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165 – Las últimas serán las primeras

Publicado el 16 de marzo de 2023

Hay un concepto en el cine de género —especialmente en uno de sus múltiples subgéneros— del que se ha hablado hasta el hartazgo—

“Cárceles de mujeres”

No tanto como se debería, estos envíos ¿tuvieron una entrega o me lo estoy debiendo?

— y ahora, con el estreno de la sexta de la saga de Scream quizás sea momento de hablarlo con un poco más de profundidad.

La sexta Scream, por cuestiones de horarios y coso, como nos gusta decir acá y acá “no la he podido ver”

Pero sí he podido ver casi cuanto slasher tuvo la oportunidad de posarse sobre mis ojos porque serán todos medio iguales y moralistas y demás, pero me encantan.

Y es justamente en los slashers que aparece una figura ubicua, que casi que podríamos señalar si vimos la suficiente cantidad: la final girl.

“Ya hablaste de eso, hermano. Entiendo que van como trescientas entregas, pero hace un search de Google”

Más vale que ya hablé, y hasta —creo que— tuvo una entrega exclusiva. Pero como aprendimos muchas veces que hablamos de narrativa, para que haya un bueno tiene que haber un malo, para que haya algo negativo tiene que venir de algo positivo y una larga lista de etcéteras de sintonía fina a la hora de contar una historia que nos llevan a pensar una cosas bastante pava pero real:

Para que haya una final girl tiene que haber una first girl.

Y de ella, justamente, no se habla nunca. La que peor la pasa se queda sin nada del crédito. Todos nos acordamos de Laurie, de Sidney, de— bueno, la lista es eterna, pero no nos acordamos de las otras, las que dejaron la vida (?) para que las otras pudieran eventualmente brillar.

Si, podríamos extrapolarlo y hacer una construcción algo ridícula pero efectiva y decir que las final girls son los actores y las first girls los rubros técnicos.

Y quizás justo no leíste la entrega sobre las final girls, así que voy a empezar por resumírtelo un poco así estamos todxs en la misma página. La cosa, a grandes rasgos es:

Se llama final girl —o chica final, si lo que querés traducir literal— a “la última que queda viva para la próxima” y es un término acuñado ya casi con el slasher medio tibio en el libro Men, Women, and Chainsaws de Carol Clover publicado en 1992.

Pero, si tenemos que ir al quid de la cuestión, deberíamos decir que llegar a final girl no es solo un tema de suerte, es una cuestión de aptitud.

Porque, como dije un poco más arriba, el slasher es más moralista que el padre Quarracino —perdón por el flashbacks para lxs que peinen canas y por googleada para lxs que no—, entonces no se salva “la que corre más rápido” sino la que “mejor es.”

Esta aptitud es, sobre todas las cosas, absolutamente subjetiva claro, pero hay un hecho —sobre todo en los slashers clásicos— que anda dando vueltas: se salva la que no coje.

Esto fue llevado hasta el paroxismo en la saga de Martes 13, pero puede verse detrás de la ligustrina de casi cualquier película donde hay uno persiguiendo chicas —y a veces algunos chicos— con objetos punzocortantes.

En síntesis: la final girl, debe ser el colmo de la virtud y tratarse de un personaje femenino virginal o casi.

Ejemplos de final girls hay miles en el cine, pero diremos: Lauri Strode en Noche de brujas (Halloween, 1978) de John Carpenter, Nancy en Pesadilla en lo profundo de la noche (A Nightmare on Elm Street, 1984) de Wes Caven o Sidney Prescott en Scream: vigila quién llama (Scream, 1996), también de Craven por solo nombrar algunas.

El punto, y acá es donde aparece lo que venía a hablar hoy—

“Al fin hermano”

Es que del mismo modo que las narraciones se construyen —o por lo menos en su síntesis más básica— con unos y ceros o blanco y negros o la dualidad que quieras—

(Sí, obvio que hay grises y decimales, pero es para entender)

— para que exista una final girl tiene que haber una first girl, invariablemente.

Y esa first girl, muchas veces ignorada, o dejada de lado ahí acuchillada y listo, tiene una importancia total en el relato que después se lleva adelante y es porque nos engaña.

“Cómo cómo cómo”

Y acá es cuando nos ponemos a hablar un poco de historia del cine, y nos vamos mucho, pero mucho tiempo antes de que se hubiera siquiera inventado el término slasher y a directores geniales —en algunos pocos casos— y absolutamente mediocres —en la inmensa mayoría— se pusieran a sacar películas con body counts como si no hubiera mañana

Porque la primera first girl de la historia es…

“Basta con el suspenso, estoy medicadx”

Marion Crane, en Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock.

(O la primera de la que tengamos más o menos dato, seguramente haya habiendo una antes, pero bueh, el punto—)

Y es vital revisar el personaje de Marion para entender la importancia que tiene la first girl en una película.

“Momento, Psicosis no es un slasher”

Puede que no, pero sí tiene una first girl.

El punto, y lo que pasa con Marion aplica a casi cualquier “primera chica” de casi cualquier slasher: ¿qué sabemos de ella?

Bueno, sabemos todo. Porque generalmente, y a pesar de que si vimos un puñado de slashers sabemos que la primera que aparece no la cuenta, se toman su tiempo para que eso suceda.

La conocemos, sabemos a qué se dedica, cómo es su círculo de amistades, etcétera. Y después de un buen rato —esto es, cuando nos encariñamos— ahí aparece la puñalada.

Sí, es cruel, la verdad. Visto así es cruel. Y entretenido, si te gustan “las de terror”

Y acá es, justamente, cuando la cosa se pone más interesante: porque es la muerte de la first girl la que desencadena el resto de los acontecimientos, esto es: gente corriendo por sus vidas, gente queriendo salvarse y, sobre todo, gente queriendo vengarla a cualquier precio.

Es tan la identificación que hay con la first girl, que la final girl es poco más que una consecuencia.

Ah, no lo podés creer. ¿Cuántos años tenías cuando te enteraste que—NO, MENTIRA, QUÉ ES ESTO UN MEME MEXICANO. Decía—

Solo para sumarle a lo anterior: en muchos casos, sabemos mucho más de la vida de la first girl que de la final girl, que se presenta entre gallos y medianoches y se “va viendo” a medida que avanza la trama.

“Entonces la otra es una que vive de la primera”

Bueno, tampoco nos pongamos libertarios (?)

Pero la first girl es vital —okey, quizás no sea el mejor término— para que incluso exista la segunda.

¿Ejemplos? Miles, claro: Marion en Psicosis que, como dijimos antes, no es un slasher slasher

¿Esto es porque es un proto giallo? Ay, cuántas preguntas para una sola entrega.

— y las que aparecen en slashers más hechos y derechos, Annie en Noche de brujas, Tina en Pesadilla y Casey Becker en la Scream original.

¿Viste que al principio te dije que la narrativa es todo ceros y unos y se saca de acá para poner allá? Bueno, los newsletters también lo son.

Porque el personaje de Drew Barrymore es una first girl “con el diario del lunes”. Una superestrella hablando con un loco que la llama, la vemos en el afiche, en el trailer, suponemos que lo que vamos a ver “le va a pasar” a ella.

Y le pasa, caray que le pasa, pero mucho más de lo que hubiésemos esperado. Tanto le pasa que vamos a necesitar que aparezca Neve Campbell a salvarse ella.

Hablando mal y pronto: Marion Crane hizo su trabajo para que Casey Becker pudiera posibilitar todo lo otro.

Porque como dije hace un momento, el personaje de Casey, además de ser una de las mejores first girls de la historia, llega “con el diario del lunes”, con el slasher —aparentemente— muerto y enterrado, a engañarnos nuevamente con el truco más viejo y eficaz del mundo: que nos encariñemos con el perrito para que después le pase algo horrible.

Por eso es hermosa la cinefilia, porque a pesar de que Psicosis no sea un slasher

¿Pero quizás sea un proto giallo? No, no es el momento para esta charla…

— sí plantó una semilla que se cosechó recién veinte e incluso treinta y pico de años después.

¿Ves por qué hay que ver un montón de películas?

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