Skip to content

170 – Descanse en paz

Publicado el 20 de abril de 2023

Tengo una amiga que, viendo como todo el grupo cruzaba mal una avenida, se quedó a esperar el semáforo diciendo: “Toda una vida de estilo para terminar en un nicho de mierda de Actores en la Chacarita… No gracias”

Esta historia no te digo que va por ahí, porque tiene otra locación, pero más o menos.

“Vas a hablar de un cementerio”

Sí, correcto.

“Quiero mi mampara para baño”

Nos quedamos sin. Una locación, decía, quizás, tan solo quizás —de esto vamos a hablar en tan solo un instante— más glamorosa, pero esos son solo detalles.

Existen varios cementerios en Hollywood, pero ninguno es más famoso que el Hollywood Forever. Que empezó llamándose de otra forma y cambió y cambió de nuevo, pero todo eso lo vamos a contar.

Primero saquémonos esto del medio: el glamour. No sé si habrás ido a Los Ángeles o si habrás visto fotos o videos o si ni te interesa, pero es hora de que hablemos un tema urticante: es un ciudad horrorosa. Llena de cosas geniales y todo eso que nos gusta, pero a la vista es más bien fulera.

La zona sísmica sobre la que está construida medio que “la obligó” a ser una ciudad “a lo ancho” y no “a lo alto” y la sensación que uno tiene mientras anda (siempre en auto, una ciudad incaminable) es que está en alguna de esas localidades de la Provincia de Buenos Aires —no seré yo el que de los nombres— donde se tiraron a construir 10 pisos, construyeron tres y quedó la estructura para arriba.

Ah, pero con onda. Porque si hay algo que tiene Los Ángeles es la onda.

Pero no estoy acá para venderte un paquete turístico, menos con el dólar tan movedizo, estoy acá para contarte de un cementerio.

“No te distraigás, querés”

Casi uruguayo te salió. No, jamás lo hice ni haría. Porque la historia de cómo fue pasando de mano en mano y de cómo terminó siendo, prácticamente, un centro cultural que sucede que tiene muertos —y muy famosos— bajo la tierra, es fabulosa.

“Cómo cómo cómo”

Claro, si te pensabas que iba a ser una entrega de “Acá está enterrado Morrison” estabas muy pero muy erradx. Vamos con lo básico primero:

El Hollywood Forever no nación así, de hecho sigue siendo el único cementerio en la zona de Hollywood. Tan en la zona que la medianera de los estudios Paramount son su medianera.

Empezó llamándose Hollywood Cemetery en 1899 en unas cuarenta hectáreas que por aquel entonces eran pura tierra. Tanto, que esas tierras después fueron subdivididas y vendidas a Paramount y RKO para que hicieran lo suyo un par de décadas después.

Sí, nos podemos poner a pensar en maldiciones que pueden devenir de construir estudios de cine arriba de tierra de cementerio, pero eso será otro día, aunque si querés un tráiler medio que podés leer sobre la historia de Hollywood en sus comienzos y, bueno, ahí tenés.

La cosa siguió más o menos así hasta finales de los años treinta cuando Jules Roth, que había estado preso pero era millonario compró más de mitad del paquete accionario, cambiándole el nombre a Hollywood Memorial Park. Los famosos se empezaban a morir y todos iban a parar ahí., Hay que reconocerle la visión al millonario tumbero.

Los años pasaron y las obras de mantenimiento no estaban a la orden del día: es famosa la historia de l cremación del cuerpo de Cass Elliot alias Mama Cass —sí, la de The Mamas & the Papas—, que derrumbó las instalaciones y estuvieron sin poder cremar a nadie hasta principios de los dos mil.

Familiares de los enterrados empezaron a quejarse del estado de abandono del lugar, al que Roth no le ponía un peso, Roth alquilaba el cementerio de estacionamiento para cuando los de Paramount no tenían lugar porque estaban reformando, un terremoto que rompió mucho y se arregló cercano nada y varias delicias hasta que el millonario se fundió con el infinito a casi finales de los años noventa, dejando un rojo de nueve millones de dólares a sus deudos.

Así es cuando en 1998 un grupo compró el cementerio por la deuda —hay, parece la compra de una radio argentina— y le cambió el nombre a Hollywood Forever. Comenzaron los trabajos de restauración y a hacerse visitas guiadas por la cantidad de famosos que estaban —y están— durmiendo el sueño eterno en sus tierras.

¿La lista? Bueno, vamos con algunos: Marion Davies, Darren McGavin, Paul Muni, Nelson Riddle, Ann Sheridan, Eddie Bunker, Edgar G. Ulmer, Peter Lorre, Fay Wray, Tyrone Power y Dee Dee, Johnny Ramone y hasta Vampira, si querés ponerte de ese lado.

Esta “apertura a la cultura” trajo que algunas bandas (como por ejemplo los Flaming Lips o Gary Numan) empezaran a hacer shows especiales en el cementerio

Y acá viene la parte donde me decís:

“No entiendo a dónde está yendo esto, este es un newsletter de cine, no de actores muertos o músicos que se hacen los especiales—”

Bueno, si la muerte fue vistosa sí.

“Dejame terminar. —ni de bienes raíces e inversiones”

Y probablemente tengas razón. Porque este es un newsletter de cine, y de cine empezamos a hablar ahora mismo.

Porque entre las múltiples propuestas que el Hollywood Forever tiene para los que quieran visitarlo, hay una que sobresale de las demás, y se viene haciendo hace más de veinte años gracias a la gente de Cinespia.

Para lxs que no lo sepan, que por cierto sería genial que fueran muchxs, Cinespia es una asociación que se dedica —casi accidentalmente, más de eso en un instante— a pasar películas en lugares no convencionales.

Su fundador, un director de arte devenido en todo esto, había ido a la “reapertura” —si, con cementerios el término suena a profanación— de 2002 donde había una aniversario de Rodolph Valentino y les ofreció a los nuevos dueños hacer una proyección de Pacto siniestro (Strangers on a Train, 1951) de Alfred Hitchcock, con vos proyectores de 35mm que podían estar subidos a las cajas de dos camionetas. La idea principal de todo esto era, en un marco algo friki, acercar el cine clásico a las nuevas y jóvenes generaciones.

Los dueños aceptaron y la función fue un éxito relativo, con un poco menos de cien espectadores asistiendo.

Al poco tiempo, para cuando proyectaron El rata (Pickup on South Street, 1953) de Sam Fuller, los espectadores eran más de mil. Es desde ese momento hace unos veintiún años que Wyatt programa el ciclo del Hollywood Forever con veinticinco películas cada verano.

Se convirtió en tal magnitud de evento —con cálculos muy cautos que estiman unos cuatro mil espectadores por función— que muchos directores, actores y demás participan presentando sus propias películas. Acá tenés una lista: Amy Heckerling presentando Picardías estudiantiles (Fast Times at Ridgemont High, 1982), Tatum O’Neal con Luna de papel (Paper Moon, 1973) o hasta “el nunca bien ponderado” Kenneth Anger con una retrospectiva de sus cortos.

Claro que antes de que le grites vago y planero y le quieras mandar una pala al bueno de Wyatt, Cinespia sigue todo el año, moviéndose entre museos, hoteles y sedes de todo tipo cuando la temperatura de la “temporada alta” no acompaña.

¿Viste que al final era de cine?

Compartir