deberían ir casa por casa con un coso con forma de calabaza  juntando caramelos, o, quizás pensándolo mejor, que hagan lo que quieran.

El punto, quizás, sea que cada uno festeje lo que quiera pero, sobre todo, recuerde que cuando se junta con la tía a comer comida lista para otros climas y a esperar a un viejo vestido de rojo que viene del polo norte o que nazca uno que después va ¡a revivir!, en una de esas «le está haciendo el juego» a los mismos que «nos quieren conquistar culturalmente» con Halloween.

Pero bueh, siempre es mejor una fiesta cristiana que una pagana, porque la iglesia hizo mucho menos daño que cualquier país o cultura, ¿no? ¿No? Bueh.

Dicho esto, Halloween es, también, una época hermosa para lxs que, como decía Catalina, somos «amantes del género» porque los disfraces y los juguetitos y, sobre todo, las películas. Muchas de los grandes estrenos del año, como abril y septiembre lo son (o eran, la verdad) para las «de festivales», en el cine de horror pasan en algún momento de octubre.

Pero no estoy acá para hacerte una lista (podría, pero vengo descreyendo de ellas con la proliferación de listas escritas por IA en todos lados, ya me volverán las ganas) ni a decirte «ojo que esta en una de esas…» vengo, como vine alguna vez a hablar de Psicosis (1998, la de Gus Van Sant), a hablarte de Halloween



— II (Halloween II, 2009). De Rob Zombie.

Te voy a dejar que digas lo que quieras—

«Usted se tiene que arrepent—»

Y te voy a dar más tiempo haciendo un breve desvío:

«Será posible»

En el capítulo de este podcast que sale mañana hicimos un chiste de cómo, con el tiempo, la Drácula de los noventa pasó a ser «la de Coppola» cuando, en realidad, se estrenó como Bram Stoker’s Dracula, con cómo el paso del tiempo la convierte en Francis Ford Coppola’s Bram Stoker’s Dracula y rogale a dios que no le agregue un Redux o alguna de esas cosas que lo tientan al gordo.

Lejos, muy lejos de esa época, y aprovechando que lo que nos habían dejado era poco más un terreno arrasado primero por un incendio y después por una inundación, a mediados de los dos mil (un páramo en términos de cine de terror si no eras de lxs que gustaban del torture porn o gorno, como descubrimos esta semana que se llama en España) tenías algunas pocas indies con buena predisposición o que salir corriendo a buscar cine de latitudes, más específicamente a oriente o Francia, que estaba a punto caramelo con su extremismo.

Es en este drama que aparecen, y por eso la cita a Hoy Trasnoche de más arriba, las «Rob Zombie’s Halloween«, que en realidad fue más la primera, que la vendieron con bombos y platillos, no tanto de la que nos vamos a ocupar hoy.

Así que sí, Halloween II de Rob Zombie. ¿Qué pasó? ¿O debería decir que nos pasó?

No, no creo que sea una obra maestra incomprendida y mi opinión dolida del momento no varió enormemente con el paso de estos últimos ¡quince! años, pero sí creo que la película tiene algunos méritos que deberíamos destacar.

Full disclosure: a mi la anterior de Zombie, la primera en ¿su? saga de Halloween (2007) me parece una obra maestra y la pongo, si alguien me pidiera primero que haga un ranking y después mi opinión, justo después de Noche de brujas (Halloween, 1978) de John Carpenter.

«Eso es mucho»

O muy poco todo lo que vino después.

«No lo había pensado»

Nunca subestimes lo que pasa por descarte, pero en este caso la de Zombie era sólida como una viga. Porque había decidido hacer algo distinto y contar el génesis del personaje de Michael Myers, esa que nos cuentan solo un poquito en la primera (y quizás por algún que otro diálogo) y por flashbacks (cuando necesitan) en las otras.

¿Y no era (de algún modo algo lateralizado) lo que hacía la segunda? Bueno, empecemos por lo que deberíamos decir antes que nada: Rob ZOmbie no iba a dirigir esta película.

Cuando le fue bien a la primera, todos los implicados sacaron los cubiertos buenos, dispuestos a comer de ese tenedor libre todo lo que quisieran. Anunciaron una secuela y Zombie dijo, en el momento de la gira de prensa , que no iba a ser de la partida. Que el estrés que le había causado, que la fatiga, que—

Así fue cómo los productores salieron a buscarle (dignos) reemplazantes. ¿Viste que te bombré al extremismo francés más arriba? Bueno, tenía un sentido: se barajaba la idea de que los jóvenes por aquel entonces Julien Maury y Alexandre Bustillo, responsables de la indomable Inside (À l’intérieur, 2007)—

¿Cómo que no viste Inside? Esa deuda se paga hoy mismo, con todas las advertencias, los «ojo» y lo que quieras del caso.

— iban a ser los que agarraran la papa caliente.

Nada mal, la verdad. Nos vuelve a poner en ese territorio especulativo de «cómo hubiera sido Terminator con OJ Simpson» que nos llega cada dos semanas y elucubrar cómo hubiera sido esa versión con estos que, por aquel entonces, les importaba todo bien poco.

Lo cierto es que el estrés, la fatiga y todo eso se le fue más rápido que otra cosa a Zombie y decidió seguir con la historia que había empezado a contar.

Y ahí, justamente ahí, es cuando la novedad se convirtió en «bueh, una más de estas», pero bueno, tampoco fue taaan así: en realidad estaba todo el tema de Malek Akkad.

«Momento, ¿quién?»

Bueno, Malek es el hijo de Moustapha Akkad, uno de los financistas de la Noche de brujas original que, por supuesto, tenía parte de los derechos sobre la franquicia.

Akkad padre murió a mediados de los dos mil, pero el hijo venía ocupándose de la franquicia desde la sexta de la saga: Halloween 6: La maldición de Michael Myers (Halloween: The Curse of Michael Myers, 1995) de Joe Chappelle que no me acuerdo ni siquiera si se estrenó en sala o si fue directo a video en nuestro país. Tengo la fugaz noción de haberla visto en un cine de Lavalle, pero puede haber sido la cinco o la siete o andá a saber. Volvamos—

Akkad hijo confiaba más en en Zombie, y si bien los de Miramax (vía Dimension, el sello que usaban ¿y usan? cuando las películas no son como El paciente inglés) tenían interés en el dúo de franceses porque justo les habían comprado los derechos de exhibición de su película debut.

Akkad adujo «problemas de traducción» con los muchachos del país de la baguette y convenció a Zombie dándole y acá sí se empieza a entender todo, control total.

Zombie, ya en las conferencias de prensa previas al rodaje hablaba de «una película más personal» de «alejarse de John Carpenter» y todo eso.

Sí, si lo querés pensar de esta forma, medio como cuando a Burton lo dejaron hacer lo que quiso y le devolvió Batman vuelve (Batman returns, 1992) a Warner que, podrás decir—

«No estuvo tan mal esa»

— y tener razón, pero no era «lo esperado»

Y definitivamente, y más teniendo en cuenta la vuelta que había tenido la anterior, Halloween II, no era «lo esperado». Ahora sí, ¿qué la hacía tan inesperada?
Bueno, tratemos de desandar ese camino—

Empecemos por decir que ya existía una Noche de brujas 2 (Halloween II, 1981), que estaba dirigida por Rick Rosenthal (quizás de esto hablaba Zombie cuando decía «alejarse de Carpenter», pero dejemos los chistes a un costado)

Esa secuela, que Carpenter coescribió pero no quiso dirigir, empieza en el exacto momento en que terminaba la original, con Michael Myers ¿revivido? yendo a buscar a Laurie que está en un hospital recuperándose de la película anterior.

Eso mismo pasa en Halloween II de Zombie, con la diferencia de que todo lo que vemos es una secuencia onírica. Y como tal, bueno, se dan algunas licencias posibles.

Sí, hablo de las escenas de Sheri Moon Zombie con el caballo blanco, pero no voy a entrar tanto ahí, no te preocupes.

Y, del mismo modo que podemos entender a la anterior de Zombie como una suerte de nota al pie detalladísima de lo que la de Carpenter decidió no contar, en esta considera que ya tiene hecho el hormigón y se puede poner a construir para arriba como quiera.

Y acá es cuando tenemos que pensar algo que no pensamos en su momento y que quizás sea crucial: la película es de 2009 que, como dijimos, o te gustaba el gorno o te tenías que ir a buscar emociones a otro lado.

Nadie en su sano juicio había pensado que el horror podía ir a festivales que no fueran los especializados, que la crítica iba a aceptar a los (solo un muy específico tipo de) películas de género y que iba a encontrar la forma de no morderse la cola llamándolo «post horror» u «horror elevado»

Eso recién iba a llegar más de media década después, con La bruja (The VVitch: A New-England Folktale, 2015) de Robert Eggers y todo lo que vino atrás.
Porque bueno, A24, Miramax con otro nombre pero Miramax al fin… El fruto nunca cae muy lejos del árbol.

Entonces: ¿qué pensamos ahora de Halloween II? ¿Fue un capricho de alguien que había cumplido las reglas y decidió no hacerlo o una piedra basal que pocos están viendo para que haya existido después, no sé, The Babadook (2014) de Jennifer Kent o El legado del diablo (Hereditary, 2018) de Ari Aster?

Visto así, el tema es bastante más difícil de descular. Y nos lleva a un pensamiento que nunca deberíamos dejar de tener: las películas existen en su tiempo y en los tiempos que vienen después de su estreno. Lo que hoy no es para tanto quizás mañana sí lo sea y así. No existe la visión sin revisión.

Te hice un envío hace años hablando (casi) bien de Halloween III (Halloween III: Season of the Witch, 1983) de Tommy Lee Wallace, mirá si no te iba a mandar este. Feliz Halloween, por si lo andás festejando.

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