Skip to content

148 – Míralos ¿embrujar?

Publicado el 17 de noviembre de 2022

Bueno, se ve que esto llegó para quedarse y, te debo confesar, me jode cero. las historias tétricas del viejo Hollywood son de mis cosas favoritas del mundo.

“Y hoy cuál toca”

La de una actriz. Sí, sé que no te estoy dando mucha pista y que “historia tétrica”, “Hollywood” y “una actriz” en la misma oración son prácticamente un cliché, pero dejame meterle un poco de suspenso.

Una actriz que nos dejó a corta edad y en las circunstancias más sospechosas posibles. Una con la que, si me apretás un poco, terminaron pesando más las causas de su partida que su carrera en sí, bastante injustamente.

“Marilyn Monroe”

Ya empezaste con “los grandes temas”. No.

“La dalia negra”

Esa será otra vez. Thelma Todd.

“Estuviste bien ahí”

Es lo que tengo.

Thelma Todd nació con el nombre de Thelma Alice Todd en Lawrence, Massachussets, Estados Unidos en julio de 1906.

Como todas las historias de actrices de ese período y de un par de períodos después, la tragedia golpeó a la familia cuando todavía era joven. No es la historia de Peg Entwistle, más vale, pero bueh.

Hija de un tapicero y un ama de casa, conoció la tragedia a corta edad cuando su hermano mayor murió en un accidente en 1910.

Ese casillero ya está tachado.

Sus padres, viendo la belleza de la chica, le empezaron a llevar a esos concursos de belleza tan populares en los pueblos y cuidades por aquel entonces —y casi que por este entonces, por suerte están empezando a desaparecer como los zoológicos, pero hasta hace un par de añitos hasta había realities de eso, no nos olvidemos— hasta que ganó el Miss Massachusetts en 1925.

Este título le valió cierta atención y un agente de Hollywood no tardó tardó en hacer una propuesta.

El resto, te imaginarás, es historia.

Firmó contrato con Paramount, en esa época donde las estrellas de cine eran poco más que parte del mobiliario de los estudios y empezó a hacer película tras película en el período que las películas no hablaban.

Las películas de este período la tenían más como una “decoración” en el plano que como otra cosa. Los papeles que le proponían se basaban más en su belleza que en su talento que, no tardó en demostrar, tenía y mucho.

Con la llegada del sonoro, ese certificado de defunción para miles de carreras de actores que, o eran galanes y tenían la voz muy finita, o eran estrellas del horror y no podían hablar muy bien en inglés o miles de otros factores que hacían que el “que se escuche” fuera la tragedia más grande todos los tiempos, Todd logró su cometido: que se la tomaran en serio.

Y demostró ser una estupenda actriz de comedia, al punto de que armó su propia troupe de comedia para hacer cortos en la vena de “el gordo y el flaco” junto a la actriz ZaSu Pitts de la mano del productor Hal Roach.

Sí, dan ganas de ponerse a pensar, sobre todos cuando se cuentan estas historias del Hollywood clásico en qué momento los hombres agarraron la manija y no la quisieron soltar, porque en los comienzos de todo, la paridad que hoy se quiere alcanzar y no se logra estaba prácticamente alcanzada, pero eso probablemente sea otro día.

Con Pitts hicieron casi dos docenas de cortos en unos pocos años que le valieron el título de actriz de comedia con todos los sellos necesarios en el certificado.

Viendo que con esos cortos se quedaba corta —sí, fue pésimo, dejámelo pasar—, su representante decidió empezar a “prestar” a Todd a otros estudios para que actuara en proyectos de mayor envergadura.

Así llegaría quizás el período más famoso de su carrera, donde apareció en películas de Bert Wheeler y Robert Woolsey —una suerte de “versión B” Laurel y Hardy o Abbot y Costello— como Cuidado con las curvas (Hips, Hips, Hooray!, 1934) dirigida por Mark Sandrich, Buster Keaton como Silenciosamente (Speak Easily, 1932) dirigida por Edward Sedgwick, y quizás más famosamente de los hermanos Marx como Polizones y ladrones (Monkey Business, 1931) y Plumas de caballo (Horse Feathers, 1932) ambas dirigidas por Norman Z McLeod.

Sí, de ahí la tenías a la buena de Thelma.

A diferencia de muchas de las estrellas del momento, que estaban en la cima un lunes y el viernes a la mañana se preguntaban dónde estaba la guita, Todd no era solo una cara bonita que además hacía reír: era viva, y por viva digo viva con los números y los negocios.

Así fue como en 1934 abrió el Sidewalk Cafe, que no tardó en convertirse en el Fechoría de las estrellas de esa época.

“Esa referencia a Sofovich sí se pudo ver”

A cielo abierto. Decía: Todd tenía una carrera en su apogeo y había hecho las inversiones del caso. ¿La vida solucionada, dirás?

Bueno, no por mucho tiempo, por poco más de un año después de la apertura de su aventura gastronómica, Todd fue encontrada muerta adentro de su auto en el garage de su casa, víctima de lo que parecía, en un principio, una intoxicación con monóxido de carbono.

Algo raro, porque Thelma, quizás se me pasó antes decirlo, era muy buena con los autos, casi “tuerca” y sabía de las implicancias de quedarse en un lugar cerrado con el auto en marcha.

Quizás como un guiño extraño del destino, ese mismo año Todd había filmado uno de los pocos largometrajes de su carrera, Un par de gitanos (The Bohemian Girl, 1936), junto a Laurel y Hardy. La película se estrenó luego de su deceso, y fue medio matada por las críticas, pero no nos distraigamos hablando de cine (?) porque—

El misterio recién empezaba.

El informe del forense determinó que Todd había muerto entre las 5 y las 8 de la mañana del 15 de diciembre de 1935, a causa de un envenenamiento con monóxido de carbono. Su auto aún tenía la marcha puesta, pero se había quedado sin combustible. llevaba puesta la ropa de fiesta que había usado la noche anterior, pero tenía en su estómago restos de arvejas y zanahorias que no se habían servido en la cena del club nocturno Trocadero a la que había asistido.

¿Qué pasó esa noche? Bueno, eso un poco más adelante.

Otro dato bastante curioso” es que la noche de la fiesta había sido particularmente ventosa, algo que le hubiera desarreglado el pelo. Su pelo, para sorpresa de todos, estaba perfectamente peinado.

Hay más: la noche de la fiesta, ella no volvió en su auto sino que la dejaron en la puerta. Para llegar al lugar donde estaba su auto, Thelma tendría que haber subido una serie de escalera cuesta arriba en la colinas de Hollywood con sus zapatos que, por cierto, no tenían señales de haber pasado por semejante aventura, lo mismo que sus pies y medias, en caso de que hubiera elegido sacárselos para hacerlo.

Adicionalmente, el baúl del auto estaba lleno de regalos de navidad para amigos y familiares y no se encontró nada ni remotamente parecido a una nota o carta o escrito típicos de alguien que va a tomar tan drástica determinación.

Lo cual nos lleva a una nueva pregunta que es ¿fue realmente un suicidio? ¿Caminó hasta ahí o alguien la dejó donde la encontraron?

La autopsia determinó, pero no le dio importancia —más de esto más tarde— que Todd tenía la nariz rota. Esto podría ser consistente con la segunda teoría que dejaba el suicidio de lado: que haya tenido un accidente, se haya quedado “encerrada afuera” de su casa y haya ido al auto a estar un poco mas guarecida. teoría que se vendría abajo cuando se descubriría que: a) tenía las llaves de la casa en la cartera y b) que la casa no estaba cerrada con llave.

Si no fue un suicidio, a pesar del informe del forense, ni fue un accidente… ¿fue un asesinato?

Y acá, justamente acá, es cuando la cosa se pone un poco más densa, porque Todd había estado en pareja con un productor llamado Pat DiCicco.

DiCicco, quizás no haga falta que lo diga con ese apellido, tenía lazos con la mafia, más precisamente con Lucky Luciano quien había tenido un amorío con la actriz que no había terminado del todo bien.

DiCicco y Luciano querían instalar un lugar de apuestas ilegales en el piso de arriba en el edificio en el que Todd tenía su restaurante, y la quisieron convencer de mil maneras sin mucha suerte: ella se negaba cada vez, y les decía que se olvidaran de la idea.

Y seguro que te quedaste pensando en qué pasó la noche anterior.

“La verdad que sí”

Qué suerte porque justo viene ahora.

La noche del sábado 14 de diciembre Todd fue al club nocturno Trocadero en el Sunset Strip, a una fiesta de la actriz —y enorme directora— Ida Lupino.

En el evento, Todd se cruzó con DeCicco y el alcohol y el paso de la noche contribuyó a que terminaran en una discusión a los gritos en el evento.

Todd se fue del club a eso de las cuatro de la mañana, en un auto manejado por su chofer que, habitualmente, la acompañaba a subir, pero que esta noche la dejó en la puerta, dijo, por pedido de ella.

¿Entonces? ¿Suicidio? ¿Accidente? ¿Asesinato?

Cómo saber.

Esperá que hay una más. Por ese entonces, Todd estaba en pareja con Roland West, que la había dirigido en Corsario (Corsair, 1931).

West no era precisamente un pan de dios: se hablaba de una relación abusiva y tormentosa entre ellos, donde él le dictaminaba a ella a qué hora debía volver a la noche. Nunca debía ser después de las 2 de mañana.

Esa noche, Todd volvió a las 4 y se negó a que el chofer la acompañe hasta arriba porque sabía que iba a haber una escena con West. Cuando llegó, se encontró con la puerta cerrada.

Lo que siguió, fue todo contado por West, que contó que hubo una pelea verbal a través de la puerta, con Todd todavía un poco “alegre” y West diciéndole que deje de tomar.

Todd salió para el garage. Horas después, según su testimonio, West fue a ver qué pasaba y se encontró con la escena del crimen.

Llamó al productor Hal Roach, que además hacía las veces de manager de Todd y le explicó la situación. Roach, con el drama de fatty Arbuckle todavía fresco, le dijo que se olvide todo.

Al día siguiente, el forense dijo que había sido un sucidio.

West dejó esta dimensión en 1951, aparentemente confesándole lo que realmente había pasado esa noche a su íntimo amigo el actor Chester Morris en su lecho de muerte. Morris se suicidó en 1971.

Hal Roach, la última persona con el conocimiento de lo que realmente había pasado, murió sin confesar nada en 1992.

Thelma Todd tenía 29 años.

Compartir