Skip to content

130 – No miren a la vía

Publicado el 14 de julio de 2022

Bueno, si viste la película, probablemente te acuerdes de su secuencia inicial y ya sepas de qué voy a hablar. Si nunca la viste porque, bueno, la vida es así, quizás sea este el momento donde no me ando con rodeos y digo de qué voy a hablar, que vayas, la consigas, la veas y vuelvas.

“Pero por favor, ni un párrafo y ya hay como quince órdenes distintas”

Tesis (1996) de Alejandro Amenábar. La películas es Tesis (1996) de Alejandro Amenábar.

“Pero, será posible, yo quería todo el biribiri del suspenso”

El perro del hortelano. Decía—

La primera vez que me acerqué a esta película fue el comienzo de mi formación. Recuerdo el primer día de Universidad, nos reunían en el cine que tenía, hablaba el rector y nos pasaban dos películas: Apocalipsis Now (Apocalypse Now, 1979) de Francis Ford Coppola y la que en ese momento era el debut de una joven promesa, Tesis de Alejandro Amenábar.

(Cómo de una Universidad que te planteaba eso de entrada después salieron muchísimas de esas películas de “encontré estos videos de mi familia y creo que le van a interesar a todos tanto como a mí” es un misterio que todavía tengo, pero es para más largo y en otro momento, porque, antes de que grites: obvio que hay una o dos buenas de ese género, no eran necesarias las otras doscientas. Volviendo—)

Y acá deja de ser autobiográfico y pasa a ser una lección para todos: cuando uno entra en una escuela de cine, tiene que tener por lo menos algo claro. Y eso es: qué no quiere.

(Ey, acabo de encontrar la respuesta al entre paréntesis anterior. Si no entrás sabiendo lo que querés, quedás a merced de los profesores que te toquen y si en esa repartija las cartas te vinieron medio polémicas, pum: “encontré estos videos de mi familia y creo que le van a interesar a todos tanto como a mí”. Al final no daba para más largo y se solucionaba con eso. O no. Volviendo—)

Dentro de lo que “no se quiere” muchas veces, post adolescencia mediante, uno no parece del todo permeable a algo que no conoce y que le acaban de decir que es una obra maestra. El obramaestrismo, como lo llama el querido Sergio Wolf, ha hecho mucho daño.

¿A dónde quiero ir como todo esto?

“Bueno, bien que te aviviaste vos solo”

A que muchas veces el prejuicio no sirve para nada. Así fue cómo, obligado por la currícula, me senté a ver Tesis de Alejandro Amenábar, una película que para 1997 no tenía ni visos de estreno comercial en el país, proyectada, seguramente, de una copia en VHS.

Yo había visto Hitchcock y sus variantes por propia voluntad años antes y cada vez que alguien quería ejercer el obramaestrismo conmigo y usaba hitchcockiana como llamador, a mí inmediatamente se me dibujaba un De Palma sonriendo y en mi cabeza aparecían tres perros jugando al póker.

Y es así, entonces cómo, obligado por la currícula, me senté a ver Tesis de Alejandro Amenábar y enloquecí.

Enloquecí ante de una de las películas más simples y mejor hechas que había visto en mi vida —corta, quizás, para ese momento, pero bastante cinéfila, así que valía el hype— y que me dejó absolutamente boquiabierto.

Tanto que me fuí a Camelot (sí, sé que estoy abriendo un portal interdimensional con solo nombrarlo, y que inmediatamente entra por él Gerardo diciendo “Muy buen material”, “Un vueltito, maestro” y “Lo tuyo está entrando el jueves”, pero me lo banco) y me compré el VHS en una copia PAL preciosa de Sogepac.

Esto, para los que no vivieron la época quizás no lo sepan y bien vale el desvío, total, estamos acá leyendo: las copias españolas e inglesas en VHS, que venían en el estándar PAL-B se veían mucho mejor que las locales que venían en el PAL-N. ¿Brujería? ¿Mejores cintas? Cómo saber. Bueno, en realidad la respuesta es “más líneas” pero no la quiero nerdear. Volviendo—

La película, por aquel entonces, era poco más que un milagro: un director de poco más de veinte años que hacía su “tesis” aún como universitario y hacía esta obra maestra del cine de suspenso y nos dejaba a todos con el culo al norte.

Claro que esto era una origin story medio tirada de los pelos como la de “Rodriguez filmó El mariachi con siete mil dólares”, porque Amenábar venía de hacer varios cortos muy exitosos y, si bien era joven, había logrado con ellos despertar el interés de un productor que decidió jugarse todo a su talento.

Sí, estábamos en los noventa, esa década donde hubo un New New Hollywood, de acuerdo, pero ya para finales de la década se empezaba a apagar y esto, esto era algo que no tenía parangón.

Porque, si bien podemos decir que Tesis toca todas las teclas que hacen falta para hacer sonar el suspense del que habló Hitchcock —y un poco este newsletter— hasta el hartazgo, también es cierto que se apropia de él de una manera muy creativa.

Pero más de eso en un momento, porque ahora deberíamos caer en el paco de la sinopsis para que se entienda: una estudiante de comunicación está haciendo una investigación sobre la violencia en los medios de comunicación—

(Sí, bueno, acá viene la parte donde citamos Acto de violencia en una joven periodista de Lamas, porque los fans somos así y seguimos.)

En la búsqueda de material se encuentra con un profesor muerto y una cinta de, lo que cree, es una película snuff. Para corroborarlo, habla con un compañero cutre y fanático del cine berreta que le hace de escribano y juntos inician una investigación que, claro, se complica.

Y la sinopsis no está ahí porque sea influencer, está ahí por algo: de ella se desprenden varias —pero no todas— de las aristas que tiene esta película.

Empecemos por lo de la violencia en los medios de comunicación y viajemos a la España de principios o mediados de los años noventa: los reality shows están empezando a aparecer, los talk shows de la tarde son todo morbo y más y en una pequeña localidad de Valencia tres chicas aparecen asesinadas.

Lo que se conoció como El crímen de Alcasser (que hasta tiene su propia docuserie de Netflix) fue un evento que cambió para siempre a la televisión española, con una suerte de Mediodías con Mauro sucediendo cada noche al aire ¿tratando de encontrar al asesino? ¿medir más que la competencia? ¿hacer just— Bueno, televisión, se entiende.

Es en medio de todo esto que aparece Tesis. Por eso que su protagonista —mucho más de ella en un rato— esté investigando este tema la hace que toque las notas del suspense pero también las de la explotación, pero de una manera muy fina.

Sigamos con la sinopsis y vayamos a la parte donde ella se cruza con una cinta que tiene un snuff adentro.

Sí, ya hablamos dos millones de veces de que el snuff es una construcción cultural, de que nadie vio uno y de que es más una suerte de nafta súper para el mundo del cine de horror que otra cosa, pero estamos frente a una construcción de ficción, así que—

Tesis, desde la ficción, plantea que el snuff es real como una película de extraterrestres plantea de bajan a la Tierra y lo aceptamos.

Lo aceptamos porque, conforme va pasando el metraje, nos empezamos a preguntar si hacia dónde estamos yendo no es justamente ese lugar, pero más del el final al final.

Igualmente, quizás lo más interesante que hace no sea plantear si sí o si no ni nada de eso, sino que se la pasa haciéndonos creer que es una película moralista, como buena parte del cine de horror lo es.

Y lo es hasta un punto, que vamos a discutir en un instante, porque Tesis, además de lo expuesto un poco más arriba, hace magistralmente dos cosas:

La primera en pararse en la vereda de “audio” y no en la de “visual”. Expliquemos esto en un segundo: si vemos la primera secuencia, una cita de la cual titula este envío, vemos la pulsión de la protagonista por “mirar a la vía”, por ver ese espectáculo dantesco que debe ser alguien arrollado por un subterráneo. En el mismo momento donde está por mirar, alguien la corre y no puede hacerlo. Esto, más que un truco de feria, va a ser parte del planteo estético de la película: la idea de que escuchemos y nos imaginemos más de lo que veamos, hasta que— Bueno, eso más tarde.

Sí, puede que me grites en la cara “Henry: retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986) de John McNaughton lo hizo diez años antes” y vas a tener razón, pero la fineza con la que Tesis, nuevamente, se apropia de esto también es de un guante blacno hermoso.

Y no va a ser la única cosa de la que se va a apropiar, porque Tesis es, en definitiva, un ejercicio de apropiación.

“Y después decís de De Palma”

Con esto ya deberías darte cuenta que mi chiste con De Palma es solo eso, pero lo voy a sostener porque veo que enoja más que un chiste de Boca o River. Volviendo—

Existió una idea hitchcockiana desde el principio, con una leyenda que habla de 25000 planos rodados para usar solo un poco más de 3000, pero nadie lo puede asegurar demasiado ni debería ser terriblemente importante porque, vamos, hinchapelotas hubo siempre.

Lo segundo interesante que hace es tratar como trata al personaje de Ángela, del que prometí hablar, y es la columna vertebral de la película. Y esto es porque Amenábar hace, a través de ella, varias cosas muy increíbles a nivel narrativa y visual:

Por empezar la usa como un vehículo de diégesis a través de la cual esa fascinación y horror por la truculencia en cámara se trasladan.

“Explicalo mejor, hermano”

A eso iba: Ángela funciona como un portal entre lo que sucede y lo que le sucede—

“Bueh, ya nos pusimos místicos”

Pero será posible, dejame terminar: Ángela somos nosotros, pero lo somos desde una forma muy extraña porque, a diferencia de la primera secuencia donde no la dejan mirar a la vía, en el resto de la película ella ve las imágenes que nosotros no vemos. Se tapa la cara, pero quiere espiar entre los dedos. Rompe por nosotros ese espacio más audio que visual del que hablaba más arriba, y termina perforando los propios territorios del video cuando llegamos al final.

Porque sí, te dije que iba a hablar del final y lo voy a hacer: hay en Tesis, como dije más al principio, una suerte de idea de “moralidad” con Ángela, nuevamente, entendiendo todo esto que sucede en la tele como algo inmoral y aberrante y terminando siendo seducida por el propio villano que la película plantea.

Pero hay algo más: justo para el momento donde pensamos que la película “no va a mostrar nada”, cuando la propia Ángela se salva de milagro de protagonizar su propia película snuff es cuando Tesis se pone realmente truculenta, mostrando con detalle —y en el mismo video de la snuff original— la muerte del que antes era su interés afectivo, a pesar de todas esas banderas rojas.

Es justamente, en este cambio posicional de la violencia que la película deja de tocar el pianito del suspense y escribe su propia canción, como si la hubiese estado tocando desde el principio sin que nosotros nos hayamos dado cuenta.

Sí, claro que hitchcockiano acá quedaba genial.

Quizás debería hacer un epílogo diciendo que ninguna de las películas posteriores de Amenábar me interesaron tanto como Tesis, haciéndome sentir un fade out desde esta obra “en 11” hasta lo que sea que esté haciendo ahora.

Pero eso, nuevamente, sería opinión personal y, ya lo dije mil veces, es mejor que veas las películas y saques las conclusiones.

Compartir