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207 – Analicemos el cine un año a la vez

Publicado el 4 de enero de 2024

Ya sé que debés tener los que te correspondan llenos de los balances del año que, como los pandulces en los chinos, cada año aparecen más temprano.

Hice el primer avistamiento de pan dulce el año pasado ¡a finales de octubre! y creo que la primera lista de “lo mejor del año” a finales del mes siguiente.

Cerrar el año a finales de noviembre es, como mínimo un signo de derrota de “¿Qué cosa puede aparecer para mejorarme esta existencia calamitosa?” pero quizás sea para otro momento.

Como quizás también lo sea pensar el por qué de una fecha tan temprana. Okey, en este mundo solemos ver las cosas antes por una serie de tejes, y sabemos lo que viene de aca a un mes o dos. Y ser el primero, aparentemente, sigue teniendo algún valor que no entiendo, incluso después de casi treinta años de estar acá escribiendo de películas.

Pero no venía acá a mostrar ningún pergamino muy, pero muy amarillento a esta altura. Venía a ver si, incluso con los balances aún no pasados por el sistema digestivo del todo, te daba ganas de hacer un juego que quizás repita en el futuro: ver el balance de un año del pasado con los ojos de hoy y entender de esa forma, quizás solo quizás, dónde estamos paradxs.

“Bueno, dale”

Ah, estás con unas ganas de vivir que te morís.

“Cuatro de enero, hermano”

Sí, en una de esas me extralimité. Pero vamos a intentarlo.

Y a riesgo de usar el tan gastado “verano del 82” del cual ya hablé en varias ocasiones, vamos a usar el más discutido “Verano del 99”

¿Dónde estabas vos en 1999? Quizás ni habías nacido. Las suerte que tenías. Yo estaba estudiando y escribiendo de películas y para la tele. Pero eso noe s importante.

Lo importante es que se empezó a a considerar a 1999 como el mejor año de películas de la historia reciente.

Sí, es un poco tirar la piedra y esconder la mano, pero juguemos un poco.

La teoría viene de un libro muy divertido de Brian Raftery que se llama Best. Movie. Year. Ever.: How 1999 Blew Up the Big Screen que marca los hitos y costumbres de Hollywood de ese momento.

“Ah, de Hollywood”

Bueno, ese es uno de los trucos de estos balances, y a la vez no me parece tan errado: si bien las cinematografías locales tienen sus propios bemoles, lo que sucede con el cine más yanqui es, en general, lo que mueve el negocio a nivel mundial.

“Arte o negocio”

Las dos, ya lo hablamos. Pero volvamos al punto. 1999.

Si lo tenemos que situar en la historia del cine, podríamos decir que “ni tan indie ni tan mainstream”

“Explicalo un poco más, hermano”

Bueno. El furor de la película indie que quería repetir el éxito de Tarantino o la violencia de Rodriguez o el intimismo de Hartley medio que estaba de capa caída. Habían pasado ya una década de éxitos de poca plata y el interés se estaba empezando a perder.

Quizás el mejor ejemplo de esto pasó justo dos años antes: fue cuando Miramax descubrió “el prestigio” en serio. El Oscar en serio con El paciente inglés (1996).

Sí, acá podemos discutir si querés de los tiempos ansiosos en los que vivimos, con A24 llegando a Moonlight (2016) mucho más temprano en un carrera que lo que tardó Miramax, pero no nos desviemos.

Pero, a diferencia de lo que podría pasar ahora donde “Ah, listo, funciona equis cosa, te voy a dar equis cosa toda igual y sin rebaba hasta que te quedas dormido o mueras, lo que pase primero”, había un porcentaje de experimentación. Un lugar donde los estudios veían a ver si tal o cual cosa prendía.

Y en ese experimentar es que muchas veces aparecieron películas de las que hablamos hasta el día de hoy… ¿Estás para una lista?

“Si no tengo más remedio”

1999 fue el año de, entre otras y sin un orden particular:

La vuelta de ciertos directores de renombre con títulos aún hoy recordados mucho y algunos no tanto, como Rescantando al soldado Ryan (Saving Private Ryan) de Steven Spielberg, Ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut) de Stankey Kubrick, La delgada línea roja (The Thin Red Line) de Terrence Malick, Una historia sencilla (The Straight Story) de David Lynch o Vidas al límite (Bringing Out the Dead) de Martin Scorsese; de talentos del indie que daban sus primeros pasos en algo un poco más grande como Election de Alexander Payne o Go! de Doug Lyman; de talentos del indie y el videoclip que se ponían pantalones más largos que los que se habían puesto ya como ¿Quieres ser John Malkovich? de Spike Jonze, Magnolia de Paul Thomas Anderson o Tres reyes de David O. Russell; de nombres establecidos de industria que seguían haciendo lo suyo como Un domingo cualquiera (Any Given Sunday) de Oliver Stone o Milagros inesperados (The Green Mile) de Frank Darabont, de revelaciones totales como Matrix de las hermanas Wachowsky; de OVNIs que habían bajado a la tierra de las películas sin mucha explicación como Sexto sentido (The Sixth Sense) de M Night Shyamalan o El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project) de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez; o de películas que veremos hasta el día de hoy como El club de la pelea (Fight Club) de David Fincher o El informante (The Insider) de Michael Mann, por solo hacerte una lista corta.

Quizás estas dos últimas sean especialmente importantes por una razón: sobre todo en la segunda, donde el mensaje era más lineal que en el primera, donde quizás era más fantasioso, había una crítica al mundo corporativo desde Hollywood.

Hoy nos puede sonar hasta ridículo que unos señores de traje critiquen a otros señores de traje, pero en ese momento, toda´via había una cierta vibra (quizás ayudada por el indie que todavía no había decidido morir) a rebeldía y aventura en el mundo de las películas caras.

Sí, 1999 también fue el año de Shakespeare apasionado y Belleza americana, pero seamos buenos que en todas las familias hay un drama (?)

Y acá podemos poner voz de tachero que se las sabe todas y decir “Y claro, antes las cosas…” y no estaríamos tan erradxs, porque la inmensa mayoría de esa lista, sacando quizás algunas adaptaciones literarias, eran propiedades intelectuales originales. Algo muy similar a lo que pasaba con las películas taquilleras de los años ochenta: nos pueden gustar más o menos, pero eran una idea que alguien había tenido, otro había confiado y había llegado a relativo buen puerto.

Qué maravilla 1999, ¿no?

No tanto, no: porque no todo era alegría y diversión. Una cosa se estaba asomando detrás de una ligustrina. No podemos ser giles y no decir que 1999 fue también el año de Jar Jar Binks.

Te voy a dejar que lo medites un segundo.

Y te voy a pedir que te saques los gratos recuerdos de la infancia de encima y lo analicemos juntos.

La vuelta de la franquicia de Star Wars, no vamos a mentir a nadie, fue muy esperada. Incluso por aquellos a los que medio que nos había pasado por el costado de chicos, había una expectativa.

En mayo de 1999 se entrenó Episodio 1: La amenaza fantasma (Star Wars: Episode I – The Phantom Menace) y, si bien muchos dijimos “esto fue peor que Los ositos cariñosos esos en la del 83″ el sistema de estudios, al igual que Miramax con El paciente inglés, terminaron como perro que mató una gallina: una vez que probaron sangre, no fueron los mismos.

Si bien el evento no fue una “sorpresa total”, por lo bien que habían ido los reestrenos de las originales un par de años antes o lo bien que se vendían los materiales del “universo expandido”, lo que pasó con esta película a la que, si ves hoy, quizás los gráficos de un juego de Playstation 2 le pasen el trapo fue descomunal.

Y es así como podemos fechar casi exactamente a mayo de 1999 como el comienzo de este nuevo blockbuster que estamos viviendo hoy.

¿Estás viendo con otros ojos a Jar Jar Binks?

Porque si mirabas antes, los tentpoles, o tanques, o como le quieras llamar, estaban dominados por estrellas de cine. “La de Tom Cruise, la de Julia Roberts” y así hasta la náusea. A partir de 1999, esos mismos casilleros en los rankings iban a estar ocupados por una “propiedad intelectual” que casi invariablemente venía del pasado. De algo que la gente “ya conocía”, de algo que “no había que explicar”, que “estaba todo dado”

Basta con tirarse en los rankings para adelante y ver cómo pasamos de actores convocantes a señores disfrazados en casi un abrir y cerrar de ojos, porque ahí pegados iban a aparecer los X-Men, Spiderman y, bueno, el universo cinematográfico ese y el que lo quiere ser y no le sale.

No sé, capaz la semana que viene tendríamos que hablar de 1998, a ver cómo llegamos hasta acá. Acá siendo 1999, claro. O no. Capaz no. Dejame acá abajo si te interYO CREO QUE SÍ.

Que empieces el año lo mejor posible.

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