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206 – Llega ese momento del año

Publicado el 28 de diciembre de 2023

Sí, era el balance del año, qué otra cosa.

“¿Por qué tanto misterio?”

Empecemos por decir lo de todos los años: sí, hay películas de 2022 y 2023, porque como siempre se consideran las “vistas durante el año”. Viste cómo es la cosa: muchas veces los tiempos de estreno —en una lista donde cada vez menos pasan por sala o lo hacen tardísimo— y ventanas de streaming y la esquina de Incas y Torrent y coso medio que los años se nublan. Entonces, como siempre: valen las de este año y el anterior.

Hecha la salvedad clásica, empecemos por los “peces gordos”, como Los Fabelman (The Fabelmans, 2022) de Steven Spielberg y El asesino (The Killer, 2023) de David Fincher, sigamos por las realmente sorprendentes como How to Blow Up a Pipeline (2022) de Daniel Goldhaber, Rotting in the Sun (2023) de Sebastián Silva o Sick of Myself (Syk pike, 2022) de Kristoffer Borgli, y terminemos con las “para los amantes del género” como M3GAN (2022) de Gerard Johnstone, Sick (2022) de John Hyams, Infinity Pool (2023) de Brandon Cronenberg, Háblame (Talk to Me, 2023) de Danny y Michael Philippou o Where the Devil Roams (2023) de la familia Addams.

Y sigamos por algo nuevo que me voy a permitir desde año que es el “qué v*rga le vieron, hermano” que no es un mensaje tanto a la película, que te puede gustar o no, sino a ciertos acuerdos no escritos entre la crítica y ciertos productos que, invariablemente, terminan llevando a algunos films a listas de fin de año y dejándonos bastante sorprendidos.

Sería muy tentador este año hablar de Barbie (2023) de Greta Gerwig o de Oppenheimer (2023) de Christopher Nolan, pero quizás el fenómeno pop del doble programa pudo más y quizás nos acordemos para bien o mal de “el año de Barbenheimer” así que salvadas por esta vez.

Ahora: ¿Y Bottoms (2023) de Emma Seligman? ¿Y Skinamarink (2022) de Kyle Edward Ball? ¿Y Beau tiene miedo (Beau Is Afraid, 2023) de Ari Aster? Y, por sobre todas las cosas: ¿y Past Lives (2023) de Celine Song?

Te juro que entiendo casi cualquier película que veo, pero la hinchada a todas estas, que bien podríamos definir como las “reíte como si hubieras entendido el chiste, porque hay unos críticos que también están haciendo eso y no te lo van a decir por miedo a quedar como unos boludos” me resulta absolutamente incomprensible.

Pero para qué gastar tinta (?) en eso, vamos con las cosas positivas, que por cierto fueron muchas. Tantas que, a diferencia de otros años, tenía una lista más larga que depurar.

Como parámetro: muchas veces termino con menos de veinte, y ordeno las diez que sí y las menciones. Este año la lista inicial estaba arriba de treinta y, como frutilla del postre, estuve poniendo y sacando cosas del tipo ten hasta último momento.

¿No estás de acuerdo con algo? Intercambiá con el de menciones y listo.

¿No estás de acuerdo con algo? Lo bien que hacés. Estas son las que me parecieron a mí, seguramente otras te parecieron a vos, y la principal gracia de todo esto es que tu opinión vale tanto como la mía.

La principal razón de estos balances es muchas veces, para nosotrxs cinéfilxs, ordenarnos y dejar una suerte de “en este año fue tal cosa”, como cuando los catálogos de los festivales locales se imprimían en papel –suspira– y para aquellos que lxs leen como un señalador de cosas interesantes que se pueden haber perdido durante el año.

Sí, muy conciliador, pero Past Lives sacámela de la lista, hermanx.

Empecemos de una vez:

10. Cerrar los ojos (2023) de Víctor Érice

Quizás el nombre no te suene de nada. Pero Victor Érice, responsable de El espíritu de la colmena (1973) y El sur (1983), entre otras, es una de las voces más importantes del cine español en su historia. Su nueva película, que pudo verse en Mar del Plata este año, marca su retorno después de más de treinta años. Y si bien podríamos decir que Érice, con un carrera algo errática es un poco “el Terrence Mallick gallego”, quizás no sea la mejor idea, porque acá, si no llegaste todavía, te vas a encontrar con un narrador sólido y maravilloso y no con salvapantallas de Windows XP.

9. Trenque Lauquen (2022) de Laura Citarella

Una película argentina. Volvé, dale. Una película argentina de más de cuatro horas. Volvé, en serio. No seas pelotudx, que si nos dejamos llevar por la manía de las publinotas que dicen como algo bueno la corta duración de una película, fallamos como sociedad. Trenque Lauquen, el tercer largometraje de Citarella, después de Ostende (2011) y La mujer de los perros (2015), marca un punto de madurez absoluto como narradora. ¿Un thriller? ¿Un film contemplativo? Por qué no las dos cosas y mucho más.

8. Do Not Expect Too Much from the End of the World (Nu astepta prea mult de la sfârsitul lumii, 2023) de Radu Jude

Una película rumana sobre “el cine dentro del cine” que se divide en dos partes y juego con el pasado, el rabioso presente y con la forma de narrar con imágenes. Si querías “una nueva” acá la tenés. Del director que nos trajo hace no mucho Sexo desafortunado o Porno loco (Babardeala cu bucluc sau porno balamuc, 2021) Bonus: ¿mencioné que Uwe Boll es uno de los protagonistas? De las cosas más extrañas que vas a ver en el año y, probablemente, en tu vida. Sí, las películas rumanas tienen la costumbre de durar más de dos horas y media en promedio. También la costumbre de meterte en un cine atravesado y absolutamente entretenido. 

7. Reality (2023) de Tina Satter

Una de esas películas chiquitas de directora debutante que te dejan pensando más de lo que deberían y te hacen pensar en qué van a dirigir después. Parte de ese “cine urgente” que a veces nos parece de más, en este caso es todo lo contrario. Un caso de hace poco tiempo, sosteniendo la ficción con grabaciones del caso real de una forma muy interesante. Tensa, como una cuerda que si se acerca te corta. Finalista del mundial de “creería que no puedo sentir pero después de ver esto, muchas gracias”

6. Anatomy of a Fall (Anatomie d’une chute, 2023) de Justine Triet

¿Un thriller? ¿Una película de juicios? Bueno, la verdad que no. Una película de personajes que viven un thriller y una película de juicios que, ojalá se vea mucho más de lo que se vio para que “lajente” se de cuenta que las películas a veces no tienen que terminar explicando todo para ser “buenas” o “garpar”. El cine francés siendo el cine francés para bien. En estas condiciones: por favor, gracias, de nuevo.

6. Los asesinos de la luna (Killers of the Flower Moon, 2023) de Marrtin Scorsese

Iba a poner “no podía no estar”, pero iba a sonar como que estamos obligados a decir que la nueva de Scorsese es buenísima por default. Y la verdad que no, no lo estamos. La nueva de Scorsese, que toma incluso más riesgos que El irlandés (The Irishman, 2019) a la cual en su momento definimos por acá –o por el podcast, no recuerdo a esta altura– como “el cine agarrándose de una rama colgando de un acantilado”. Scorsese saliendo de su zona de confort y poniendo una protagonista femenina fuerte, una historia de su país contada en un mundo más amplio que el que generalmente maneja y varios perks más. Ojalá los streamings tengan siempre un resto para pagar este tipo de proyectos hoy imposibles en el sistema de estudios clásico.

4. Los delincuentes (2023) de Rodrigo Moreno

Y aún otra película argentina. Volvé. De tres horas y pico. Volvé, te digo. La enviada por la Academia para competir por el Oscar a mejor película extranjera. Un guiño a la línea argumental de esa obra maestra (acá sí) que es Apenas un delincuente (1949) de Hugo Fregonese, que no es más que el punto de partida para un viaje (real y metafórico) que cuando pensamos que va para acá, inmediatamente volantea para allá. Un juego de espejos que nos muestra que un thriller o un policial rápidamente puede convertirse en una comedia negra de enredos y no dejar de ser lo que venía siendo. Ojalá Moreno haga películas más seguido. Las necesitamos.

3. Master Gardener (2023) de Paul Schrader

Sí, está más arriba que la de Scorsese. ¿Por qué? No hay por qué. O sí, en realidad. Me parece que el gesto que Schrader viene teniendo que armar su nueva trilogía del lobo solitario con muchos menos recursos que los de Netflix y Apple es una gesta patriótica de proporciones épicas. ¿Qué trilogía? La que esta película completa con First Reformed (2017) y The Card Counter (2021). Las tres juntas capaz que te arruinan la vida por completo, pero ir de a una cada tanto si no habías llegado a ellas, no creo que te mate y va a ser esa o las tres buenas razones para amar incluso más a nuestro usuario de Facebook favorito.

2. Cuando acecha la maldad (2023) de Demián Rugna

La nueva película de Rugna no podría haber caído en un mejor momento: justo para cuando esos púberes que han despertado a la política gritaban en redes “con da pdata de miz impueztoz”, una película bancada enteramente por el INCAA y con un presupuesto muy modesto juntó cientos de miles de espectadores en cines y con la película disponible en los torrents incluso antes de su estreno. Cuando acecha la maldad es mucho más que un compendio de escenas crueles y con el volumen en 11: logra una cohesión que, creería, nunca se había visto en nuestro cine de horror reciente y nos hace pensar, sobre todo si pensamos en la anterior, que lo de Rugna no es una casualidad sino un adelanto de lo que va a ser. No puedo esperar.

1. Mantícora (2022) de Carlos Vermut

Difícilmente haya una película que cale más hondo, que sea más tiempista y atemporal que la última de Vermut, un director con una filmografía donde “no hay una mala”. la proeza que logra con Mantícora no es menor: además de ser un ejercicio de hacerte sentir como el orto con una altura total –hacerlo sin altura es muy, pero muy fácil– sino que habla del presente absoluto en una película que da la sensación que jamás va a quedar vieja. Si Vermut no empieza a nombrarse junto con Lantimos y los hypeados que sobrevivan a la segunda o tercera película, la verdad que no entiendo más nada.

Habrás notado que hay tres películas argentinas en el top ten, algo que no suele ser muy común, o por lo menos no en mis listas. Y quizás, si no estás en el día de las cosas, no sepas que: son tres películas con modalidades de producción bien distintas: una película hecha enteramente con plata del INCAA (la de Rugna), una de financiación mixta y filmada a lo largo de los años, literal (la de Moreno) y una sin dinero estatal y aporte europeo (la de Citarella)

Hago este análisis porque en tiempos donde pasan las cosas que digo en el puesto número dos, en una de esas es necesario andar aclarando.

¿Cuántas del top ten las vimos (o pudimos ver) en sala? Bueno, hay tres argentinas, que te sube siempre el promedio, pero con tres que reavivan el orgullo catastral, cuatro.

Sí, hay cada vez menos esperanza en ese lado de las cosas, pero no seré yo el que te venga a bajar la moral porque lo importante, quizás, sea pensar que es un año donde había más películas para pelearse por un puesto que otros, lo que siempre va a ser buenas noticias. Lejos están los años donde podíamos hacer un top ten de películas de sala y otro de las vistas por ahí.

Ay, me dio saudade.

Hasta el año que viene, que es ahora, ya.

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