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173 – Tres hombres y ¿un fantasma?

Publicado el 11 de mayo de 2023

Debería hacer dos salvedades antes de empezar:

La primera es que probablemente hayas leído esta historia en alguna de esas listas de las que hay miles en ese ruido que se ha convertido el periodismo de espectáculos en las redes, pero contada para que aparezca un misterio en serio.

La segunda es que voy a hablar de una película que, si bien me toca tan generacionalmente que puedo fechar en qué cine la vi de chico, no es tan mi territorio como lo sería de la querida Fer Mugica, colaboradora mensual de las entregas de los días martes.

Habiendo aclarado mi consciencia, vamos con lo de este martes: Tres hombres y un bebé (Three Men and a Baby, 1987), dirigida por ¡Leonard Nimoy!

“Arrepentite ya, vos hablabas de Deodato”

Esto, ya lo deberías saber, es como el sticker de WhatsApp que dice “Un poco de ensalada, poco de droga”. Volviendo—

Tras hombres y un bebé.

Le tiré un punto aparte para lo puedas decantar. Quizás la mejor forma es empezar con un poco de historia personal.

Vi la película en los —flamantes o casi en ese momento— cines Belgrano 1, 2 y 3 acompañado, si mi memoria no me falla, por mi abuela del lado materno.

Recuerdo haberla querido ir a ver no por Tom Selleck, que por aquel entonces me podía sonar de Magnum ni por Ted Danson que nidea de dónde me podía sonar a los 8 o 9 años, sino por Steve Guttemberg, el de Locademia de policía (Police Academy, 1984).

Sí, dejo acá el señalador para recordar que toquemos la saga de películas más amiga de la yuta (?) en algún momento.

Las Locademia… en ese momento se veían mucho en video y eran, para alguien de la edad que yo tenía, la verdad revelada. Y en los afiches de esta película estaba Carey Mahoney.

Bueno, o eso pensaba un niño de esa edad. La película, qué sé yo. La vi de más grande y quizás la entendí un poco más de subtexto. Lo que yo había ido a buscar en ese momento, esto es: gags en cantidades industriales, medio que no estaban. Carey Mahoney me había traicionado.

Esto no hizo que siguiera viendo en cine todas las Locademia… hasta que ya no hubo más pero, de nuevo, es para otro día.

Porque suficiente rareza es Tres hombres y un bebé para una entrega de ella solita. Empecemos por decir que fue la película más taquillera de ese año en Estados Unidos, juntando de taquilla mundial casi trescientos palos con un presupuesto de poco más de veinte.

Sería interesante que esta información se quede un momento en tu cerebro. La película más taquillera de 1987. Otras películas de 1987 solo para clarificar: Atracción fatal (Fatal Attraction) de Adrian Lyne, Pelotón (Platoon) de Oliver Stone, Arma mortal (Lethal Weapon) de Richard Donner, Baile caliente (Dirty Dancing) de Emile Ardolino y bueno, La Bamba de Luis Valdez.

Sumándole insulto a la injuria (si es que eso existe hablando de películas, por supuesto), la película era una remake de una comedia francesa.

Sí, podemos hablar un montón —y creo que lo hemos hablado acá— del oxímoron que resulta de pronunciar la palabra “comedia” junto a “francesa”, pero solo lo mencionaremos por esta vez.

La película en cuestión era un hiato internacional de dos años antes: Tres hombres y un biberón (Trois hommes et un couffin, 1985) de la francesa Coline Serreau.

Sí, acá también podemos —y debemos— comentar sobre cómo una comedia que en el fondo hablaba de la inutilidad masculina en Francia estaba dirigida —como es debido— por una mujer y en Estados Unidos por un hombre.

Un hombre que no era otro que un actor famosísimo que, por ese entonces, venía con una buena racha detrás de las cámaras: Leonard Nimoy.

Pero por favor: dejá de separar los dedos como si hubieras tenido un accidente pegando algo con La Gotita, que este es un newsletter de cine.

Decía: Nimoy venía de dirigir algunas cosas para televisión hasta que se le dio la oportunidad de pasar a la pantalla grande con la tercera de las películas de Viaje a las estrellasViaje a las estrellas 3: En busca de Spock (Star Trek III: The Search for Spock, 1984) a la que le fue muy bien y derivó en que dirija la cuarta de la saga Viaje a las estrellas 4: Misión salvar la Tierra (Star Trek IV: The Voyage Home, 1985) que también vi en cine con la misma abuela y que, recuerdo, tenía unas ballenas y un mensaje ecológico bastante avant garde para la época.

Yo, por supuesto, había ido al cine a ver una de naves espaciales. En fin.

Con esas dos marcas en el cinturón, se le ofreció una película que venía dando vueltas hace tiempo, pero significaba irse de Paramount y pasar a Disney.

Pero no era que Nimoy era el primero en la lista, antes de él había una mujer, que no era otra que Coline Serreau, que abandonó el proyecto con el casting ya hecho.

¿Cómo hubiera sido la remake hecha por la misma directora? ¿Más cercana a las dos Funny Games de Haneke? Andá a saber. Volvamos—

Hace instantes te decía que la película para Nimoy era un cambio de escudería. También era una apuesta fuerte para el estudio, porque un par ya le habían dicho que no por “blanda”: TriStar y Universal. Pero eso no es todo: Disney no solo estaba agarrando este sloppy second, sino que también no le venía yendo genial con los live actions —bueno, en comparación con cómo le había ido durante los años setenta era una maravilla, pero igual— y esta terminó dando el batacazo.

Se cuentan historias de un set algo tenso, con los actores viniendo de la televisión donde se hacía lo que ellos decían y Nimoy tratando de ser todo lo director y  recto posible.

Lo importante es que la película se estrenó casi a fin de 1987, casi como un hold my beer a todas las otras que la habían pegado ese año.

La taquilla, bueno, es historia.

Peeero, la historia es otra. Y más fantasmal y aterradora.

Porque se dice que el departamento donde se filmó la película estaba embrujado y se puede, detrás de una ventana, el fantasma de un niño.

Ah, esa sí que no te esperabas, eh.

Bueno, ya habiendo cumplido con el momento aterrador, vamos con la data dura, porque por más que amemos las leyendas urbanas —tengo un estante entero de mi biblioteca de libros de esa temática— no hay fantasma ni nada.

Lo que se especulaba en un principio era, y cito casi textual: “En el departamento donde filmaron había muerto el niño y se les apareció en el material que habían filmado sin darse cuenta”

Vamos por partes: no se filmó en ningún departamento. Todos los interiores, algo muy común en esa época, se filmaron en un set.

“Buuuh”

Y esperá que hay más Mythbusters. “El niño muerto” no era ni siquiera un niño.

“No me dejas soñar”

De hecho, si lo miras bien, te vas a dar cuenta: es una gigantografía de cartón del personaje de Ted Danson, que se usaba en una escena que después se descartó donde el personaje, que era un actor, actuaba en una publicidad de comida para perros.

La presencia puede parecer fantasmal sin la otra escena. De haberse conservado esa, nadie hubiera levantado ni una ceja, haciendo que el paquete de Rosamonte que se ve en un episodio de Seinfeld suscite más misterio.

Sí, no era un Míralos Embrujar ni de casualidad. Vas a tener que hacerte fuerte, chiquitx.

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