Skip to content

199 – Una entrega muy ninja

Publicado el 10 de noviembre de 2023

Nunca fui un gran fan del cine de artes marciales, pero lo consumí un montón.

“No entiendo”

Tiene una explicación perfectamente simple: como me dijo un amigo una vez en referencia a algo que hacía a disgusto que no viene al caso “Vos tenías que estar ahí”

“Vas a tener que explicarlo mejor”

Justamente. Ahí viene: crecer en los ochenta / noventa fue muy difícil.

“Bueh, el violín más pequeño del mundo”

También. Pero no en ese sentido. Decía: era muy difícil escaparle al kung fu craze mundial que se había establecido —como ya contamos antes, pero refresquemos apenas un poquito— durante la corta vida y sobre todo tras la muerte de Bruce Lee en los años setenta y que había tenido distintas oleadas, una muy pero muy fuerte a mediados de los años ochenta que duró más de lo que cualquiera hubiera podido —o incluso querido— imaginar.

Esta fiebre por el cine de artes marciales, que una vez el querido Seba De Caro bautizó como “el verano de los ninjas” era difícil de evitar.

Solo para ilustrar: se vendían estrellas ninja y los niños las compraban.

Sí, obvio que había con sopapas en las puntas que de pedo se pegaban en un vidrio después de pasarle la lengua a todas las posibilidades—

Un beso grande a lxs que hablan bromatología en Instagram, qué suerte que no había redes sociales en esa época.

— pero siempre había de esos psicópatas en las escuelas que llevaban las de verdad. Qué habrá sido de sus vidas, seguramente trabajan en marketing ahora. No me quiero desviar, pero si completar: había un camino intermedio en la estrella ninja, que era cortar un cartón con las cuatro puntas y forrarla con cinta scotch. Y te digo que te podías sacar un ojo casi tanto como con la verdadera, pero no soy madre de nadie así que ese terror nunca lo tuve.

“A dónde mierda está yendo esto”

Lo bien que hacés en preguntar. Voy a que: jamás me importaron del todo las películas de artes marciales, pero me hice una estrella ninja con cinta scotch en la primaria. Porque FOMO, porque presión de pares y porque todo eso que hoy alimenta que subas un brunch a redes antes de tomártelo.

Pero no era solo el colegio: era el mundo. La palabra “ninja” era algo ubicuo. Se agregaban ninjas a tramas que quizás no las tenían dos meses antes de empezar a rodar, como seguramente sucedió con la segunda parte de Brigada Explosiva (1986): Brigada explosiva contra los ninjas (1986)—

Sí, dos en un año: una para vacaciones de invierno y otra para las de verano. En fin. Volviendo—

— hasta actores ganadores del Oscar practicaron las artes marciales en nuestro cine con la saga de Extermineitors, pero quizás lo más importante de todo: se reestrenaron millones de películas de los años setenta y ochenta, con cambios de títulos que incluyeran la palabra “ninja”

Tanto era esto así que a principios de los años noventa Canal 9, que por aquel entonces estaba entre “los que competían por el oro” tenía un ciclo ¿los sábados? ¿domingos? a la tarde que se llama Artes marciales y que pasaba, a modo de un extraño Sábados de súper acción tres o cuatro —o eso recuerdo— películas de karate, kung fu, o lo que fuera seguidas.

Eran en general esas oscuras películas hongkonesas de los años ochenta con el doblaje fuera de sincro y bellezas similares. En un mundo de cinco canales donde todavía la tele de aire pesaba porque el cable aún no era lo que terminó siendo, todos veíamos Artes marciales.

“Bueno, y entonces”

La verdad que sos bárbarx, porque me das los pies justo. Entonces, breve flashforward.

“Upa”

A mediados de los noventa, o por ahí quién anda haciendo la cuenta exacta, las visitas a Mondo macabro de casi cualquier interesado en cine más o menos a contramano, debían ser frecuentes.

Era ahí que uno muchas veces se encontraba con cosas que iban apareciendo cortesía de una editora española de video de la que me voy a detener a hablar por un instante.

Sí, obvio que hablo de Manga Films.

“Ay”

Sí, sabía que te ibas a emocionar. La cosa era más o menos así—

Manga Films y su subsidiaria Manga Video habían visto el filo a tiempo: compraron los derechos de la serie animada de Dragon Ball en España y bueno, el resto es historia.

Se convirtieron con los años en una de las distribuidoras y editoras de VHS que se ocupaban del cine oriental y de todo aquello que se saliera un poco de la norma.

No sé, la primera película de la saga de Torrente, Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), la consumimos en un VHS de Manga Video.

Como parte de esa oleada de copias de copias de VHS en Mondo Macabro o, si andabas bien de plata, de VHS originales españoles comprados en Camelot—

Pausa dramática.

— apareció por aquel entonces una extraña película de artes marciales que se llamaba, en su título de video La historia de Ricky (Riki-Oh, 1991).

Si nos guiamos por la contratapa de su edición en VHS de Manga Video para su subsello Hecho en Hong Kong, que generalmente incluía éxitos de acción que se estaba empezando a apreciar en occidente en ese entonces —películas de John Woo, Tsui Hark, Ringo Lam, etcétera— lo que pasa en la película es:

“Basado en el manga “Ricky Oh”, este film es una auténtica fiesta para todos los amantes del gore. La acción transcurre en el año 2002 cuando Ricky es enviado a una prisión futurista por equivocación. Allí, no puede controlar su ira ante el cruel trato que los presos reciben de Cobra, un malvado guardián cuyos compinches son los peores elementos de la prisión. Cuando Ricky empieza a investigar, sus amigos aparecen brutalmente apalizados y habiendo sido torturados hasta morir.”

Ahí tenés el SIC más grande de la Tierra.

Pero La historia de Ricky es mucho más que eso, y hay una palabra en esa sinopsis de VHS que debería haber funcionado como un llamador para vos.

“Cobra”

Bueno, no.

“Fiesta”

Tibio.

“Gore”

Cooorrecto.

Y no es solo gore. Es mucho más que eso, porque quizás haya que meterse con el manga del que se habla en esa misma venta de VHS de hace más de treinta años.

La historia de Ricky está bada en Ricki Oh, un manga de Masahiko Takajo y Saruwatari Tetsuya que salió entre el 88 y el 90 y que fue luego editado como OVA (cada vez que hablo de estos temas no puedo dejar de pensar en Sabattini) y llegó a tener 12 volúmenes en papel.

Contaba la historia de Ricki, un artista marcial con una fuerza sobrehumana, con manos capaces de atrasear paredes o incluso la carne de sus contrincantes.

¿Vos entendés para dónde estoy yendo, no?

“Sí”

¿Querés seguir por esta ruta? Mirá que ahí justo hay un retome.

“Estoy”

Bueno, vos lo pediste: La historia de Ricky es Mal gusto (Bad Taste, 1987) de Peter Jackson, pero con artes marciales, y nada de esto sería posible sin la actuación de Fan Siu-Wong.

Fan Siu-Wong era, por ese entonces, una estrella en ascenso, pero la historia es un poco más complicada.

Fan Siu-Wong es hijo de Fan Mei-sheng, un actor legendario de las películas de los hermanos Shaw. Desde pequeño, fue enviado a aprender gimansia y artes marciales y para cuando casi era mayor de edad actuó en una película que lo convirtió en una hot property: Stone Age Warriors (Moh yu fei long, 1991)

Y acá la cosa se pone medio especulativa pero es divertida: Siu-Wong declara que recién llegado al aeropuerto de Hong Kong, llegando al país por otro ofrecimiento, unos señores de Golden Harvest—

Por si hiciera falta aclarar, un estudio hongkonés histórico, responsable de muchas de prácticamente todo el cine que Bruce Lee filmó allá, de las de John Woo, y de casi todo lo que te puedas imaginar, fundado por dos que se habían ido de trabajar con los hermanos Shaw y se abrieron solos: Raymond Chow y Leonard Ho.

— se le acercaron y le propusieron el protagónico de la película y él aceptó sin saber de qué se trataba.

Sí, no cierra por ningún lado, pero bueh.

Siu-Wong se convirtió en Ricky, su padre hace de su padre en la película y el resto es historia.

La carrera de Siu-Wong no fue precisamente meteórica después del estreno —más de eso en un instante— y se convirtió más en un galán de telenovelas que en el próximo Jackie Chan.

¿Y cómo le fue a la película?

“Eso, dijiste que en un instante y acá me tenés esperando”

Bueno, la película recibió una calificación de Categoría III en el mercado hongkonés, algo que estaba reservado al submundo del cine erótico y demás menesteres. Algo que le lastimó la taquilla, pero le hizo crecer el culto posterior.

Porque, al igual que llegamos a ella por la edición de Manga Video, otros mercados fueron enamorados por la pasión de Ricky de ahorcar a sus víctimas con sus propias tripas en formato magnético.

La caja de Manga Video, y esta foto que encontré en un internet de uno que vende —o vendía, no sé de cuándo será la publicación— su copia por solo cinco euros exhibía orgullosa el logo de Categoría III—

— algo que empezó a funcionar como un silbato de perro para un público muy determinado. Una suerte de algo malo que se convirtió en algo bueno.

“Como el ying y el yang”

Andá a saber, pero puede que sí.

Lo mejor de todo es que no tenés que hacerle una oferta por cinco euros al gallego que se debe querer desprender de su copia y verla en 480p con problemas de tracking, porque la podés encontrar por ahí en un HD precioso.

¿Es este el tipo de entretenimiento que deberías perseguir?

Bueno, no voy a ser yo el que te de consejos.

Compartir