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151 – Míralos embrujar ataca de nuevo

Publicado el 8 de diciembre de 2022

Como ya se ha vuelto un clásico, empezaré diciendo “No tengo la menor idea de si estás enteradx de la existencia de…” y nombraré en esta ocasión a Lon Chaney.

Cuál de los dos”

Bueno, alguien que está al tanto de las cosas. El Sr, no el Jr.

El drepa”

Bien por esa cinefilia con tono arrabalero. Correcto, el padre. El que empezó la saga de “los disfrazados” que serían todos (bueh, ellos dos) en esa familia.

Y como quizás no todxs estén tan avanzadxs en el tema como la voz de mi consciencia, quizás sea conveniente hacer…

Un poco de historia”

¿Podés creer? Y contar que Lon Chaney Sr, que antes de que aparezca su Jr, era Lon Chaney a secas, nació como Leonidas Frank Chaney en abril de 1883 en Colorado Springs, Colorado, Estados Unidos.

Quizás hayas oído esta historia miles de veces, pero si no es muy buena: era hijo de padres sordomudos, lo cual le había dado desde muy temprana edad una habilidad descollante para interpretar y transmitir emociones solo con gestos y expresiones, algo que…

En el cine mudo era guita en un plazo fijo”

No lo podría haber puesto en mejores palabras. Pero detengámonos ahí un momento. Sus padres se habían conocido en la escuela que había fundado su abuela materna, que sigue hasta nuestros días con el nombre de Colorado School for the Deaf and Blind, y ambos venían de familias medio “patricias” con un bisabuelo congresista y un par de cosas más en el camino.

Nepobaby. Lon Chaney nepobaby”

Nah, bueh. No llegaría tanto. Desde niño, un poco por presión familiar para poder comunicarse y otro poco porque, vamos, había nacido con un talento enorme, el bueno de Lon empezó primero a comunicarse por gestos, después a hacer caras y finalmente a manejar un nivel de pantomima que te helaba la sangre. En paralelo, había empezado a experimentar con maquillajes y varias magias más.

El mundo del espectáculo, está claro, estaba a la vuelta de la esquina.

Bueno, o no taaan cerca si eras de Colorado, pero como la mayoría de los artistas que entraron a Hollywood cuando aquello era poco más que un montón de tierra y gente queriendo sacar guita de todo ese polvo, Chaney empezó a dar vueltas en troupes de teatro y vaudeville a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Sí, puede sonar a algo glamoroso, pero por aquel entonces, los que se iban de viaje eran más cercanos a “llegó el circo al pueblo” que a un hecho elevado donde va la GDT.

(Gente De Teatro, para los que no hablen el idioma de los que van a ver obras a PHs en sillas Colombraro en Villa Crespo. Perdón por la descripción cruda, hice lo mejor que pude. Volviendo a Chaney…)

Volvamos que se pone un poco picante la cosa, porque gira va, gira viene, vaudeville va, vaudeville viene, el bueno de Lon se enamoró y casó con una cantante de la gira en la que estaba. Su nombre era Cleva Creighton, y tenía 16 años.

En 1906. Antes de venir a levantar el dedo de la cancelación, preguntale a tus abuelos como se conocieron. Siguiendo…

Al poco tiempo, más exactamente en 1907 tuvieron a su primer (y único) hijo, que llevó el nombre real de Creighton Tull Chaney y el ficticio de Lon Chaney Jr, pero de ese choque de trenes nos vamos a ocupar otro día, porque hoy nos tenemos que ocupar de este.

Como te imaginarás si leíste Hollywood Babilonia de Kenneth Anger o incluso algún libro sobre el Hollywood clásico mejor documentado y más exacto, el matrimonio de Chaney y Creighton no era precisamente el de Emilio Disi y Doris del Valle.

Bueno, okey, hasta cierto año.

El punto es que la pareja no andaba del todo bien, al punto de que una noche, mientras Lon tenía una obra en el teatro Majestic de Los Ángeles, fue hasta ahí e intentó suicidarse tomando mercurio. No murió, pero la jodita le arruinó las cuerdas vocales para siempre.

Quizás no haga falta decir que el matrimonio se fue a la ruina en poco tiempo y el hijo de ambos boyando por hogares sustitutos y colegios pupilos hasta dentro de un rato.

Chaney, consumido por las llamas del escándalo, tuvo que dejar el teatro e ir a un lugar un poco peor en ese momento: las películas.

Quizás esa sea la razón por la cuento todo este lío de un matrimonio: las películas por ese entonces eran poco más que la escoria del mundo, el lugar al que iban a parar los algo malo habían hecho, y querían seguir, fuera como fuera, en el mundo del espectáculo.

Pero si hace cinco minutos dijiste que Hollywood Babilonia…”

Y lo sostengo. Que cualquier cosa haya sido posible en el Hollywood clásico no quiere decir que lo que el charlatán (hermoso, por cierto) de Anger tenga algún tipo de asidero. Volviendo…

Ya en Hollywood Chaney empezó haciendo pequeños papeles hasta que empezaron a descubrir, primero, su capacidad interpretativa (esa “plata en un plazo fijo” de la que tan bien hablaste antes)…

Gracias”

… y de su poder para la caracterización mediante maquillajes que él mismo hacía.

Así fue como fue escalando posiciones hasta llegar a estar fichado (por bastante poca guita, hay muchas historias de ejecutivos diciéndole que nunca iba a cobrar más de cien dólares a la semana y demás etcéteras) en Universal.

Pasaron varios años de papeles mínimos y pequeños hasta llegar a 1919 con El milagro (The Miracle Man) de George Loane Tucker, donde sus habilidades para el maquillaje quedaron expuestas para el gran público.

A partir de ahí vinieron de mano de Tod Browning quizás sus mejores películas que fueron una decena, pero nos vamos a quedar con el triolet (?) formado por Garras humanas (The Unknown, 1927), La casa del horror (London After Midnight, 1927) y Los tres malditos (The Unholy Three, 1930) que era una remake sonora de una muda que habían hecho cinco años antes, pero bueh.

Sí, después (o mejor dicho, antes y en el medio) vinieron El jorobado de Notre Dame (The Hunchback of Notre Dame, 1923) de Wallace Worsley y El fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera, 1925) de Rupert Julian, que tuvo más directores que un club del ascenso, entre ellos el propio Chaney, pero el crédito fue para Julian y el resto es historia.

Chaney murió de un cáncer de pulmón en agosto de 1930. Tenía cincuenta años.

Y acá, justamente acá, empezó la historia que quería contar.

Bueno, en realidad quería contar todo lo otro, pero esto era lo que me llevó a hacer una intro mucho más larga que el cierre este.

Dejá de meter excusas y hablá”

Ya mismo: porque el fantasma de El Fantasma se siguió viendo en el Hollywood de los años que siguieron.

Momento… ¿qué?”

Bueno, o eso dicen. Hay varios avistamientos del fantasma de Lon Chaney a lo largo de la historia y uno que terminó en un debate público.

Esto se pone interesante”

Cuándo no. Pero empecemos por el más “normal”:

Y “el más normal”, claro, es el de las apariciones del estudio 28 de Universal.

En el 28, obviamente, se filmó El fantasma de la Ópera y, tras la muerte de Chaney, casi cualquiera al que le haya tocado rodar algo ahí aseguraban que veían a un hombre con una capa negra que aparecía y desaparecía casi por arte de magia.

Claro que no se quedaba solo con ese chiste: también corría por las parrillas de iluminación y, cuando nadie estaba trabajando en el turno noche, encendía y apagaba las luces.

Hasta acá, el fantasma del Maipo, o de casi cualquier institución que tenga algunas décadas encima.

El otro, el del debate público, es bastante más extraño.

“El del debate público” incluye un banco (de los de sentarse, no de los de guardar plata) en una esquina emblemática de Los Ángeles: la de Hollywood Boulevard y Vine.

La esquina de Hollywood y Vine era en la época dorada de Hollywood el lugar donde estaban todos los edificios que tuvieran algo que ver con el cine y el entretenimiento en general. Al día de hoy, solo sobrevive el emblemático edificio de Capitol Records.

En esa esquina había un banco. Y en ese banco, se dice, se podía ver al fantasma de Chaney sentado.

Y acá, justamente acá, es cuando la cosa se pone un poco deforme, porque la supuesta aparición del fantasma fue uno de los argumentos que un concejal utilizó en una sesión de la legislatura donde se debatía si esos bancos debían mantenerse o no.

Los bancos, que muchas veces tenían publicidades de comercios locales, “afeaban” la vereda según varios puristas y no tenían la mejor reputación.

Pero no fue hasta que un concejal de nombre Norris Nelson esgrimió que los bancos con publicidades no eran de su agrado, que prefería los bancos que él mismo había puesto años antes.

Para probar su teoría, explicó que el banco que él mismo había mandado a poner en la esquina de Hollywood y Vine era el banco donde Lon Chaney se sentaba a esperar el colectivo cuando era poco más que un extra, y que cuando se hizo famoso, pasaba con su auto y llevaba a los extras a los estudios para que no tuvieran que usar el transporte público.

Como prueba de la superioridad estética del modelo anterior, Nelson argumentó que había pasado, visto que su banco había desaparecido y reemplazado por uno con una publicidad de cigarrillos: “Ningún fantasma reputable se sentaría en un banco tan feo.”

El banco de Nelson nunca fue puesto nuevamente, y el fantasma de Lon Chaney se desvaneció en el aire para siempre.

¿Qué grado de certeza tiene toda esta información?

Bueno…

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