Skip to content

198 – Otro de la ciudad balnearia

Publicado el 3 de noviembre de 2023

Ya se ha vuelto una sana costumbre de este pasquín hacer esto cuando empieza o está por empezar noviembre, porque es cuando se desarrolla por unos diez días —a veces menos, pero bueh— el El Festival de Cine Internacional de Mar del Plata, que como todo relato épico, sigue “haciendo lo que puede” por seguir con las luces encendidas, pero—

Más de eso más adelante.

Si nos remontamos a un año atrás, recordarás que peinaba el catálogo con una precisión orinetal y, pasados los años —que coincidieron con el bafici de este año— me di cuenta que para leer el catálogo basta con que te lo bajes de acá —bien te vendría hacerlo para sacar tus propias conclusiones— y que quizás lo mejor que puedo aportar desde acá es brindar un recorrido subjetivo.

Un “lo que yo haría” a lo largo de los días del festival, que este año se desarrolla desde el 2 al 12 de noviembre. Sí, ya ya ya mismo.

Las reglas para sobrevivir a un festival de cine las hemos contado miles de veces por acá, pero el público se renueva, copipego textual:

“Esta guía de supervivencia es algo que me armé yo con los años y que me rinde a mí, no necesariamente es para todo el mundo: agarrar el catálogo, marcar las que nos interesan, agendarlas de modo que no se pisen y sacar entradas.

Ya si se quiere vivir como un profesional, si hay una película de la que no estamos segurxs y se pisa con otra, sacar entradas para ambas —teniendo en cuenta las sedes— para poder “escapar” a la otra en caso de que la situación lo amerite.

Y, como siempre, cualquier festival es una buena oportunidad para ver en sala películas que de otra manera suelen ser accesibles. Las nacionales, sabemos, suelen tener suerte esquiva si no frecuentamos en Gomón, así que el clásico addagio de “las nacionales a la larga las terminas viendo” a veces aplica y a veces no.”

Listo, ahora sí podemos seguir adelante.

La verdad que no tengo idea desde dónde leés esto, no tengo tan pormenorizado el mapamundi de esto, pero si no tenés ni media chance de viajar a Marpla, quizás esta lista sirva como una cápsula del tiempo. Una suerte de torrents del futuro pasado, si entra la analogía.

El festival tiene siete competencias, entre cortos y largos, un panorama, varias secciones fijas (muchas muy perjudicadas), varios focos, algunos homenajes y nada muy distinto a otras veces.

Quizás acá sea el momento de decir que homenajear a Adolfo Aristarain con Un lugar en el mundo (1992) y Martín (Hache) (1997) parece más un chiste que un homenaje, pero va en gustos.

No seré yo el grinch de este festival, así que empecemos con una recorrida posible de —creería, si conté bien— veinticinco películas, en orden de aparición en el catálogo:

Fallen Leaves (2023), de Aki Kaurismaki

La película de apertura es Hombre de la esquina rosada (1962) de René Mugica en una copia aparentemente restaurada y la de clausura, que quizás nos interesa más es la nueva del finlandés favorito de todxs. Y es, como no podía ser de otra forma, una ¿historia de amor? entre esos personajes casi sin vida que a él tanto le gusta filmar. Si nunca te acercaste al cine de Kaurismaki, hacelo sabiendo que tenés que entrar en ese ritmo y, una vez que lo hagas, tu vida va a ser exponencialmente mejor.

Elena sabe (2023) de Anahí Berneri

Sexta película de Berneri, de quien podemos recordar fácilmente Un año sin amor (2005), o más recientemente Alanis (2017), adaptando, quizás, la novela más atravesada de Claudia Piñeiro. Una madre investiga la muerte de su hija mientras lucha contra un Parkinson que la va conquistando lentamente. Suena lo suficientemente intrigante, no sé qué pensarás vos.

No voy a pedirle a nadie que me crea (2023) de Fernando Frías de la Parra

Tercera película del mexicano Fernando Frías de la Parra, de quien quizás recuerdes Ya no estoy aquí (2017) que estuvo nominada a los Goya. Un policial con un triángulo narco entre México y Barcelona con la participación de —atentx al orgullo catastral— nuestro Juan Minujín. Quizás sea pertinente aclarar que es una producción de Netflix, con lo cual posibilidades de verla después habrá, pero queda para los torrents del futuro pasado en todo caso.

Partió de mí un barco llevándome (2023) de Cecilia Kang

No sé si te acordarás de Mi último fracaso (2016), la primera película de Kang como directora exhibida en este mismo festival años atrás. En este caso, se mete con un documental sobre las llamadas “mujeres de consuelo” de la Segunda Guerra Mundial, que no eran más que mujeres esclavizadas a merced de los soldados, e intenta reconstruir su historia por una serie de cartas y testimonios. Como dato de color, la película es coproducción argentina singapurense.

El castillo (2023) de Martín Benchimol

“Primera película” de Benchimol, que ya había codirigido los documentales La gente del río (2012) y El espanto (2017), que en este caso se mete solito en la historia de dos mujeres que heredaron de manos de la dueña un castillo en el medio de la nada, prometiendo que nunca lo iban a vender, generando en esa promesa un problema mucho más grande que el que esperaban. Con cierto tufillo a Grey Gardens (1975) de los hermanos Maysles quizás sea un piletazo interesante.

Las cosas indefinidas (2023) de María Aparicio

Tercera película de la directora cordobesa que ya hizo Las calles (2016) y Sobre las nubes (2022) y es una de esas de las que no podemos escapar los que amamos el cine, porque es sobre el propio oficio. Del montaje, más específicamente, de esa noble tarea silenciosa que da vida a un montón de planos ahí apilados. En este caso, es la historia de una montajista con crisis de identidad, lo cual lo hace sonar más a un documental que a una película narrativa (?) aunque es lo segundo.

Los colonos (2023) de Felipe Gálvez

Primera película como director del chileno Galvez, que tiene algún que otro corto exitoso en su haber y trabajos en varios rubros técnicos anteriores. Y no se mete con una tarea simple en su primera película: retratar la misión de “limpieza de pueblos originarios” del terrateniente español José Menéndez con una motley crue que reclama esas tierras cedidas por el estado. Una cruza entre cine de denuncia y western chileno. ¿Cómo debería llamarse el western chileno? ¿El caldillo western?

Lava 2 (El nuevo Show del Narciso) (2023) de Ayar Blasco

¿Cómo no va estar acá cada vez que se pueda, recomendada, la nueva película de Ayar Blasco, uno de los personajes más personales del cine —si lo querés llevar a la especificidad del “de animación”, adelante— en nuestro país? En este caso la secuela a Lava (2019), donde siguen los invasores tecnológicos y el absurdo al que Blasco no tiene acostumbrados desde los tiempos de Chimiboga. Siempre es una alegría abrir el catálogo y que esté.

Los tonos mayores (2023) de Ingrid Pokropek

Primera película de Pokropek, que viene del campo de la dirección —Trenque Lauquen (2022) de Laura Citarella está en su currículum— es ¿fantástica? ¿realista con un elemento fantástico? Una chica a la que le implantan una prótesis y empieza a recibir mensajes y sonidos que no saben muy bien de dónde vienen. No sé, vos, pero yo ya compré.

Vera y el placer de los otros (2023) de Romina Tamburello y Federico Actis

Una coming of age por demás extraña, donde una adolescente le roba las llaves de los departamentos que su madre, agente inmobiliario tiene para mostrar a potenciales compradores y los alquila por turnos a otros adolescentes por horas para que puedan vivir su sexualidad. Esto pesa sobre ella y hace que, justamente, sea una coming of age —como dije más arriba— algo atravesada. Primera película en conjunto de Tamburello y Actis, que tienen cortos y largos por su lado.

Orlando, ma biographie politique (2023) de Paul B. Preciado

Que le hayan ofrecido hacer una película sobre su vida a Paul Preciado, unx de lxs pensadorxs más enigmáticos de nuestros tiempos y que haya respondido con que quería adaptar Orlando, una biografía de Virginia Woolf, ya suena lo suficientemente intrigante. Si hay un piletazo en este catálogo probablemente sea este. Si hay una película a que después quizás no sea tan fácil de llegar, sin dudas es esta. Quedás avisadx.

Le Livre des solutions (2023) de Michel Gondry

Hay una nueva de Michel Gondry, a quien quizás le hayas perdido un poco el rastro después de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004) y quizás no estés tan equivocadx. Pero en una de esas sí estás —y estamos— equivocados y esta película sobre un director de cine con crisis de personalidad, en una de esas, es mejor que esa que hizo con Gael García Bernal. Perdón por el flashblack choto.

Eureka (2023) de Lisandro Alonso

La nueva de Lisandro Alonso, una épica de dos horas y media filmada en las locaciones en las que Sergio Leone filmó su trilogía de los dólares y en varias locaciones a contramano más se construye como una suerte de ¿western? ¿película existencial? ¿película imposible? Nunca se sabe con Alonso, pero una cosa es cierta: siempre puede haber una sorpresa en esa sala que se proyecte.

La práctica (2023) de Martín Rejtman

Hay una nueva película de Martín Rejtman, que ya debería ser motivo suficiente para que los que amamos su cine estemos por demás contentos y es la primera en más de diez años. Sí, Rejtman, como sus personajes, se toma su tiempo. De lo poco que se sabe: una serie de personajes poco ortodoxos con unos traumas por encima de la media y una serie de peripecias. ¿Volvió el Rejtman de la gente? Yo ya prendí todas las velas.

La sociedad de la nieve (2023) de Juan Antonio Bayona

La versión de Bayona (director de, entre otras, El orfanato (2007)) sobre la llamada tragedia de los Andes donde unos rugbiers uruguayos, bueno, ya sabemos. Interesante elección de director, teniendo en cuenta que el esfuerzo anterior sobre el tema (Viven (Alive, 1993) de Frank Marshall) era bastante edulcorado. No, no espero que suene la banda sonora de Riz Ortolani hecha especialmente para el mítico film de Ruggero Deodato que no será nombrado, pero espero un poco más que de la de Ethan Hawke.

Poor Things (2023) de Yorgos Lanthimos

Sí, la nueva de Lanthimos también está dentro del panorama de autores. Sí, la nueva de Lanthimos se estrena —por lo que se pudo escuchar, algo tardíamente, lo que nos haría presuponer que, una vez más, y como le viene pasando a él y a Ari Aster, la esquina de Incas y Torrent le va a ganar en la pulseada. Quisiera creer, igualmente, que una de Lanthimos es para esperarla en sala y, si sos de lxs ansiosxs que viajan, enorme oportunidad.

Retratos fantasmas (2023) de Kleber Mendonça Filho

Si me decís cuál es la única película que realmente quiero ver en esta lista, no dudo un segundo en decirte que esta, la cuarta película de Kleber Mendonça Filho, que ya nos regaló una genialidad detrás de otra: O Som ao Redor (2012), Aquarius (2016), Bacurau (2019) —codirigida junto a Juliano Dornelles— y quizás una de las voces más interesantes del cine brasile´ño actual. En este caso, Mendonça se mete con un tema muy cercano a su corazón: los cines que conocimos cuando éramos chicos, su ritual y cómo están ahora viviendo como esos fantasmas del título en su Recife natal. Sin haberla visto, te firmo donde quieras por esta.

Un pájaro azul (2023) de Ariel Rotter

Nueva película de Ariel Rotter, que se centra en una pareja que intenta tener hijos y el drama sobreviene por otro lado. Rotter, sobre todo desde La luz incidente (2015) se convirtió en uno de esos directores a los que hay que prestarle especial atención y si bien, suponemos, será una película con estreno comercial, nunca está de más asegurarse una visión en sala.

El pensamiento analógico (2023) de Paulo Pécora

Una película sobre el mundo del cine analógico, es decir: con objetos no digitales de la mano de Paulo Pécora, uno de los más fervientes defensores del mal llamado “paso reducido” —hablamos de películas rodadas en 8 y 16mm—, que promete ser un recorrido íntimo por un mundo lo suficientemente íntimo.

Las ausencias (2023) de Juan José Gorasurreta

Gorasurreta es un cineclubista histórico radicado hace años en Córdoba. En esta película habla de su amor por el cine, por difundirlo y varias obsesiones más. Sí, otra de esas películas de “el cine habla del cine” que tanto nos gustan.

Procopiuk (2023) de Diego Lukerman

Siguiendo en la línea de rescates emotivos, Lukerman se mete con la carrera del cineasta neuquino Carlos Procopiuk, dejado de lado en “la historia oficial” y autor y formador de cineastas en su provincia por más de cuarenta años. Otra de “el cine habla del cine”, pero con un héroe que no sabías que tenía capa.

Cuando acecha la maldad (2023) de Demián Rugna

La segunda película de Rugna, ganadora a mejor película en el Sitges de hace un rato que, si bien tiene estreno comercial al mismo tiempo que sucede el festival, va a tener sus proyecciones en el marco del mismo. Rugna hizo Aterrados (2017) años atrás, subiendo muchísimo la vra para lo que el cine de horror vernáculo estaba acostumbrado a dar y, si bien acá no somos muy de darle bola a los premios, quizás uno de Sitges nos pesa un poco más que uno de Fipresci, si es que ese antro sigue abierto.

Daaaaaalí! (2023) y Yannick (2023) de Quentin Dupieux

El Quentin favorito de estos envíos —y quizás solo para provocar, claro— es Dupieux. Ya tuvo su entrega hace no mucho, hablando de su filmografía pero, creería, desde esa entrega, hizo por lo menos dos o tres películas más. Tan es así su prolificidad, que en esta edición del festival se estrenan ¡dos! películas filmadas este año: la primera sobre un Dalí crepuscular dando entrevistas y la segunda una comedia de enredos. ¿Un doble programa? Cómo saber con Dupieux.

Where the Devil Roams (2023) de John Adams, Zelda Adams y Toby Poser

La nueva de “los locos Adams”, la forma amable que encontramos para llamar a esta familia hermosa de padre, madre e hija que nos regalaron Hellbender (2021) hace unos pocos años. En este caso, el fruto no cae muy lejos del árbol y nos encontramos frente a una película de carnival horror, un género que cada tanto vuelve y nos hace felices. Otra de las que te diría que “sí o sí”, máxime considerando sus ¿nulas? posibilidades de entreno.

Danger: Diabolik (1968) de Mario Bava

¿Viste el video de Body Movin de los Beastie Boys? ¿Viste Danger: Diabolik de Mario Bava? Bueno, por ahí viene la cosa. Una adaptación coloridísima del fumetti italiano de los años sesenta que, si no sabías de su existencia, te va a dejar con el cerebro estallado. Y si sí, y solo llegaste a ella en formato hogareño, bien podrías ir a ver en sala y salir todo lo lisérgicx que te salga. Mario Bava debería tener más lugar en la historia del cine. Seguramente pase, pero viste cómo son.

L’Atalante (1933) de Jean Vigo

Cerrando la lista, una de la historia del cine que se menciona, si, no vamos a andar haciéndonos los que descubrimos nada, pero tampoco tanto como se debería. El único largometraje de Jean Vigo, fallecido poco tiempo después dejando esta y unos pocos cortos, a la corta edad de 29 años. Con los directores que parten tan jóvenes solo nos queda elucubrar lo que hubieran sido, sobre todo si su único largometraje es de esta potencia. ¿Nunca la viste? A por ella. ¿Nunca la viste en sala? Misma respuesta.

Y, llevando tranquilidad a la línea dura de la cinefilia y fuera de este recorrido arbitrario, hay, como no podía ser de otra manera, una nueva película de Hong Sang-Soo llamada In Our Day (2023) así que-

Porque, ¿qué es una recorrida de un festival de Míralos Morir sin el meme de Hong Sang-Soo?

Y quizás sea el momento del otro clásico en estos recorridos que, al menos bianualmente, hacemos en este pasquín y haya que hacer, aún con el festival sin siquiera inaugurar, de hacer un “balance” desde el catálogo.

Y quizás la mejor forma sea diciendo de antemano que quienes hacen el festival de Mar del Plata —o el Bafici si es por el caso, que incluía una picaresca política y todo— hacen todo lo humanamente —e incluso más— posible para que el festival llegue a buen puerto, incluso bajo la circunstancias —cada vez más— adversas.

Pero es en este caso —y como pudimos ver en Bafici de este año también— que esas circunstancias cada segundo más adversas las que hicieron mella en lo que se puede traer, en a quién se puede traer y varias delicias más.

Y, quizás sea el momento de decir que hemos bajado de la centena. Ahora mismo me explico:

Hemos pasado de festivales —por el caso Mar de Plata o Bafici, da lo mismo, siempre estuvieron, sobre todo desde que ambos se “establecieron” después de la “vuelta” del primero a principios de los años noventa y de la inauguración del segundo a fines de la misma década— con más de trescientos largometrajes, a festivales con trescientos entre cortos y largos, con doscientos y… en este Mar del Plata hay menos de cien, y algunos cortos, que tampoco son tantos.

¿Estoy comparando peras con bananas porque los tiempos…? Bueno, sí y no. Obvio que vivimos en tiempos donde una película que pasa por un festival es muy probable que nos la terminemos cruzando por ahí pero, como dijimos en miles de coacciones anteriores, los festivales de cine siguen siendo esa oportunidad dorada de ver cosas en sala que no veríamos en un circuito comercial, sobre todo en un como el nuestro. Ese sería el “sí”, pero aguantá que ahora viene el “no”.

Es obvio que “la situación” —que mal que mal es más o menos siempre la misma, para qué negarlo a esta altura del baile— que “el gasto en cultura” y que la mar en coche han mermado en nuestro país. El que le quiera sacar el culo a esa jeringa y pedalear en el aire, adelante, no seré uno de esos. Sí, más vale que programar un festival en dólares in this economy es como tratar de deshundir el Titanic, pero se está viendo mucho la carta de “los tiempos que corren” en referencia a lo apuntado en “sí” de más arriba.

Y no: ningún festival internacional bajó la cantidad de películas, solo los nuestros. Y sí: mucho del gasto real contante y sonante que antes existía en forma de “festival fees” —un precio relativamente módico pero en dòlares que sumado se hace un numerito para exhibir una película por tres pasadas— ha bajado al subsuelo o prácticamente desaparecido, asi que… no sabría qué decirte.

Por lo pronto festejemos que “se hace”, que “existe”, que “por lo menos este año pudo ser” y todas las que venimos escuchando, hace por lo menos una década de las nobles almas que mantienen vivos estos nodos de películas.

No sé si estabas pensando en tomarte unos días e ir, pero quizás sea una buena idea. Por lo menos así lo veo yo.

Compartir