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114 – Hablemos de conspiraciones

Publicado el 24 de marzo de 2022

A lo largo de la historia, son muchas las conspiraciones que nos han quitado el sueño. Bueno, no sé si tanto como “quitarnos el sueño”, pero sí nos han hecho entrar en hoyos de investigación de horas, días o semanas dependiendo de la complejidad del tema.

La muerte de Kennedy, Paul McCartney muerto y reemplazado por un tachero, Lady Di, Roswell, el Satanic Panic, el cerro Uritorco y mil más.

Habrás notado que una de las principales no está en la lista, y seguramente le estés gritando al teléfono —o dónde sea que leas esto— exclamando “¿Acaso mi dinero no vale?”

Y eso es porque, obvio, va a ser de la que me voy a ocupar hoy.

El hombre, la Luna, su llegada o no.

Empecemos por hacer un disclaimer grande como una casa: creo que el hombre llegó a la Luna, pero especular siempre es divertido, y eso es lo que vamos a hacer hoy, con una conexión cinéfila.

“Guardo el gorro de papel aluminio.”

Por favor. No es ese tipo de newsletter. Ya deberías saberlo después de ¿114? ediciones.

Pero, como decía hace dos segundos, la especulación lúdica es maravillosa, porque en el fondo es el comienzo de cualquier acto narrativo. Ese “¿Qué pasa sí…” que se plantea casi cualquiera que quiere construir un relato.

Y eso va a ser esto. un “¿Qué pasa sí…” en esteroides.

Pero para hacer todo esto y que nos caguemos de risa —o salgas terraplanistas, nidea cómo te irá a pegar, no me hago responsable— vamos a tener que—

“Hacer un poco de historia.”

Hermoso pie, gracias.

Una vez más para lxs que están en el fondo: obvio que el hombre llegó a la Luna, obvio que la Tierra es redonda.

Ahora sí. Que empiece el juego.

El alunizaje del Apollo 11 fue el 20 de julio de 1969 a las 3:17PM, hora estándar del este. En el momento fue —y medio que sigue siendo— un evento sin precedentes que, además de hablar del poder de la ciencia y de la investigación, desató una cosa que llegó hasta nuestros días.

La paranoia.

Tenemos que ponernos en tiempo y espacio para entenderlo: hippies aún de moda, antisistemas, guerra de Vietnam. La llegada del hombre a la Luna llegaba era de terminar la década donde Kennedy habría prometido que en diez años eso pasaría, pero ya llevaba seis años muerto como para verlo.

Y digo la paranoia porque, sumemos dos factores más, que son la carrera espacial y, por consiguiente, la guerra fría.

Sí, obvio que los rusos ya habían llegado, pero la promesa de JFK había que cumplirla como fuera.

Y se cumplió, obvio, pero en la mente de una sociedad que descreía más que ahora del sistema político —y eso que todavía no había pasado Watergate— el “miren, nosotros llegamos igual” despertó una tormenta de suspicacias.

Porque, también seamos buenos, la idea de que el hombre haya caminado por la Luna y lo hayamos visto por televisión podía ser una cosa dificil de entender. De todas maneras—

Si esto no nos lleva a pensar que todo lo que vivimos hoy, con los reenvíos de Whatsapp, los hilos de Twitter, los posteos de Facebook y toda la bola de fake news no empezó en el Apollo 11, tendríamos que ir a un neurólogo.

Dicho todo esto, a los pocos años del alunizaje, un personaje asomó su cabeza. Se llamaba Bill Kaysing y sus credenciales eran haber trabajado por lo menos diez años antes del alunizaje en una fábrica que proveía a la NASA.

Ni lerdo ni perezoso se auto publicó en 1976 un libro llamado We Never Went to the Moon: America’s Thirty Billion Dollar Swindle, donde dejaba claro por qué para él, nunca habían llegado a la Luna.

Y esto sería similar a un loco que habla solo en el subte sino fuera porque ese contexto de hippies y cosas que expliqué antes que para 1976 ya era de apatía, falta de confianza en todo símbolo de autoridad post Watergate y con una guerra inútil recién perdida.

El libro fue un pequeño fenómeno en su momento pero cementó un hecho más importante a nivel cultura popular: muchas de las cosas que al día de hoy se dicen para “desbaratar el plan de los yanquis para hacernos creer que llegaron a la Luna” vienen de su libro que, es obvio decirlo, tenía menos rigor investigativo que Hollywood Babilonia de Kenneth Anger.

“¿Qué planteaba Kaysing?”

Me diste el pase perfecto, estaba por contar eso mismo:

Decía que era imposible que, por las condiciones de la Luna, la bandera que dejaron ahí clavada flameara. Dato que fue desmentido explicando que, obvio, la bandera que llevaron tenía una estructura en forma de cruz para que diera la sensación de estarlo. De hecho el “flameo” se dio solo cuando Buzz Aldrin estaba moviendo el mástil para dejarla clavada.

Decía que había más de una fuente de luz, algo que es imposible en la Luna, donde la única fuente de luz es el sol. Bueno, después alguien explicó que la luz venía del sol, de la tierra y del módulo lunar.

Decía que no había marcas de la salida de la unidad lunar en sus despegue durante la partida. Se explicó que la Luna tiene un quinto de la gravedad de la Tierra, con lo que cualquier marca sería mucho más leve.

Decía que no se veían las estrellas. Algo que después se comprobó —e incluso pudimos comprobar nosotros con nuestros teléfonos— que era un tema de apertura de las cámaras que se usaron para el registro.

Decía que si el primero paso de Armstrong estaba documentado quién lo estaba filmando. Una cámara que pusieron al costado de la puerta de la unidad lunar.

“Bueno, sobre las cartas la mesa.”

Claro que la teoría de Kaysing tenía un componente extra, del cual seguramente Ruggero Deodato se inspiró para hacer “desaparecer” al elenco de Holocasuto caníbal como stunt promocional, pero dejame que siga con esto y no me vaya por las ramas—: decía que los astronautas habían sido sacados de la nave segundos antes del despegue, que la nave surcó los cielos y habrá explotado o algo, y que fueron llevados a Nevada donde se filmó la caminata en el desierto.

Sumándole insulto a la injuria, había quienes sostenían que habían visto a Aldrin jugando a los tragamonedas en las Vegas y a Armstrong caminando por un lobby de de hotel en la ciudad del pecado con una corista en cada brazo.

Sí, a todos nos dieron ganas de ver “Los astronautas más locos del mundo”, pero esperá que hay más:

De Nevada se los llevaron a Hawaii, donde ya tenían flotando la unidad lunar para que salieran de ella ante las cámaras.

Lo lindo de las teorías conspirativas es que muchas veces la realidad es más simple. Incluso haciendo que el hombre camine en la Luna.

Gran parte de esta última teoría es la base de Capricornio uno (Capricorn One, 1977) de Peter Hyams, obra maestra de la conspiración setentista.

Pero esperá que hay más: muchos atribuían al accidente del Apollo 1, que se llevó la vida de tres astronautas, como un crimen pensado desde el vamos para sacarse de encima a tres que sabían todo y podían hablar.

A esto también le podemos sumar esa idea de que todos los que estuvieron en Luna se volvieron o locos o creyendo en la vida extraterrestre, algo también incomprobable.

“Bueno, hasta acá ciencia ficción.”

Y muy buena por cierto, pero ficción.

Y una última: los más brutos generalmente adscriben a una teoría de boca de jarro que es: “¿Y por que no volvieron más?” No volvieron más porque, efectivamente, volvieron cinco veces más entre 1969 y 1972.

Sí, es cierto que la última fue en 1972. Quizás porque no haya forma de poner hoteles y casinos, andá a saber.

Ahora volvamos sobre algo que dije más arriba: los rusos habían ganado la batalla espacial, pero los yanquis habían ganado la cultural a fuerza de películas. Y acá, justamente acá, es cuando esto se convierte en un newsletter de cine.

“Al fin, me estaba empezando a preocupar.”

Cuando las teorías de “esto está filmado por alguien” empezaron a circular, todos los dedos señalaron para el mismo lado.

Y ese lado, claro, fue el más obvio.

Perdón, lo tuve que hacer.

Un año antes del alunizaje, Stanley Kubrick estrenó 2001: odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968), que había escrito a medias con Arthur C. Clarke, uno que indudablemente vio gran parte de las cosas tecnológicas que hoy damos por hechas varias décadas antes.

La película era sobre… Bueno, no era realmente importante porque era 1968 y la gente tomaba ácido para ir a ver las visuales.

Lo cierto es que, fuera de todo plot hole que podamos señalar, había un alunizaje tan creíble que parecía cierto.

El reduccionismo conspiranoico llevó a decir “Kubrick es el único que puede filmar un alunizaje creíble” y el resto fue apagar un incendio con nafta.

Y acá empieza una serie de nuevas teorías, ninguna comprobada, por supuesto: que la NASA llamó a Kubrick, que estuvo dieciocho meses trabajando en un set en el Área 51 y que lo que se vio ese día fue producto de ese trabajo.

Los más desvelados agregaban que Kubrick se negó a la misión en principio y que recién aceptó cuando fue amenazado con que se iba a saber que su hermano era comunista, a pesar de que “la amenaza roja” y el macartismo habían terminado por lo menos diez años antes. En fin—

Pero vamos a jugar un rato: ¿por qué Kubrick aceptaría la misión? Por dinero, dicen los conspiranoicos. Dinero que le permitió vivir filmando poco y caro películas que —en palabras de ellos— “no veía mucha gente.”

Claro que esta teoría, como cualquier leyenda urbana, no funcionaría si no tuviera una fábula moral. Ahí viene.

Comido por la culpa, Kubrick no sabe cómo contar lo que hizo sin que —obviamente— lo manden a matar como habían mandado a matar a los que sabían quién mató a Kennedy —bueno, esta es más creíble—, así que decidió confesarlo con sus propias armas: haciendo una película.

Una película que no vino al toque, porque en el medio hizo La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) y Barry Lyndon (1975), pero bueh, quiénes somos nosotros para juzgar la culpa ajena (?)

La película, obvio, fue El resplandor (The Shining, 1980), donde los más avezados en el arte de la conspiración sintieron que director más obsesivo de todos los tiempos “les estaba hablando a ellos.”

El resplandor está basada en la novela homónima de Stephen King y es, después de Carrie (1976) de Brian De Palma y una serie para tele, la segunda adaptación cinematográfica de la por entonces joven promesa.

Claro que Kubrick no usó el material tal cual e hizo varios cambios que, los que creen que filmó el alunizaje sienten como un silbato para perros.

En la novela, el cuarto que está vedado es el 217, Kubrick lo cambió por el 237. 237000 millas de la Tierra a la Luna.

El Overlook es Estados Unidos, algo que alguna vez fue grande, pero está viviendo una decadencia, construído sobre el dolor de otras razas conquistadas.

Jack Torrance es un artista que tiene que esconder lo que realmente ve —o vio, en el caso de Kubrick— y pretender que todo es normal.

El que lo contrata tiene una enorme bandera yanqui en su oficina, simbolizando al establishment.

Para cuando llega el invierno, el Overlook queda atrapado por la nieve que simbolizaría “la guerra fría”, al tiempo Jack trata de terminar el manuscrito de su novela y solo puede escribir—

El “All the work and no play makes jack a dull boy” repetido constantemente concentrándose en el All, que puede ser interpretado como A11Apollo 11, tipo es obvio (?)

Los laberintos, aparentemente simbolizan el laberinto de espejos en el que estaba la sociedad que no veía lo que Kubrick le estaba diciendo.

Las gemelas, que no están en la novela, simbolizan la dualidad del signo de Géminis. ¿Cómo se llamaba la misión que no salió bien antes de la ApolloGemini, claro.

Danny tiene puesto un pullover con el Apollo 11 dibujado. Llega hasta la habitación 237, simbolizando a Kubrick diciéndonos la verdad.

Sí, yo también me estoy cagando de risa. Máxime cuando soy de los esos a los que el simbolismo en las películas le parece más paja intelectual que contenido concreto.

Bueno, te dije que iba a ser medio demente.

Si hubiera que hacer una reflexión final quizás la más lógica sea: era imposible que para finales de los años setenta Kubrick no fuera consciente de lo que se decía de él. Es altamente probable que todas esas “señales” que los conspiranoicos ven en El resplandor efectivamente estén ahí, pero puestas como un guiño irónico que nos hace, más de cuarenta años después, estar hablando de esto.

Quizás, y solo quizás, Kubrick llevó su juego incluso más lejos cuando le dijo a Nicole Kidman en el set de Ojos bien cerrados y poco antes de su muerte que “Cualquier día nos envenenan a todos”, pero eso seguramente sea para otro día.

Solo diré que un storyteller es un storyteller hasta el final.

O no… (?)

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