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117 – Favores como estos, nunca más

Publicado el 14 de abril de 2022

En épocas donde la “nueva normalidad” es cosa de todos los días y los viejos salen sin barbijos a la calle, el Bafici vuelve con su edición 23, el año que debería celebrar la 24, pero bueno, el de 2020 no fue.

Para lxs desprevenidxs, Bafici es el apócope de Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, un evento que tuvo más cambios de piel y estilo que una serpiente y que este año se desarrollará entre el 20 de abril y el 1 de mayo próximos.

Empecemos con un poco de house keeping: la programación searcheable está acá, el catálogo en PDF para la gente de mi edad acá y la grilla día por día acá. Me llegó el rumor de que este año no va a haber catálogo de papel. ¿Ecología? ¿Dólar a 200? Lo descubriremos cuando vayamos desandando este camino largo y sinuoso.

Va a ser presencial este año —con algunas pocas funciones online, ver en cada caso—, y su página anuncia que va a tener “más de 290 películas en 15 sedes” algo que, aprendimos en ediciones anteriores, cuenta como “películas” a largos y cortos para engordar el ganado. Una costumbre seguramente heredada de los publicitarios que llaman “peli” a treinta segundos de un frasco de yogur sudado. En fin.

¿Cuántas de esas son películas películas? A ojo de buen cubero, diría que la mitad, pero “más de 145 películas” capaz no sonaba tran atractivo para un festival que años atrás estaba arriba de las 500.

Pero no estoy acá para hatear, por más que me lleve los huevos en una carretilla de hacer esto —full disclosure (?)—, estoy acá para guiarte en este mundo y que no salgas lastimadx, o que salgas lo menos posible.

Como siempre, empecemos con una guía de supervivencia de festival de cine, para lxs que nunca encararon uno y se quieren tirar a la pileta:

Esta guía de supervivencia es algo que me armé yo con los años y que me rinde a mí, no necesariamente es para todo el mundo: agarrar el catálogo, marcar las que nos interesan, agendarlas de modo que no se pisen y sacar entradas.

Ya si se quiere vivir como uin profesional, si hay una película de la que no estamos segurxs y se pisa con otra, sacar entradas par ambas —teniendo en cuenta las sedes— para poder “escapar” a la otra en caso de que la situación lo amerite.

Y, como siempre, cualquier festival es una buena oportunidad para ver en sala películas que de otra manera suelen ser accesibles. Las nacionales, sabemos, suelen tener suerte esquiva si no frecuentamos en Gomón, así que el clásico addagio de “las nacionales a la larga las terminas viendo” a veces aplica y a veces no.

Dicho todo esto, y sin más preámbulos, acá va una lista desordenada de cosas que me llamaron la atención, sin mucho orden más que el que vaya pintando.

Las películas de apertura van a ser Pequeña flor (Petite fleur, 2022) la esperada nueva película de Santiago Mitre para las exhibiciones “regulares” y para el Baficito —que ya parece tener un vuelo propio— El ascenso y caída del Chop Chop Show (2022) de Diego Labat. La de clausura la franco-belga Viens je t’emmène (2022) de Alain Guiraudie, que supo tener su propio Foco en Bafici 2010.

En la Competencia Oficial Internacional podemos encontrar, entre otras, L’État et moi (2022) de Max Linz una comedia alemana —si es que eso existe— sobre el derecho penal, Le Prince (2021) de Lisa Bierwirth, otra alemana sobre un tórrido romance, Carrero (2022), opera prima de los argentinos Fiona Lena Brown y Germán Basso, la esperadísima nueva película de El Pampero Cine Clementina (2022) de Constanza Feldman y Agustín Mendilaharzu, la demencial y hermosa El sistema K.E.O.P/S (2022) del querido Nicolás Goldbart —que vi sin efectos y me voló la peluca, pero que de todas maneras se estrena en breve y se vienen cositas—, Fanny camina (2021) de Alfredo Arias e Ignacio Masllorens, un extraño artefacto con la actriz Fanny Navarro en material de archivo, la chilena El pa(de)ciente (2021) de Constanza Fernández, sobre el sistema de salud chileno, la también chilena Proyecto fantasma (2022) de Roberto Doveris, una suerte de comedia con tintes sobrenaturales, la española Sis dies corrents (2021) de Neus Ballús, una comedia sobre plomeros (!), la yanqui Happer’s Comet (2022) una coral del ya veterano y hombre orquesta Tyler Taormina, la filipina Leonor Will Never Die (2022) de Martika Ramirez Escobar de una actriz en un limbo que incluye un estado de coma y una película sin terminar, la francesa de directora iraní À vendredi, Robinson (2022) de Mitra Farahani, sobre unas correspondencias de Jean-Luc Godard, otra francesa, Un pequeño gran plan (La Croisade, 2021) del ya veterano en Baficis Louis Garrel, la irlandesa The Cry of Granuaile (2022) de Dónal Foreman sobre una directora que está investigando sobre una reina pirata del siglo dieciséis para hacer una película y la mexicana Malintzin 17 (2022) de Eugenio y Mara Polgovsky, un ejercicio de padre e hija documentando un ave.

Como parte de la Competencia Oficial Argentina, una que generalmente terminamos viendo a la larga o a la corta si estamos atentos a la cartelera, tenemos, entre otras cosas “las nuevas” de varios directores encumbrados: como A Little Love Package (2002) de Gastón Solnicki, Camuflaje (2022) de Jonathan Perel, El campo luminoso (2002) de Cristian Pauls, El futuro (2022) de Ulises Rosell, El monte (2022) de Sebastián Caulier, responsable de la genial El corral (2017), El Nacional (2022) de Alejandro Hartmann, la esperadísima La edad media (2022) de Alejo Moguillansky y Luciana Acuña, y Sean eternxs (2022) de Raúl Perrone, por si andás con ganas de autolesionarte (?)

En Vanguardia y Género, cuyos límites no terminan de quedar muy claros nunca, tenemos: El fulgor (2021) de Martín Farina, Historia universal (2022) del siempre experimental e incansable Ernesto Baca, la española Cerdita (2022) de Carlota Pereda, la yanqui The Case of the Vanishing Gods (2021) del hombre orquesta Ross Lipman, Rewind & Play (2022) de Alain Gomis, un documental con material de archivo encontrado de Thelonius Monk, la aparentemente extrañísima y griega The Timekeepers of Eternity (2021) de Aristotelis Maragkos, la suiza La Mif (2021) de Fred Baillif y la uruguaya El filmador (2022) de Aldo Garay, que leés la sinopsis y la querés ver ayer.

Dentro de Noches Especiales, tenemos las clásicas fuera de competencia que a veces dan lindas sorpresas: El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas (2022) de Alejandro Hartmann, El arponero (2022) de Mirko Stopar, el que hizo la bellísima Llamas de nitrato (2015), Telma, el cine y el soldado (2022) de Brenda Taubin y la premiere mundial de The Affairs of Lidia (2022) del querido Bruce Labruce.

Del Baficito ya sabés que no me ocupo mucho, porque carezco de bendi, pero sí te puedo decir que si tenés la tuya propia, en una de esas es una buena idea acercarse y hacerles ver animaciones de países que no llegan tanto, como Holanda, Suecia, Francia, Luxemburgo y un —relativamente corto, tampoco vamos a mentir— etcétera.

Los Rescates —películas muchas veces restauradas por alguien más que no es la Cinemateca porque no existe— siempre son bienvenidos para volver a ver —o ver por primera vez— en sala una película que amamos. Entre otras, están Bolivia (2001) de Israel Adrián Caetano, piedra basal del Nuevo Cine Argentino, la peruana Cholo (1970) de Bernardo Batievsky, la imperdible Happy Together (1997) de Wong Kar-wai, la genial Prisioneros de la tierra (1939) de Mario Soffici y Rocky vs. Drago: The Ultimate Director’s Cut (2021), extraña ocupación de pandemia de Sylvester Stallone que se la puso a montar Rocky IV (1985) de nuevo.

En Comedias hay solo dos, demostrando un signo de los tiempos del tamaño de un elefante: Saturdays Disorders (2022) y Weak Rangers (2022) de la argentina Lucía Seles.

La clásica sección Familias trae, entre otras, la chilena La taza rota (2021) de Esteban Cabezas y las argentinas Me busco lejos (2022) de Diego Lublinsky y Terror familiar (2022) de Damián Galateo.

La otra clásica sección Hacerse grande —dedicada a coming of ages de todo tipo— este año tiene la italiana A Chiara (2022) de Jonas Carpignano, la guatemalteca Cadejo blanco (2021) de Justin Lerner, que ya valdría verla por la escasez de ese cine que nos llega, la italiana y muy comentada Futura (2021) de Pietro Marcello, Francesco Munzi y Alice Rohrwacher y la argentina Villa Olímpica. Recuerdos de un mundo fuera de lugar (2022) de Sebastián Kohan Esquenazi.

Lugares este año viene muy variado, con la birmana Myanmar Diaries (2022) de The Myanmar Film Collective, la israelí Nelson’s Last Stand (2021) de Avi Maor Marzuk, la argentina Plan para Buenos Aires (2022) sobre un desarrollo urbano de Le Corbusier en esta cuidad de Gerardo Panero y Silencio en la ribera (2022) de Igor Galuk, un ensayo visual sobre la última crónica de Haroldo Conti.

La sección de Música depende mucho de lo que te guste escuchar, pero están la noruega a-ha The Movie (2021) de Thomas Robsahm y Aslaug Holm que me da más ganas que de vivir, la yanqui Freakscene: The Story of Dinosaur Jr. (2021) de Philipp Virus sobre, bueno, la banda que se nombra en el título, In the Court of the Crimson King (2022) de Toby Amies, por si sos de lxs desviadxs de la progresiva y una directo a mi cora (?) total: la italiana Italo Disco. Il suono scintillante degli anni 80 (2021) de Alessandro Melazzini, entre otras.

La siempre esperada Nocturna —que generalmente nos pone adelante cosas inenarrables de lo deformes— este años nos trae, entre otras cosas, la española Así se rodó Carne quebrada (2022) de Gonzalo García-Pelayo sobre el rodaje de una película porno, la brasileña Fórmula Selvagem (2021) Flávio Carnielli, una suerte de Año 2000: carrera mortal pero con feijoada (?), New York Ninja (2021) una película encontrada que promete hacer las delicias de los que amamos Miami Connection y la esperadísima Occhiali neri (2022) de Dario Argento porque, siempre nos va a dar ganas de ver la nueva, por más que no haya cagado mil veces.

En Películas sobre películas —otra sección interesante todos los años, o por lo menos para mí— tenemos, entre varias más: A távola de Rocha (2021) sobre el cineasta portugués Paulo Rocha, Film, the Living Record of Our Memory (2021) sobre conservación de material fílmico, la dominicana Lo que se hereda (2022) sobre el cienasta y militante Oscar Torres y la española Viaje a alguna parte (2021) de Helena de Llanos sobre la obra de Emma Cohen y Fernando Fernán Gómez.

Dentro de las Retrospectivas, hay una de Pascale Bodet, si creés que “comedia” y “francesa” pueden ir en la misma oración, otra de Genadzi Buto, animador experimental bielorruso, y de David Fisher, documentalista israelí.

La sección Rescates siempre es una oportunidad para ver esas películas que no llegaste a ver en sala por edad o simplemente cuelgue. Tiene, además dos focos: uno sobre la realizadora Jan Oxenberg con dos cortos y un largo y otra de Homenajes con clásicos como La cifra impar (1962) de Manuel Antín, La aventura (L’avventura, 1960) y El desierto rojo (Il deserto rosso, 1964) de Michelangelo Antonioni, y la querida Tras la pantalla (2015) de Marcos Martínez, en un merecidísimo homenaje al querido Pascual Condito.

En Artes y oficios, entre otras están: Bad Attitude: The Art of Spain Rodriguez (2021) de Susan Stern, esposa y documentalista de su marido, el dibujante underground de historietas Spain Rodriguez y Dean Martin: King of Cool (2021) de Tom Donahue sobre el crooner más genial de todos los tiempos.

En Trayectorias, están todas las “esperadas” o “películas de directorxs que hemos visto en ocasiones anteriores” hay bastantes y muy variadas: Avec amour et acharnement (2002), la nueva de Claire Denis, Diarios (2022) de Andrés Di Tella, Marx può aspettare (2021) de Marco Bellocchio, MUTZENBACHER (2022) de Ruth Beckerman, Small, Slow But Steady (2022) de Sho Miyake, The Novelist’s Film (2022) de Hong Sangsoo que si no conseguís entradas ya sabés que—

Ay, no me canso.

También están The United States of America (2022) del genial James Benning, Tre piani (2021) de Nanni Moretti y Un été comme ça (2022) de Denis Côté.

Quizás esta sea la sección más “ahora o nunca” para lxs que nos gustan ver cosas en sala, aunque para aquellxs que no tanto, este material aparezca por ahí eventualmente a fuerza de los nombres implicados.

El año pasado quise ser bien pensante, poner en la balanza “la nueva normalidad” y todo tipo de cotillón para tratar de entender por qué el Bafici con el tiempo se fue achicando como un viejo que se hace cada año más chiquito.

La merma del 50% en la cantidad de títulos —ya ni digo “películas”— sigue estando ahí, y el ratio de películas argentinas —que, como dije antes, seguramente terminemos viendo de alguna u otra manera: GomónCinear o estreno comercial en el mejor de los casos mediante— es superior al 50%.

¿Cuál es la queja? Bueno, que muchas veces los festivales son esos lugares para practicar el “es ahora o nunca” con determinadas películas que van teniendo —a medida que el cine se convierte en ese espectáculo tan colorido y ruidoso que ocupa todas las salas sin dejar lugar a nada más— cada vez menores posibilidades de verse en sala.

Esa oportunidad, en ese ratio de más del 50% de producto local puede entenderse por el contexto socio económico, aunque suele ser extraño, porque los precios de los screener fees (lo que se debe pagar para pasar una película equis cantidad de veces en el contexto de un festival) son cada vez más baratos y en muchos casos nulos.

Se ve que esa actitud bien pensante y de “quisiera creer” del año pasado se ha convertido en la verdadera “nueva normalidad”

¿Te quiero desmoralizar y decir que no vayas? Claro que no: cualquier lugar que pase muchas películas siempre debe ser festejado, por más que nos podamos quejar de su programación. Es solo un poco triste confirmar lo que venimos hablando puertas adentro hace por lo menos cinco años.

Repito, casi como un mantra, las palabras que escribí el año pasado que, me parece, siguen aplicando a este:

“Me consta de mil maneras que los que trabajan en el festival hacen su mayor esfuerzo para que las cosas salgan lo mejor posible, esperemos que la decisiones del lado de Cultura estén a la altura de lo que un festival como el Bafici; del que hicimos y haremos muchos chistes siempre, pero al que queremos y del que estamos orgullosos; necesita.”

Y con esta nota baja, me despido.

PD: Hay dos actividades —que al cierre de esta edición, no tengo claro si puedo anunciar o no— que vamos a hacer junto al querido Bad Boy Orange. Seguime en redes para más data (?), pero puede que incluyan bicicletas, bandas de sonido y auriculares.

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