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205 – Y aún otra Navidad se asoma detrás de una ligustrina

Publicado el 21 de diciembre de 2023

Bueno, viste como es. Viene esa época del año que comemos comida de invierno en verano, esperamos a las doce haciendo fuerza para que un tío no recuerde a la dictadura con cariño y el otro tío, ese que nunca se casó, se vaya a la escalera a llorar en silencio.

Qué sé yo, cada familia es un mundo. No me voy a meter con la de nadie.

Lo cierto es que hay bastantes personas que capaz ya no creen en Papá Noel —vamos, esto no es la radio, donde por la remota posibilidad de que haya alguien llevando la bendi a algún lado en el auto está prohibido decir que no existe. De hecho, en la radio y la tele, el viejo barbudo no se va a morir nunca— pero sí gustan del festejo, de comer hasta quedar dadxs vuelta, de los regalos y, acá viene la parte fuerte, de ver películas con temática navideña.

Y sí, podríamos usar, como ya venimos festejando juntxs hace como cuatro años, las películas de los años anteriores y quedarnos piola, pero un pensamiento me atacó la semana pasada.

“Se viene un cómo puede ser que—”

— a esta altura de la soirée no haya hablado de esta obra maestra.

“No hay tantas obras maestras, lo dijiste la semana pasada o la anterior”

Y lo sostengo, creo que fue el martes, pero andá a saber a esta altura. Esta película de la que vengo a hablar —algo ansioso, podría haber esperado un año más y festejar su aniversario sesenta, pero viste que acá el calendario solo para los festivales, Navidad y el balance del año, y hasta ahí— no es ni por asomo una obra maestra, pero capaz te puede salvar la vida si tu festejo se parece a ese con los dos tíos del que hablé hace un par de párrafos.

Porque es momento de difundir la palabra (?) de contar una historia colorida y, quién te dice, que llegues a una película imposible que es tan ubicua por temas de derechos que sería una vergüenza que no hayas visto.

“Que diga el título de una vez o me inmolo”

Santa Claus conquista a los marcianos (Santa Claus Conquers the Martians, 1964) de Nicholas Webster. ¿Estás contento, Walter Nelson?

Sí, puede que el título no te suene, puede que el director tampoco y puede que no esté a la altura de las películas navideñas de las que ya hablamos en años anteriores—

O puede que no. Y que todo lo anterior pueda leerse como “puede que sí” porque si hay algo que no hacemos acá en Míralos Morir es sacarle el culo a ninguna jeringa.

Sí, el título debería ayudarte a hacerte una idea de a lo que te estás enfrentando, el típico producto de explotación de los años sesenta y setenta que enfrentaba a personaje conocido con otro sin pagar ni medio derecho en la puta vida: Billy the Kid vs. Dracula (1966), Jesse James Meets Frankenstein’s Daughter (1966) ambas de William Beaudine o Dracula vs. Frankenstein (1971) del querido y malogrado Al Adamson.

“Voy anotando”

Lo bien que hacés. Te estoy salvando las fiestas y el año nuevo.

La primera noticia que se tiene de la película —de la que, la verdad, hay poca información concreta— es una noticia de producción en en Los Angeles Times en 1963, que muy jocosamente se sorprendía diciendo “Santa Claus conquista a los marcianos. No se rían: alguien está filmando una película con ese título”

Sí, no suena al comienzo más auspicioso, pero seguramente si leíamos el títulos completo de El romance del Aniceto y la Francisca (1967) de Leonardo Favio —que, por si justo no lo sabías” es “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…“— antes de verla nos hubiéramos reído también.

“¡El punto!”

El punto es que ese “alguien” que nombraba el LA Times no era otro que un señor lleno de ganas e inquietudes —siempre es así por estos lares— llamado Paul L. Jacobson.

Y, nuevamente, puede que su nombre te suene de nada, porque no naciste en Estados Unidos —o eso creo, mayormente, bah— y no viste de chico el show de Howdy Doody.

Howdy Doody te suena seguro, hacete un search en Google Imágenes y vas a decir—

“Aaaah”

¿Ves? El punto es que el show de Howdy Doody y Jacobson —que era un productor en una larga lista— le pareció que el paso lógico siguiente en su carrera era seguir por la senda infantil, pero de manera independiente.

Su lectura del mercado decía que los únicos que hacían productos para chicos en Navidad eran los de Disney —que estaba medio entrando, si no había entrado ya, en ese período oscuro de live actions para nadie— y que lo que Disney ponía en pantalla no eran “familias reales”

Qué querés que te diga, la lectura no estaba mal. Lo que había que hacer con esa lectura, bueno, por eso estamos acá, casi sesenta años después hablando de esto.

Decidido a tomar el asunto con sus propias manos, Jacobson metió todos sus ahorros en alquilar un estudio en Long Island y en empezar a trabajar con un guionista —el ignoto al día de hoy Glenville Mareth, que solo escribió esta película— sobre la idea que había tenido.

Bueno, quizás no alquiló un “estudio estudio”, quizás alquiló un hangar abandonado al que llamó “estudio”, pero eso sería contar las costillas y no estamos acá para eso. Menos casi sesenta años después, como te dije hace un rato.

Mientras Mareth escribía su obra maestra, Jacobsen empezó a contratar actores de Broadway —muchos de los cuales no había actuado para la cámara en su vida, algo que quizás se nota viendo la película, y entre lxs cuales había una niña de nombre Pia Zadora, que hace su debut en el cine— y a armar un equipo técnico de “gente de tele” con la que había trabajado.

Tan “de tele” era la cosa, que para dirigir llamó a Nicholas Webster, a quien nombré más arriba, un director con mucho expertise en televisión periodística y eventos en vivo, pero nula experiencia en ficciones. Al punto que, como en el caso de Mareth, esta es su única película.

Sí, quizás Jacobson no había pensado todo esto tanto como había pensado lo de Disney pero, de nuevo, ¿quiénes somos nosotros para andar juzgando? Y sobre todo al pobre de Paul L, de quien Santa Claus conquista a los marcianos, no sé si lo mencioné, al igual que Mareth y Webster, es su única película.

“En qué me metí”

Ya estás acá. Te quedás.

No se sabe mucho del rodaje, pero viendo el producto final —muchos planos que parecen filmados en “colas” de material que habrán resactado de algún lado, vestuarios que recuerdan a un acto del colegio, actuaciones que ojalá recordaran a eso y varias delicias más— podemos inferir que fue “accidentado”

Por si te morís de ganas de saber de qué se trata antes de correr a verla —no pretendo menos de vos a esta altura—, quizás esté bueno contar de qué se trata: los marcianos adultos, hartos de que sus niños miren televisión de la Tierra que les mete ideas en la cabeza (?) deciden secuestrar a Papá Noel y a dos nenes —no queda muy claro por qué— para que les entregue los regalos a sus hijos.

“Haberlo dicho antes”

Yo te dije que se ponía bueno. Para el momento del estreno, Jacobson, que ya se había gastado todo lo que tenía llamó a Joseph E. Levine para que lo ayude.

Levine, un filántropNO, MENTIRA: UN PRODUCTOR Y DISTRIBUIDOR EXPLOITATION le hizo un súper póster y se dispuso a estrenarla con su compañía Embassy (luego AVCO Embassy) primero localmente, y luego más nacionalmente en noviembre de 1964. Empezó por Chicago y luego… bueno, el mundo.

La crítica no ayudó pero ellos tenían gimmicks y regalos para los chicos que fueran a verla y rápidamente, en palabras de la distribución local, “hizo la plata”

Tanto fue esto así, que Levine luego de que pasara la temporada navideña, la reestrenó en el 65 y el 66. Después de dos reestrenos, el sueño de Jacobson podía dormir el sueño de los justos.

Y esto fue así hasta mediados de los años noventa, donde un programa de cable descubrió la película en una pila de films en dominio público de los que se nutría para que unas extrañas marionetas los vieran y comentaran.

Hablo de Mystery Science Theater 3000, por supuesto.

Tal fue el suceso de la transmisión de MST3K, que el público empezó a buscar la película, y los distribuidores de video de la época —y de las épocas que vinieron después— no tardaron en empezar a comercializarla en las más variadas calidades.

No fue sino hasta la llegada del DVD y luego del BluRay que la película tuvo el transfer que se merecía y hoy puede verse por todos lados —literalmente, está en dominio público— en una calidad preciosa.

Como pasa con estas cosas, la película ganó un seguimiento “de culto” —ya lo empiezo a poner entre comillas, porque cuando ves a los que la siguen medio que te querés morir— y tuvo al menos dos adaptaciones a teatro musical.

Quizás la mejor noticia que no se terminó materializando llegó a principios del siglo veintiuno, cuando corrió el rumor de que David Zucker —sí de los Zucker Abrahams Zucker— estaba trabajando en una adaptación de la película con Jim Carrey como uno de los marcianos.

Esta remake —a la que podríamos llamar una “remake del sí”—, por lo menos hasta ahora, nunca se hizo.

Pero viste como es, la esperanza es lo último que se pierde.

Feliz Navidad.

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