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185 – Pongámonos al día

Publicado el 3 de agosto de 2023

Hará cosa de ¿dos? ¿tres? meses dije, casi como una regla que empezaba en ese momento, que “una vez por mes vamos a hablar de películas nuevas que en una de esas pasaron por el costado del radar y en una de esas…”

Bueno, colgué.

Sí, me fui de vacaciones y coso, pero igualmente.

Esa deuda se salda hoy.

“Estás en campaña”

Suena, ¿no? No, no necesariamente. Pero si estoy con ganas de hablar de una película que nos hace, por momentos, pensar en un status quo del pasado.

“Uh, va a hacer historia”

No necesariamente. Quizás reciente, no sé.

“No sabe y escribe”

Bueno, es de cine, qué esperabas (?)

Decía: últimamente nos la pasamos diciendo, quizás con cierta razón, más de esto en un momento, que “ya no hay comedias” como hace ya varios años que nos venimos quejando de que “la gente ya no coge en las películas”

Lo de coger en las películas es, por supuesto, no una necesidad de ver películas eróticas todo el tiempo (las sigue habiendo y hay miles del pasado si es por eso) sino más bien un “signo de los tiempos”. Creo que lo expliqué miles de veces, pero por las dudas: la noción de que en las películas “se vea algo” fue durante años una constante del cine, un lugar, si se quiere, más “libre” que la televisión o el medio que le estuviera compitiendo en ese momento.

La desaparición de esa otredad que es “gente cogiendo” en realidad lo que marca es un cambio en la forma en que las películas se piensan. O se pensaban, más bien, teniendo en cuenta que la queja esa ya tiene más de diez o quince años.

Y así, casi como el poema de Brecht que no era de Brecht, pero que todos —creería incluida Cecilia Lincovsky, perdón por viejazo— creíamos que era de él: “primero se llevaron a la gente cogiendo y después cuando vimos que las comedias medio que no hacían reír más, pumba

Si, es una versión libre de un poema más serio de Martin Niemöller, pero se entiende.

El punto es: ¿dónde están las comedias?

Y vos me dirás:

“Pero si hay muchas comedias en Netflix”

Y quizás por bulto tengas razón. Pero también vas a dudar, porque en el fondo sabés que hablo de esas que nos ponían incómodxs y no esas que podés dejar a la bendi viéndolas total es Adam Sandler.

Esa comedia como refugio moral e intelectual. Esas comedias que podían considerarse “peligrosas” por esa gente con la que no comulgaríamos jamás. Esas mismas comedias.

¿Y sabés qué? Esas “no existen más”

“Momento, qué es ese entrecomillado”

Justamente, el problema es que no deberíamos irlas a buscar a, citando a una radio de rock “los lugares de siempre”

Porque, como vengo diciendo, en esos “lugares de siempre” primero se dejó de coger y después de molestar con los chistes.

Puede que todo esto parezca Iúdica diciendo “Ya no te dejan hacer un chiste de nada”, pero asumo que estás entendiendo de qué estoy hablando. De herir quizás alguna susceptibilidad haciendo una chiste, no de pedirle a una secretaria que juegue al bowling.

Bien, todxs en la misma página.

Estas comedias, tan esquivas o escondidas o lo que sea en la actualidad terminaron haciendo caminos de lo más curiosos: la de hoy, sin ir más lejos, tiene uno de los más impensados.

Porque, siendo tan revolucionario solo querer hacer reír con un chiste quizás un poco más cruel que loa media, la comedia de hoy terminó haciendo una gira por festivales internacionales.

Sí, hace quince o veinte años la noción de “una comedia que se vio en Berlín o Cannes” podía, sinceramente ser un chiste de primer acto, segundo acto y tercer acto. Hoy, estando tan dado vuelta todo, bueno… no.

La película de hoy tuvo su Premiere mundial en el Un certain regar de Cannes del año pasado.

Sí, Francia y comedia, lo hablamos mil veces. El punto—

“El punto es que nunca dijiste el nombre de la película”

Ya lo sé, porque hay que hablar de una cosita más antes. Las razones por la que puede haber estado en Cannes, que es que viene de la mano de Oslo Pictures, que si no te suenan de ningún lado, te digo: los que hicieron The Worst Person in the World (2021) de Joachim Trier.

Sí, otra comedia del lado del prestigio. Estás viendo para dónde estamos yendo ¿no?

Si, también podemos discutir si la nominación al Oscar fue por Joachim Trier que ya venía con beneplácito de la inteligencia y blah, pero no nos desviemos. Retomo—

Sí, otra comedia del lado del prestigio. Estás viendo para dónde estamos yendo ¿no?

“Entiendo la lectura, comparto, no sé cuál es la película” Bueno, dios bendito. La película es la noruega Sick of Myself (Syk pike, 2023)

Que si no la viste, bueno, quizás esté bueno que corras a hacerlo.

¿Y por qué? Bueno, justamente de eso venía a hablar.

Porque la película, la segunda de Kristoffer Borgli, que venía de hacer la por cierto bastante delirante Drib (2017) con la que podrías meter un doblete si esta te gustó, hace tantas cosas que vamos a tener que ir por partes.

Primero, saquémonos la sinopsis de encima, por si sos de lxs que siguen leyendo y no dan bola al “andá a verla y volvé”: la novia de una pareja toxiquísima quiere robar la reciente atención en el mundo del arte de su novio haciéndose pasar por víctima de una enfermedad rarísima. Esto es: provocándosela a sí misma.

Bien, hecho el trámite del que trabaja el 99% de los influencers, digamos que:

La gracia de las comedias que dejó de haber en los lugares de siempre eran que, al igual que otro género “menor” y vilipendiado como es el horror, comentaban sobre las cosas que estaban pasando en ese momento.

No es difícil entender en dos segundos que Sick of Myself no habla de un personaje que se enferma a propósito para que le presten atención, sino de una forma de llamar a esa atención de los que nos rodean —y de todo el mundo, si se puede— que se ha vuelto ubicua.

Cuando el contenido —y esta vez va sin entrecomillado, porque estoy hablando de eso mismo— pasa a ser una persona, es muy difícil que su vida sea interesante por tanto tiempo. Ahí aparecen los trucos.

Trucos que no llegan casi a los niveles de Mommy Dead and Dearest (2017) de Erin Lee Carr como podría ser en este caso sin la mamita maligna, pero no por eso menos dramáticos ni entretenidos.

En el momento en el que la narrativa del yo y el nosotros se apoderó de todo, y la del tú y el él y el vosotros y el ellos parece estar en una nebulosa que ya no importa, que una película sobre estas últimas la señale con sorna y crueldad es, cómo mínimo, maravilloso.

El problema del traspaso en el consumo de contenidos de un pronombre personal a otro es que simplemente devalúa algo que veníamos consumiendo. Agua la leche, la coca, el vino o lo que hayamos estado tomando.

No, nunca alguien que cuenta su vida va a ser más interesante que la historia de un personaje que escribió alguien. Incluso en esas vidas que son “una película”, esas vidas muchas veces necesitan convertirse en una para serlo.

Pero al margen de lo que se pueda inferir en un paper de un egresado de FSOC, quizás lo más más interesante de Sick of Myself sea que no pide disculpas por nada, que nunca se redime y que señala cosas preguntándose ¿Y eso qué es? ¿Me puedo reír?

Sí, no es un paseo por el parque, pero tampoco es A Serbian Film (2010) el punto: es muy difícil que algo pueda shockearnos y hacernos pensar.

Shockear es facilísimo, basta con hacer un chiste demasiado pronto. No es ni necesario que el chiste sea bueno. Eso se llama Twitter.

Lo difícil es que ese shock nos haga pensar sobre todo lo que dije ahí arriba y que encima de hacernos pensar, nos de su propia opinión sobre varios temas.

Varios temas, por si hiciera falta decirlo, de los que la película no habla directamente.

Sí, es como esos boludos que buscan simbolismos en todos lados pero en serio. De nada (?)

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