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219 – Monstruos, abismos y coso

Publicado el 28 de marzo de 2024

Ni me acuerdo cuándo fue la primera vez que hice una promesa en estos envíos. Tampoco me acuerdo cuántas hice. Pero hoy llego el momento de saldar —al menos— una de ellas.

Porque vos viste que yo siempre digo “pero eso será en otro momento” y a veces ese otro momento medio que tarda un poco. Bueno, también es porque otros temas ¿urgentes? ¿más urgentes que ese? aparecen ¿o aparece la edad y en un momento ese “tendría que hablar de…” vuelve?

Quién sabe, en todo caso, tema para terapia o el neurólogo, lo que pase antes.

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, tanto que vos no habías nacido (?) hablé de una obra maestra producida por Roger Corman que resultaba una película feminista accidental: Noches de insomnio (The Slumber Party Massacre, 1983)

El envío debe haber sido hace como tres años, buena suerte tirando para atrás en el archivo de los MorVIP.

El tema es que cuando hablaba de esa película, recuerdo haber dicho, en defensa de Corman, que estaba teniendo una actitud algo chota con una directora femenina de las “otras veces que sí había ayudado” y decía que:

“Ya había habido directoras mujeres en el cine producido por Corman: el caso de Stephanie Rothman, responsable de Baño de sangre (Blood Bath, 1966), The Student Nurses (1970) y Vampiro de terciopelo (The Velvet Vampire, 1971) o Barbara Peeters, que había hecho Monstruos del abismo (Humanoids from the Deep, 1980), una película que tuvo tantos quilombos y un producto final tan extraño que merece un envío por si sola.”

Bueno, llegó el momento de hablar de Monstruos del abismo.



Sí, sabía que te iba a encantar. Empecemos sacándonos de encima los inevitables para lxs que no pueden vivir sin una sinopsis: un grupo de habitantes debe detener un invasión de salmones mutados—

Voy a dejar que este concepto permee. Más cuando leímos mil veces de las salmoneras, de cómo ese sushi que te gusta tanto es más parecido a una bolsa de Dogui que a… Bueno, no me gusta mucho el pescado, sigamos.

— que siembran el horror violando a las mujeres de un pueblo pesquero.

Bueno, y hasta acá podríamos hacer un arqueo pensando como Corman y decir: todavía estaba la onda expansiva de Tiburón (Jaws, 1975) y la nueva oleada de cine de criaturas impulsada por Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979), de cuyos clones italianos o ya hablamos o hablaremos, y tendríamos razón. Corman era muy de entender qué estaba por ahí (a veces adelantándose, a veces haciendo su versión Manaos de las cosas)

Pero, incluso con todo eso, también podríamos decir que es otra cosa.

otras cosas, pero no nos adelantemos. Empecemos por irnos un toque por las ramas: ¿mencioné que los salmones mutados eran obra de Rob Bottin, dos año antes de hacer la criatura de El enigma de otro mundo (The Thing, 1982) de Carpenter? Bueno, ahí tenés cómo no todo es una copia de otra cosa en el cine Corman: incluso acá copiando llegó temprano.
Y ya que estamos con la trivia de “mirá lo que hizo antes este”, La banda sonora es de un joven James Horner, antes de que musicalizara otra de monstruos que se meten en el cuerpo y esta con mucha agua. Pero volvamos—

Porque nos quedan las otras cosas. Y eso es: el tema con los monstruos del título que, en realidad, escondían bastante más.

Porque, dijimos miles de veces que no hay que ver películas de hace cuarenta años con el lente hoy y lo vamos a sostener siempre. Lo interesante de la película de Peeters es que se puede ver con los ojos de ayer y encontrarle el mensaje.

Vaya este recordatorio a los que miran con desdén al género y lo ponen en un lugar menor, fascinándose con “los grandes temas” hablados con pelos y señales en dramas que cosechan laurelitos en los afiches.

Tras una revisada, podríamos decir que la película no tarda en empezar, matando a todos los perros de un pueblo en la primera parte del primer acto.

¿Un opening clásico de película de terror, de esos de “bueno, acá van a pasar cosas”? Puede ser, pero no tanto.

Porque si bien Monstruos del abismo es un poco el “tiene cuatro patas y ladra es un perro” de las películas de monstruos de finales de los años setenta y principios de los ochenta, hay varias cosas más que la hacen bastante única, pero empecemos por los problemas del rodaje.

O de la post en realidad, porque cuando Corman vio el primer corte de Peeters estuvo gratamente sorprendido pero sintió que le faltaba algo. Pensó que el contenido sexual no era “suficiente” para lo que el público podía esperar en esa época de un producto como ese.

Corman llegó a un acuerdo con Peeters en el que él iba a contratar a otro director para filmar escenas con un poco más de desnudez y agregárselas a la película, con su consentimiento.

Y acá empieza a haber distintas historias: la de Peeters que cuenta que le agregaron cosas sin consultarle y la de Corman que no fue tan así.

Lo cierto es que lo filmado; por un director no acreditado que no queda muy claro si fue Jimmy T. Murakami o James Sbardellati, que después iba a filmar en Buenos Aires El cazador de la muerte (Deathstalker, 1983) donde trabajó John Carl Buechler, inventor de los Ghoulies y ¿creador de Monguito? POR FAVOR DECIME CUANDO ES BASTA, EN SERIO; era más desnudos gratis que otra cosa, un poco de picante para que el público mordiera el anzuelo.

Bien ahí con la figura poética, teniendo en cuenta la naturaleza del film, eh (?)

Decía: el feud entre Peeters y Corman no terminó nunca. Él dijo, ella dijo. Ella pidió sacar su nombre de la película, algo que nunca sucedió.

Lo único cierto es que Peeters se refugió en la televisión de los ochenta, dirigiendo episodios de series como Cagney y LaceyMatt HoustonRemington Steele o Falcon Crest. Para principios de los años noventa se focalizó en la producción de documentales.

Pero volvamos a la película.

Entonces ¿es Monstruos del abismo, como puse más arriba una película hecha “la onda expansiva de Tiburón y la nueva oleada de cine de criaturas impulsada por Alien, el octavo pasajero” o algo más profundo?

Porque, si bien ya dijimos, quizás esté bueno reafirmarlo por acá: es una película dirigida por una mujer y esto, sobre todo en las épocas de las que estamos hablando no es menor y se convierte en mayor (si vale el juego de palabras) cuando parte de la línea narrativa de la película habla de vejaciones a las mujeres de este pueblo costero.

Hay un concepto que sobrevuela la película, que es por demás interesante: ese miedo “a morir” tan primario de las películas de terror solo es válido en el caso de los hombres en Monstruos del abismo. En el caso de las mujeres es que “las agarren”, algo muchísimo peor.

Porque, quizás no lo dije para retrasar el horror, lo que estos monstruos buscan es reproducirse.
¿Ves que capaz que no es solo una película de señores vestidos de salmón con trajes bastante buenos?

A eso sumale que, si bien el concepto es explotativo, la forma en la que se lo muestra es breve y no lo es. Se nota que, a pesar de la película que estaba dirigiendo, Peeters hizo todo lo posible porque fuera más que eso.

Que la directora sea mujer no es casual con el resultado final: la forma brutal (y a la vez “cuidada” teniendo en cuenta el contexto) con la que muestra lo que le sucede a las habitantes del pueblo pesquero lo puede hacer alguien que sabe de lo que puede ser realmente ese horror y no solo intuirlo.

Peeters, feud más o feud menos fue absolutamente necesaria para que, cuarenta años después le estemos encontrando un “feminismo accidental” (si es que vale el término) a una película que un chicotazo más de la onda expansiva de Tiburón y la nueva oleada de cine de criaturas impulsada por Alien, el octavo pasajero.

Y, dejando todo el paper de lado, también es un ejemplo muy sólido, teniendo en cuenta el ratio de costo beneficio, de lo inoxidables que son los efectos prácticos por sobre los digitales, pero esa es una discusión que vamos a empezar a tener dentro deAHORA, porque ya hay películas de hace diez años que costaron cien veces lo que costó esta que quedaron viejas.

Será posible que no te puedo terminar en una nota positiva uno de estos. Y bueh.

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