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164 – Tarantinos de mierda

Publicado el 9 de marzo de 2023

Y se deslizado alguna vez por acá —o en los podcasts, andá a saber— un “signo de los tiempos” de hace más de dos décadas: la noción del TarantinosploitationNidea si el término existe, pero bueno, lo acuñaremos como propio de no haberse usado.

La cosa, para lxs que no estaban ni vivxs (!) durante la época de furor fue más o menos así: las películas de Tarantino vinieron a llevarse puesto un poco el status quo de lo que llevaba espectadores al cine. Haciendo una breve historia del cine sería: el blockbuster ya estaba dando las hurras, y muchos público que se podía considerar mainstream en otra época o, si lo querés hacer poética “esos que vieron ET de chicos y habían crecido”, empezaron a darle bola a una escena indie que venía demostrando pujancia desde casi mediados de los años ochenta.

Sí, si queres pensar que se repitió la historia del comienzo del New Hollywood es válido. Y si querés llamar al cine novelero New New Hollywood también.

La cosa es que en ese mundo de películas chiquitas y gente hablando en habitaciones apareció uno a patear la puerta y hacer que los personajes hablaran igual, pero mientras estaban sangrando.

Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992) fue un llamador que le decía “capaz que es por acá” para mucho director que estaba intentando hacer “algo nuevo” y quizás no tenía las herramientas pero si los recursos.

Quizás sonó atravesado, pero: quizás no tenían la solidez narrativa pero sí habían vendido un auto y podían hacer una película indie.

Porque lo que —sobre todo los primeros— noventa nos dejaron fue esa idea perversa de que “El Mariachi se filmó con siete mil dólares” y pavadas del estilo. Algo que después pasó en nuestro propio Nuevo Cine Argentino, pero capaz que es para otro día. El punto—

Estos Tarantinosploitators lo que hacían era copiar la forma, el tema, lo superficial. Había en el cine de QT montones de otras cosas que estaban corriendo en paralelo para que los personajes estuvieran ahí hablando piola de la nada.

Pero los que lo copiaban, claro, no se daban cuenta. Creían que era poner a unos mafiosos o chantas en la mala con anteojos oscuros hablando de temas de cultura pop y una trama mínima que se iba develando.

Esto con Perros de la calle, para cuando llegó Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) entendieron que, además de hablar piola en un galpón, tenían que ir y venir en el tiempo narrativo.

Sí, fue un festival de bandas tributo como pocas veces se había visto ni vio después.

Y vos dirás “sin clientes no hay shows de Arjona” y probablemente tengas razón. El mayor culpable de todo esto no eran los pobres que creían que el cine de Tarantino se podía resumir a dos o tres cosas corriendo en paralelo, sino los productores y hasta a veces los estudios que buscaban, como solía decir Sam Goldwyn en los comienzos de Hollywood “Lo mismo, pero distinto”

Y acá nos podríamos poner a hacer un ping pong de nombres de directores con los que el tiempo hizo justicia y muchas de sus películas que vimos incluso estrenadas ¡en cine! Pero no lo vamos a hacer.

“Ufa, yo quería ping pong”

Porque vamos a hacer algo mucho más valiente: sacar del oprobio a un director que, si bien no hizo nada original tuvo el aval menos pensado.

Esta es la historia de C.M. Talkington, el doble de Tarantino.

“Momento, ¿qué?”

Bueno, no “doble” en el sentido estricto, el “doble” por lo menos en temas de cabello hoy por hoy sería Paul Vilouta, pero eso ya lo exploramos hasta el hartazgo en Frame Fatale, decía—

“Doble” en el sentido que Juan Carlos Andrizzi es “el doble de Sandro”, alguien que hace el arte de otro, quizás no con toda la gracia pero sí con el aval de astro.

Sí, quizás fue mucho la imagen. Volviendo—

Porque C.M. Talkington tenía el aval menos pensado. Y la historia de cómo fue es incluso más increíble.

“Y la vas a contar”

En eso estaba. Y la cosa fue bastante más enroscada de lo que pensás.

Quizás sea natural que el nombre de C.M. Talkington no te suene de ningún lado. Y es porque tampoco tuvo una carrera enorme después de la película de la que vengo a hablar hoy.

Clement McCarty Talkington nació en Dallas, Texas, Estados Unidos en 1966, hijo de una autora de libros de arquitectura y hermano de otra directora con pocas películas, perdón por el spoiler.

En 1994 y casi “así de la nada” Talkington estrenó una película que se llamaba Love and a .45 (1994) que contaba la historia de una pareja en fuga a México por un asesinato en ocasión de robo.

Sí, te suena de algún lado, ¿no? Bueno, esperá porque es bastante más enroscado de lo que pensás.

La película tuvo una pequeña gira por festivales, entre ellos el de Estocolmo.

Estando Talkington en el festival, el conserje del hotel le dio una nota que le había dejado “el señor Tarantino”

Tarantino estaba en el festival presentando Tiempos violentos, y había ido a la proyección de Love and a .45 y le había encantado. Tanto, que le dejó esta nota:

Salieron de joda, hablaron de cine. Tarantino resultó ser más fan de Love and a .45 de lo que uno hubiera esperado como una gentileza. Empezó a llamar a Talkington “mi mejor imitador”, algo que el texano se tomó como un cumplido siempre.

El tema es que, como ya teasié por lo menos dos veces, la cosa es un poquito más complejo que el endorsement de Sandro a Andrizzi. O por lo menos eso es lo que Talkington terminó contando años después.

Empecemos por decir que cuando conté la sinopsis de Love and a .45 mencioné que quizás te sonaba de algún lado. Y no hay que ser más que uno que habla de películas en YouTube para agarrar la referencia. En 1994 Oliver Stone estrenó Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, 1994) con guión de Tarantino.

Y antes de que empieces a gritar con los puños en el aire—

“Tarantino ladrón, se lo hiciste a Ringo Lam y ahora al pobre texano este”

— vamos a tener que hacer un par de salvedades, que están todas basadas en los dichos de Talkington, pero como dijo Chiche Gelblung una vez: “Nunca dejes que la verdad te arruine una buena historia”

Según Talkington, él había escrito el guión de Love and a .45 en 1990, 1991 y que había estado dando vueltas para ver si alguien la quería financiar.

En sus múltiples intentos por vender el guión, Talkington escuchaba una frase casi como un mantra: “Es muy en el estilo de este chico nuevo, Tarantino”

Tarantino había estado un año o dos antes tratando de vender Perros de la calle, haciendo que todo esto sea un poco historia del cine, pero de antes de que se filmaran las películas. En fin, el punto es que—

De las múltiples lecturas que tuvo el guión, una fue porque Richard Donner podía estar interesado. La lectura la hizo un guionista que por aquel entonces era muy junior.

“Acá viene Taranta, ladrón, devolvé la guita”

No, justamente no. Acá aparece David Veloz.

“¿Quién?”

Qué bien que preguntás. Veloz, cuyo apellido debería decirnos todo escribió solo tres películas (¿o debería decir “metió mano”?): Asesinos por naturaleza, sobre un guión original de Tarantino, Permanent Midnight (1998), sobre un guión de otro que también dirigió y Tras líneas enemigas (Behind Enemy Lines, 2001) en cuyo crédito de guión aparecen dos más.

Veloz en ese entonces era un lector de guiones, alguien con conocimiento que lee para una productora o un estudio y hace notas.

Talkington recuerda las notas de Veloz como las mejores que le hicieron de su guión, que incluían cambios que él no había pensado y que terminó incluyendo en la versión final de su guión para Love and a .45.

Cambios, quizás sea estúpido aclararlo pero igualmente, que Veloz también sugirió para el guión de Tarantino de Asesinos por naturaleza que terminó dirigiendo Oliver Stone.

Todo esto, nuevamente, contado por el propio Talkington que se ocupa de aclarar en las pocas entrevistas que dio que él en esa época “estaba tomando un poco”

Talkington filmó una película que nadie vio en 1999 y un documental hace casi diez años. Su veta artística se fue para el lado de la música country, que siento texano tiene algún tipo de sentido.

Igualmente, y quizás como un guiño para los que vimos su magnum opus, lazó hace pocos meses una canción con Renee Zellweger. A juzgar por los números buchones de Spoti, debe estar viviendo de las regalías de la película, pero uno nunca sabe.

Si te da morbo, Love and a .45 se consigue con una calidad inmejorable y una facilidad pasmosa por ahí.

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